Mi querido profesor
Siempre fue deseado por todas mis compañeras. Era alto, serio y muy inteligente, pero por sobre todo, era guapo. Atractivo lo define perfecto. Estar en su clase era un placer, hacía sentir que todo era fácil y además entretenido.
Recuerdo cuando un día Almendra nos contó que le coqueteó y todos la envidiamos. Yo no lo creí. Ella era muy simple, y sin conocerlo, sabía que le gustaba lo complejo. Mi vida lo era, y quizás por eso deseaba que así fuera. Nací en el cuerpo equivocado, eso fue lo que pensé toda mi vida. Ese año, vivía una transición importante. Era el primero viviendo sin mis padres. Me hice una amiga en el trabajo (Cristina), y para mi sorpresa, lo conocía a él. También fue su profesor, pero antes de eso, fue su amiga con derechos. No lo creía mucho, porque no era la más linda del grupo, y para mí, el debía estar con la mejor en todo.
Mi sorpresa fue mayúscula cuando un día después del bar ella me contó que no solo fue su amiga con derechos, mi amado tenía un lado B: el BDSM, y ella fue su sumisa por años. Se escuchaba tan real, y de pronto me mostró sus videos con él. Nunca había sentido tanto calor en mi entrepierna. Podía sentir la humedad. Le pregunté por qué ya no lo era, y me dijo que rompió la única regla: hablarle de amor. Lo que él nunca supo fue que ella estuvo embarazada de él y lo abortó. Mi cabeza no pudo más después de eso. No por ella, sino porque solo lo imaginaba dominándome y haciéndome las mismas cosas que ví en el video.
Pasaron semanas, y no fui a clases porque tuve problemas personales con mis padres. Eso era habitual en mi, pero no me refiero a faltar. Cuando regresé a la universidad, mi sorpresa fue infinita cuando él me sorprendió en el ascensor y me saludó sonriendo (nunca lo había visto sonreir), sabía que no había ido, y quería saber si me podía ayudar en algo. Le dije que ojalá alguien pudiera, y me dijo que me sorprendería si quizás le contaba. Nunca había hablado sobre mi verdadera identidad con alguien. Le conté que nací en un cuerpo de hombre, pero me sentía mujer. Que la vez que mi padre se enteró que me gustaban los hombres me golpeó hasta dejarme inconsciente, y que cuando mi madre vio que le robaba su ropa interior, me echo de la casa. Estaba sola, mostrándole al mundo mi yo masculino, queriendo ser una mujer.
Mientras lloraba en su oficina, fue por agua con azúcar, y cerro la puerto luego de que yo le dijera que no me incomodaba que lo hiciera. Quedé helada cuando me tomó la mano y me dijo que estuviera tranquila, y que en ese lugar, nadie me haría daño, y si quería, ahí podía ser mujer. Le dije que me llamara Daniela. Me contó sobre él. También su padre fue violento cuando era un niño, y aprendió a no dar problemas, pero siempre se sintió solo. Lo llamaron por teléfono y cambió el tema. Cuando me despedí, me disculpé, pero me dijo que estaba todo bien, que si necesitaba cualquier cosa, a cualquier hora, le hablara y me dio su contacto, haciéndome jurar que nadie más lo tendría. Cuando fui consciente de que mi gran amor platónico me ofreció un espacio seguro, no podía creerlo, pero a la vez, no podía contárselo a nadie, ni siquiera a Cristina. Estaba en eso cuando decidí arriesgarme.
Lo llamé y me sorprendió que me contesto de inmediato. Le pregunté si estaba disponible para conversar, y me dijo que sí, que le dijera donde nos juntábamos. Lo invité a mi departamento, que quedaba a pasos de la facultad. Llegó en minutos, porque aún estaba en su oficina cuando le hablé. Me pidió que borrara el chat, y que apagara el teléfono mientras él estaba ahí. Le dije que estuviera tranquilo, que no tenía amigos en la universidad, y me dijo que lo sabía, pero que en todos lados había ojos y oídos. Conversamos cualquier cosa, y tomamos una cerveza. Era increíble, muy gracioso, simpático y empático. Le pregunté por que mostraba otra cara a sus estudiantes, y me dijo que no solo a ellos, a todos.
Me sorprendió conocerlo más allá, y mientras lo miraba, solo pensaba en su video. Golpeando con una vara a Cristina hasta que le gritara que era su dueño. Quería ser ella, quería ser suya. Cuando me dijo que se tenía que ir, le dije que se quedara por otra cerveza y me dijo que le encantaría pero tenía una reunión con el rector. Fuimos a la puerta, y le di un abrazo. Le agradecí que me hizo sentir que no estaba solo, hablándole muy cerca del oido. Mi sorpresa fue gigante cuando me abrazó de vuelta, y me dijo Daniela, cuando quieras sentirte acompañada, solo llámame mientras me dio un beso en el cuello. No pude soltarlo, y lo besé. Me besó con tanta fuerza que nunca olvido que eyaculé mientras nos besábamos. Mucha pasión. Me tomó del cuello y me dijo que resistiera como hombre, pero gozara como mujer, y me bajó los pantalones. Su sorpresa fue enorme cuando vio mi colaless negro. Mi cuerpo era muy femenino, mis facciones también. Siempre tuve un culo hermoso. Me sacó el pene por un costado y me lo apretó con tanta fuerza que me dolió, pero al mismo tiempo sentí placer. Me dijo que a él le gustaba así. Fuerte. Pero me enseñaría a disfrutarlo. Le tomé el pene a él, y estaba tan duro que podría haber roto cualquier cosa con él. Mientras me besaba, yo lo masturbaba con fuerza como lo pidió. Cuando me dijo que acabaría le pregunte si en mi culo o en mi cara, y eligió la segunda. Me lleno los ojos, la boca y el pecho con su semen. Me hizo limpiarlo con la lengua y grabó eso. Cuando se vistió, me dijo algo clave: Desde hoy serás solo mía Daniela. Ese fue el inicio de muchas aventuras que tuvimos y que hoy, les vengo a contar.
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