Experimentando con mi mejor amigo
Voy a contar la única experiencia gay que he tenido en mi vida.
Todo comienza con un amigo muy cercano de ese entonces; ambos teníamos años de amistad y constantemente me invitaba a dormir en su casa. Pues bien, siempre dormíamos en la misma cama cuando nos quedábamos juntos, pero tratábamos de estar algo apartados, y siempre con pants y alguna playera. Sin embargo, mientras pasaba el tiempo y había más confianza, él comenzó a dormir desnudo, ya que según decía así dormía siempre cuando estaba solo. Por mí no hubo problema, ya que como digo solíamos dormir algo apartados a pesar de estar en la misma cama.
Ese día yo me acosté antes mientras él se duchaba, y cuando llegó al cuarto simplemente vi cómo se quitó la toalla de la cintura y comenzó a secarse el pelo con toda naturalidad, dejando frente a mí una hermosa verga larga y gorda que, si bien yo había vislumbrado por su paquete que la tenía grande, nunca imaginé que fuera TAN grande. La verdad nunca había pensado siquiera en estar con un hombre, ya que siempre me había fijado en mujeres, pero al ver su cuerpo mojado y esa vergota sentí una excitación inexplicable. Tragué saliva y traté de no quedarme viendo demasiado, pero esa verga se sacudía de lado a lado mientras caminaba por la habitación.
Aquí quiero hacer un paréntesis para decir que yo siempre fui algo inseguro con mi cuerpo, ya que desde siempre me decían que yo debía ser mujercita porque tengo unas nalgas grandes en comparación al resto de mi cuerpo, y honestamente tengo una verga más bien pequeña, ya que erecta me mide apenas 12 cm y flácida es prácticamente inexistente midiendo apenas 6 cm. Además de ello mido 1.65, en comparación con él que mide 1.87, por lo que la diferencia de tamaños no hizo más que prenderme mucho más.
Mi amigo y yo siempre joteábamos de broma, y él tenía una obsesión con nalguearme y apretujar mis glúteos. Me decía “mami” o “perrita” supuestamente de broma, pero yo sabía que le encantaban mis nalgas de mujer, por lo que desde ese día me propuse seducirlo. Me obsesioné con meter su verga en mi boca desde el momento en que la vi pendulear de un lado a otro. Actué normal durante un tiempo para que no sospechara tan pronto; simplemente me fui acercando poco a poco cuando dormíamos juntos hasta conseguir que me dejara dormir abrazado a él. Lo que yo hacía era bajar siempre mi mano hasta su ombligo tratando de sentir con suerte su verga por si se paraba en la noche.
Un día aproveché que tenía la casa sola para ser yo el que lo invitara. Me puse un short de licra muy pegado y una camisa blanca de tirantes, que fajé por la espalda para que no tapara mis nalgas. Por debajo llevaba una trusa algo justa que por mi tamaño de glúteo me quedaba casi como tanguita, y se transparentaba por el short. Aquel día le abrí la puerta cuando llegó y subí por delante de él las escaleras, a lo que fingí que se me caía mi llave para agacharme de forma exagerada y dejar mi culo casi en su cara, sabiendo que me nalguearía, lo cual hizo mientras decía: “¡Ay, mami!”. A lo que aproveché a contestar después de un gemido: “¡Papi!”. Él se rio y me dijo que me escuché muy gay, a lo que también me reí.
Yo había empezado en el gym hacía 6 meses, pero al ser de complexión delgada me costaba bastante ganar músculo, por lo que aproveché para decirle tras un rato de jugar Xbox: “Wey, me caga hacer pierna porque todo se va a mis nalgas. Mira, tengo el culo bien gordo y redondo”. Me puse de pie y le di la espalda para enseñarle mi culo mientras lo paraba aún más y sostenía mis cachetes con mis manos. Él me dijo: “Bueno, pero de por sí tienes un culote”. A lo que dije: “Ay sí, pero me gustaría que mi cuerpo se viera más masculino así como el tuyo, estás bien grandote y te ves bien macho. Mira, yo tengo culito de mujer, y hasta mis pezones están esponjositos”. Y me pellizqué los pezones mientras lo decía. Luego agarré su brazo peludo y le dije: “Ve, tú tienes un buen de vello y yo mira”, y puse su mano sobre mi pierna lampiña mientras decía: “Está bien suavecito, ¿verdad?”.
Pude ver un leve movimiento en su paquete y vi que tragó saliva. Me dijo que no había pedo porque igual a las morras les gustaban mis facciones finas. La tarde transcurrió normal; jugamos un rato, pedimos comida y cuando llegó la hora de dormir le dije que como podía dormir como en su casa sin problema, pero que yo también lo haría. Salió de bañarse paseando su verga como siempre y se metió en la cama. Tras eso yo me metí a bañar, y salí con una playerita pegada que me llega apenas a la cintura, y un calzoncito tipo bikini que se metía entre mis nalgas. Me metí en la cama junto a él y lo abracé como siempre lo hacía. Me quedé boca abajo con el culo al aire y coloqué mi mano sobre su ombligo. Lo miré a los ojos y me devolvió la mirada, a lo que subí mi mano a su pecho y paré más el culito.
Él acarició mi mejilla con sus manotas y me comenzó a besar, a lo que yo respondí el beso y comencé a bajar mi mano hasta su verga flácida que poco a poco comenzó a endurecerse mientras la acariciaba. Me dijo que no era gay si solo estábamos jugando, y le dije que sí. Bajé hasta su vergota y finalmente pude sentir su calidez en la punta de mi lengua. La verdad estaba inseguro ya que nunca había mamado una verga; simplemente comencé a introducírmela hasta donde pudiera y salivé tanto como pude para dejársela bien mojadita. Estuve ahí un rato hasta que él se puso de pie y aprovechó que ya estaba en 4 para bajarme el calzón y empezar a lenguetear mi culo.
Me dijo que nunca había visto mi verga pero que ya veía por qué. La tapó por completo con una sola mano y me dijo que mi clítoris estaba bien bonito. Me colocó la punta en la entrada del culo y comenzó a frotarse en mi rajá una y otra vez. Me puso sus manos en mis pezones y me besó el cuello. Cada tanto se escupía en la verga o bajaba de nuevo a saborear mi culo, hasta que finalmente me intentó introducir la punta pero me dolió demasiado. Siguió intentando y la verdad es que no se podía porque su verga estaba tan gruesa que me lastimaba bastante, a lo que me entró miedo y le ofrecí mejor mamársela hasta que terminara. Se molestó un poco pero estuvo de acuerdo y así lo hice.
Tras ese día nunca volvimos a hacer nada así; simplemente nos veíamos como siempre pero ya no me invitaba a su casa ni yo a él para dormir, ya que a mí también me dio algo de pena. Sin embargo, a día de hoy pienso en esa experiencia con mucho morbo y en lo mucho que me gustaría recontactarlo para terminar lo que dejamos pendiente, pero él ya vive en otra ciudad y yo tengo novia, por lo que por más que se me antoje es bastante difícil conseguirlo.
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