Mi primera vez con un maduro fue una gran sorpresa

Bueno, esta historia comienza cuando tenía 18 años. En ese entonces ya me empezaba a gustar los hombres. Veía porno gay, en ocasiones me vestía con vestido o me metía cosas por el culo, pero quería algo más… quería que alguien me cogiera de verdad. Así que decidí instalarme Grindr. Puse fotos de mi cuerpo y, sobre todo, de mi culo (pero ninguna de mi cara), me puse un nombre falso y mi objetivo era encontrar a un maduro.

Después de algunos días, un hombre me mandó mensaje. Hablamos durante un rato y compartimos algunas fotos y videos. Era un hombre maduro de 47 años, moreno, con una verga deliciosa. Cuando le comenté mi edad, no tuvo ningún problema, así que después de unos días nos decidimos a vernos para comer. Acordamos una hora y un lugar. Él tiene familia, pero en esa ocasión no estaban en su casa. Me iba a pasar a recoger para ir directamente a su casa.

Llegó el día y yo estaba en el lugar donde nos íbamos a ver. Pasaron unos minutos y pasó algo inesperado: me encontré a mi tío. Se detuvo a hablarme y, en ese rato, decidí llamar al hombre para ver dónde estaba. Y bueno… ¿cuál fue mi sorpresa? Ese hombre estaba al lado mío. El teléfono de mi tío empezó a sonar. Los dos nos quedamos congelados, viéndonos a los ojos. Se acercó un paso, miró alrededor para checar que nadie nos viera y luego me habló casi pegado al oído:

—Baja la voz. ¿Eres tú el del Grindr? ¿El de las fotos del culote?

Le dije que sí y él solo me dijo:

—Mira… Nadie tiene que enterarse de esto. Ni tu tía, ni tus primos, ni nadie. Pero si ya llegamos hasta aquí, ¿todavía quieres ir a la casa?

Y yo, con el corazón a mil y la verga ya medio dura por los nervios y la adrenalina, solo pude contestar que sí.

Subimos a su camioneta sin decir más. El camino a su casa fue puro silencio pesado, pero de vez en cuando se llevaba la mano al paquete y se acomodaba. Al llegar a su casa, subimos a su cuarto y cerró con llave. Me empezó a besar y a desnudar. Me giré, apoyé las manos en la pared fría. Sentí cómo se arrodillaba atrás de mí. Abrió mis nalgas con las dos manos, sin delicadeza, y escupió directo en mi agujero. Me lamía profundo, metiendo la punta y luego la lengua entera. Gemí fuerte, las piernas me temblaban.

Se levantó, se bajó el cierre y sacó la verga. La tenía dura como piedra. Me arrodillé y se la empecé a mamar. Después de unos minutos, me sacó la verga, brillante de mi saliva, y me llevó a su cama. Me colocó en 4, escupió otra vez en mi culo, untó su verga con saliva y puso la cabeza en la entrada. Empujó lento al principio, solo la punta, pero luego, de un tirón fuerte, me la metió entera de un solo golpe. Grité. El ardor fue intenso, pero al mismo tiempo, una ola de placer me recorrió todo el cuerpo.

Después de un rato, aceleró el ritmo. Me dio nalgadas que dejaron las nalgas rojas. Sentí cómo se ponía más grueso adentro. En un último empujón profundo, se vino dentro. Sentí chorros calientes inundándome, uno tras otro. Se quedó metido unos segundos, hasta que se salió despacio. El semen me chorreó por las piernas.

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2 Comentarios

  • Anónimo
    enero 24, 2026 a las 7:34 am

    Yyegi, que más paso???

  • hw1_hw11 (x)
    enero 24, 2026 a las 10:47 am

    Que fuera tu tío, le dio un tremendo plus a la historia, pero dale con más detalles, seguro hay más encuentros, que pasó después, miradas?

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