El colombiano
Bueno, vuelvo para contar una historia nueva, esta vez con el colombiano, un chico de mi edad que era mi vecino. Al final les dejo mi X.
Bueno, en ese entonces ambos teníamos 19. Yo llevaba dos años viviendo en la capital y ya había pasado mis momentos más «putita» de recién llegado.
Salía todos los días tipo 8am, y recuerdo que los martes y jueves me encontraba con el mismo chico en el ascensor: morenito, más alto que yo, tipo 1.78, pasadito a perfume y con una sonrisa linda. Pasó un mes aprox. en el que ya nos saludábamos y conversábamos sobre qué haríamos ese día o qué desayunamos, pero conversaciones cortas de ascensor.
Hasta que un martes no me lo topé. Me extrañó, pero tampoco me moría por él; si según mi radar era mega hetero. Llegué a conserjería y lo vi hablando con don Manuel. Caché que se le había quedado la llave adentro y que no podía abrir. El conserje le decía que tenía que llamar al cerrajero nomás, que ellos tenían ahí un número, pero que era caro. Noté su cara de preocupación y ahí decidí acercarme. Los saludé y le dije que lo podía ayudar. Soy muy «volao», así que con el tiempo aprendí a abrir las puertas, pues más de una vez se me había quedado la llave.
Nos fuimos a su depa y con mi carné metí presión. A la primera fallé, pero en el segundo intento ya estaba abierto. Me invitó a pasar y encontramos en plena mesa las llaves, con un llavero de Colombia. Me ofreció juguito, me tomé el vaso y me despedí. Me dijo que para agradecerme podía ir un día en la tarde a compartir un rato, alguna cerveza o algo así. Me pasó su IG y me fui a clases, aunque ya iba tarde, así que me tocaría esperar a la próxima.
Faltaban 40 minutos y mis compas estaban todos adentro, así que aburrido me puse a sapear su Instagram. Tenía algunas fotos en la playa, otras en el balcón del depa, pero mi favorita era una en el cerro sin polera y con el sol pegándole en sus calugas, que aunque no eran tan definidas, se veían tiernas, jaja. Después revisé sus seguidores y para mi sorpresa teníamos muchas «colas» en común. Ahí se me despertó el bichito: este wn era gay o, por lo menos, curiosito.
Le mandé un mensaje al tiro, como que no quería la cosa: «¿Salió con llave, vecinito?». Y casi al segundo me mandó un «jajaj, sí, vecino, ya estoy en el trabajo». No le escribí más porque no quería interrumpir, pero deseaba que esas chelas llegaran pronto. Pasaron dos días y llegó el jueves. De nuevo nos encontramos en el ascensor y ahí él me saltó al tiro: «Buena, veci, ¿mañana qué sale? ¿Unas cervecitas?». Le respondí, nos reímos y me dijo: «Vale, mañana lo espero, ¿como las 9 estará bien?». Yo, sin problema.
Ese día pasé mirando sus fotos. Le hacía zoom a cada foto en que salía sin polera, hasta que en una se me escapó un like. Me atrapé caleta, lo saqué al tiro, pero era obvio que se daría cuenta (según yo).
Llegó el viernes y sentía que pasaba tan lento. Llegué tipo 6 a mi depa, me duché y estaba ganoso. El colombiano me tenía con la mente muy ocupada, tanto que aproveché la ducha para hacerme un lavado y jugar con mi dildo que tenía pegado en la pared de mi baño. A veces me gusta jugar a mamarlo, pero la mayoría de las veces me lo metía en el hoyo. Me llenaba de acondicionador el culo y pajeaba el pene de goma pensando en mi vecino. Me lo ponía en la entrada de mi culo, lo rozaba y metía solo la puntita. Mi dildo era XL porque de esa manera practicaba para ser una buena perrita si me tocaba un macho dotado. Estuve así un rato metiéndome ese pico; ya estaba dilatado, pero me terminé de duchar, me pajé y acabé en mis pies dos chorros de semen espeso. Lo probé un poco y quedé satisfecho de ese sabor a hombre que me moría por probar. Me terminé de bañar y tomé once para no curarme tan rápido.
