Volví al sauna
Tengo 2# tantos años ya saben solo que siempre me gusta describirme para que me imaginen mientras se la jalan, moreno, 1,70, buenas piernas y con un culo rico buen nalga. Ese viernes llegué al sauna del centro a las 9:30 A.M, hora en la que casi no va nadie. Solo quería relajarme, sudar y, si se daba, que alguien me cogiera rico y sin hablar mucho.
Entré al vapor. Luz tenue, Me quité la toalla, quedé desnudo, Me senté en la banca de arriba, piernas abiertas, verga semi-parada por el calor.
Dos minutos y escuché la puerta. Entró un man alto, blanco, como de 38-40, cuerpo de gym serio: hombros anchos, brazos venosos, abdomen marcado y una verga colgando gruesa, medio parada ya. Sentó frente a mí, dos bancos más abajo.
Silencio. Solo el sonido del vapor.
Él se abrió más de piernas. La verga empezó a crecer sola. Yo también me fui poniendo duro sin tocarme. De repente se levantó, dio algunos pasos y se paró frente a mí. Su verga tiesa, gorda, cabeza roja, a 10 centímetros de mi cara. Olía a jabón caro y hombre.
Sin decir ni una palabra, me la metí en la boca despacio sintiendola saladita, caliente. La chupé lento, sintiendo cada vena en la lengua. Él solo respiraba fuerte. Me empujó la cabeza más hondo hasta que sentí la garganta llena.
Después me levantó, me dio la vuelta, me puso contra la pared de azulejo. Sentia como me abrió mis nalgas y me tocaba el agujero como si llevara meses queriendo hacerlo. Gemí bajito. Escupió, metió un dedo, luego dos, me abrió rico.
cogio un condón (siempre hay por ahí), se lo puso le hecho más saliva y me lo fue metiendo, gruesa, me llenaba yo lo disfrutaba sintiendo ese troso de carne abriéndome mi culo más rico. Empezó a cogerme fuerte, mis nalgas rebotando contra su pelvis. Cada embestida me sacaba un gemido que intentaba ahogar contra el brazo.
Me agarró la cintura, me pegó más a él y me cogió como si me odiara y me deseara al mismo tiempo. Sentía sus huevos chocando, su respiración en mi cuello. De repente me lo sacó, me dio la vuelta, me puso las piernas abiertas y me vuelve a penetrar suave mirándome a los ojos por primera vez. Ojos oscuros, sudor en la cara. Y mirándome fijo mientras yo me jalaba la verga.
No aguanté más. Le dije sin voz: “me vengo”. Él asintió, aceleró y sentí cómo se hinchó dentro de mí. Nos vinimos casi al tiempo: yo chorros en mi abdomen, él descargando dentro del condón con un gruñido que retumbó en el vapor.
Se salió, se quitó el condón, lo amarró y lo tiró al rincón. Se envolvió en la toalla y salió sin decir ni una palabra. Yo me quedé ahí temblando, el culo palpitando, la verga todavía goteando.
Nunca supe su nombre.
Él nunca supo el mío.
Y así es perfecto.
¿o que dicen ustedes?
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