Con mi primo H
Hola, ¿qué tal? Espero que se encuentren bien.
Les contaré un relato de lo que ocurrió con mi primo, algo que jamás pensé que pasaría.
En ese tiempo era un joven de unos 23 años, delgado, no muy alto, 65 kg y 1.65 m de altura.
Ese día me encontraba en casa solo. Mis padres habían salido a hacer las compras y yo me quedé jugando al famoso juego de teléfono Free Fire (juego en línea de pelea con armas entre jugadores). En ese momento llegó un primo, al que llamaremos Héctor. Héctor en ese entonces tenía 18 años, más alto que yo y delgado. Me empezó a sacar plática:
Héctor: ¿Qué juegas, primo?
Yo: Estoy jugando al Free, ¿quieres jugar?
Héctor: No tengo teléfono, primo.
Yo: Yo tengo otro, vamos al cuarto para estar más fresco.
Procedimos a entrar a mi cuarto. Ya jugando, recuerdo que empezamos a bromear, a tocarnos las chiches y así, juegos en broma. En eso estábamos acostados sobre la cama y accidentalmente rocé su bulto y solo me dijo:
Héctor: Ora, primo, no toques (en broma).
Yo solo reí y continuamos jugando. Al buen rato me siguió tocando la chiche y yo le quitaba la mano, lo tomábamos como juego, hasta que me empezó a calentar y yo fui subiendo el nivel del juego. Le tocaba el bulto como juego y noté que se le ponía duro. Seguimos con el juego y él continuaba con las bromas, hasta que en un momento le agarré las manos y, así como tipo lucha, empezamos a jugar a tocarnos. Él se resistía y yo igual, entre risas y apretones.
En eso le tomé con una mano ambas manos y le empecé a tocar, y noté que se relajó y me decía:
Héctor: No, primo, eso no, primo.
Yo: Jajaja, ¿no que muy verga?
Héctor: Jaja sí, pero así no.
Y yo notaba que bajaba la resistencia y se dejaba tocar, hasta que dejó de resistirse. No decíamos nada, solo le tocaba por encima del pantalón, y me decidí a meter mi mano bajo su pantalón y me dijo:
Héctor: No, primo, ya no, jaja.
Yo: Ya déjate, si hasta la tienes bien dura, eso quiere decir que te gusta.
A él le daba risa y seguí metiendo mi mano hasta que toqué su pene. Era algo grueso, le mediría como 17 cm. Lo saqué del pantalón y bóxer hasta que quedó por fuera, estaba curvada hacia abajo, no tanto. En eso lo estaba masturbando, él no decía nada y a mí me daban nervios, la adrenalina, el morbo. Yo quería hacerlo oralmente.
En eso me dispuse a hacerlo, quise bajar mi cabeza y puso resistencia, pero lo dominé y me la llevé a la boca. Empecé y luego me bajé el pantalón y bóxer hasta la rodilla e intenté sentarme, pero él no quiso, entonces continué mientras él seguía con el juego. En eso sentí cómo se puso tenso y comenzó a venirse. Tenía un sabor saladito y, como no tenía experiencia, una parte se me salió y otra sí la disfruté, me tragué su semen.
Yo: Primo, no vas a decir nada a nadie, este es nuestro secreto, ¿te gustó?
Héctor: Sí, no voy a decir nada, sí me gustó.
Yo: ¿Lo quieres volver a intentar otro día?
Héctor: Sí, primo.
Se subió el pantalón, no dijimos nada y seguimos jugando, como sacados de onda por lo que acababa de suceder. Entonces se levantó y me dijo que ya se iría, le dije que estaba bien. Se levantó y se marchó.
Pasaron unos meses y nos volvimos a encontrar y esta vez sí me penetró, pero eso será otra historia.
No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!