Dos al hilo

Esto pasó ya hace unos tres años. Por trabajo tuve que ir a Santiago y decidí arrendar un departamento en pleno centro para estar mejor ubicado. En esa época tenía 35 años y no soy mal parecido; hago mucho deporte y, si bien me considero bisexual y más activo, me gusta ser pasivo de vez en cuando.

Era ya de noche cuando me bajó la calentura y abrí la aplicación amarilla. En eso me habla un venezolano que estaba muy cerca, más o menos de mi edad, y entre tanta conversación quedó en ir donde yo estaba. Cuando llegó era un hombre un poco más bajo, de barbita muy cuidada, un poquito de panza, pero con esa piel canela que es uff… y ese acento que me pone tiritón.

Rápidamente nos estábamos comiendo y yo estaba mamando una verga de unos 15 centímetros, depilada como me gusta y muy bonita, la que terminó follándome en el balcón hacia la calle sin ningún pudor. Era de noche y la luz del depa estaba apagada, pero me daba igual si alguien veía.

En eso, en el mismo balcón, me arrodillo y comencé a mamar hasta que él se vino en mi boca, con una leche espesa y medio dulce que la verdad estaba bastante rica y abundante, que tragué en parte. Como fue un culión express, se vistió, nos besamos y muy caballerosamente se despidió.

Pero al rato yo seguía caliente.

Como tenía la app abierta, comienzo a hablar con otro mulato que decía “dot”, y ambos estábamos calientes. Como era tarde, no daba para casting extenso. Así que cuando me dijo “voy”, me duché y me lavé, y lo recibí en la puerta literalmente desnudo.

Era un mulato de 1,85 aprox., atlético, muy guapo. Muy. Yo soy atlético también, así que al parecer le gustó lo que vio porque me besó, follándome la boca con la lengua. Yo aproveché de tocar y estaba muy musculado. Me saqué la lotería del culión, pensé.

Se quitó la ropa y mis manos no estaban equivocadas, porque debajo de eso estaba una montaña de músculos y una verga de 22 centímetros. Y como mi mamá no crió un cobarde, me puse boca a la obra. No me cabía toda, pero alternó entre follarme la boca y comerme el culo, ya dilatado previamente por su compatriota.

Yo alucinaba tocando ese cuerpo hecho a mano, sabiendo que es una en un millón la oportunidad, así que usé todos mis talentos y corrí mano hasta hartarme. Y llegó el momento de la verdad: me hizo sentarme sobre esa verga durísima, la que disfruté como loco, que además entró fácil porque ya había preparado el camino.

Me dio a lo misionero, en cuatro, lo cabalgué, y debo decir que jamás se le bajó. Y me comía la boca como loco. Lo que menos me gustó fue en cuatro, porque yo quería ver a ese monumento.

Me estuvo dando seguido como por 40 minutos hasta que se sacó el condón y me llena la boca con leche, más aguada esta vez, pero no vamos a estar siendo malagradecidos, así que me preocupé de dejarla muy limpia.

Yo no recuerdo si él disfrutó, honestamente, porque yo estaba siendo atropellado por ese camión de 1,85 y 22 centímetros, en éxtasis. Ahí me dejó en la cama desnudo, con el culo perforado, la boca llena de leche y su número en mi teléfono. Pero muy satisfecho.

Nunca más lo vi, pero mantengo su número… quién sabe si se repite el milagro.

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