Dieron las 20:30 y me vestí. Me puse un pantalón cómodo y sin bóxer, una polera media larga para que no se note tanto que no llevaba ropa interior. Tipo 21:10 me fui al depa de mi vecino. Toqué su timbre y me abrió en short, sin polera y con una toalla en la mano. Me pidió disculpas, pero que había llegado hacía poco y se estaba terminando de bañar. Le dije que tranqui, que era su casa y me daba lo mismo. Se puso una polera rápido y quedó con su pelo mojado; se veía muy atractivo. Al entrar pude ver su caminito a la felicidad; estaba desordenado pero no muy peludo. Me quedé con esa imagen mucho rato en la cabeza. Puso una serie en la tele, unas papas y me ofreció micheladas.
Conversamos un rato de la vida, de cómo llegó a Chile, que vivía solo pero tenía una hermana que estaba cerca, así que no estaba tan solitario en Chile. Salimos a fumar y ahí caché que él también andaba sin bóxer. Su short se marcaba caleta y se notaba cómo sus cocos colgaban. Era de esa tela delgada, como de pijama. Él me cacho y se acomodó su paquete, apagó su cigarro y me dijo que iría al baño. Yo terminé de fumar y me volví al sillón. Él salió del baño y en su short se le marcaba una gotita. Ahí lo miré descarado y él se rio. Me dice: «¿Qué pasa, vecino, que se le perdió?». Yo me puse nervioso y le cambié el tema, diciendo que si había más cerveza. Él sacó dos más del refri. Me serví la mía y a él aún le quedaba, así que se la tomó al seco. Acto seguido se acomodó de nuevo el paquete, esta vez mucho más evidente, y yo me di cuenta de que se le estaba despertando el amiguito. No sabía qué decir, estaba confundido: ¿será que él también quería o era solo coincidencia?
Estaba en eso cuando un gemido de la tele me sacó de mis pensamientos. Era una de esas series tipo Élite, en que culear está en todos los capítulos. Él solo hizo un sonido como de garganta medio nervioso y me soltó un: «Tiene buen culo ese blanquito». Yo me reí y ahí supe que él buscaba lo mismo que yo. Me lancé nomás y le dije: «Se parece al mío». Y nos reímos juntos. Me dice: «No sé, tendría que verlo», y puso su mano tapándose el paquete que, a esa altura, ya estaba más que erecto. Le dije que si no me creía, que revisara. Y me hizo que me parara. Me tocó el culo sobre el pantalón y, despacito, me lo bajó. Se sorprendió que iba sin calzoncillo. Me dejó el pantalón a la rodilla y comenzó a tocarme por encima. Me decía: «Qué rico tu culo». Y yo trataba de abrirme con las manos para que viera mi hoyito. Y él entendió al tiro. Se tiró saliva en los dedos y me los metía en mi hoyo. Me ponía uno y lo metía rico, después probaba con dos y los giraba en mi culo. Me pegaba nalgadas y después solo me tomaba con una mano la cintura. Me pedía que le moviera el culo mientras él se pajeaba. Solo escuchaba cómo se masturbaba. Estaba muy babosito ese pico, y me di vuelta para verlo: era morenito, largo como de 17 cm, y unos cocos que colgaban y tocaban el sillón. Me agaché y lo olí. Tenía olorcito a jabón, muy rico. Con mis dedos toqué su precum y lo llevé a mi boca; tenía un sabor muy rico, y empecé a lamer su cabeza. Chupaba la punta de su pico y después lo lamía completo. Pasaba mi lengua por todo su tronco y después me lo metía entero en la boca, con garganta profunda. Me para y me lleva a la cama. Su pieza olía a su perfume tan rico. Se acostó y yo me senté sobre él, sobando su pico en mi poto. Él sacó un lubricante y una tira de condones. Se puso uno y me lubricó el hoyo; con el resto se embetunó el pico y me agarró de la cintura. Yo agarré su pene con mi mano y busqué mi hoyo. Me metí la punta, tal cual usaba mi juguete hacía unas horas. Entró fácil; yo estaba muy caliente y él también, porque me enterró su pico de una. Me dolió, pegué un grito y él me pidió disculpas. Le dije que estaba bien, pero que me esperara un momento. Así que me quedé sentado en su pichula. Estaba atravesado con ese colombiano. Cuando me sentí preparado, empecé a cabalgarlo, saltaba en su pico hasta que él tomó el control. Empezó a darme duro, muy rico, y me puso en cuatro. Él se paró, me tomó de los hombros y comenzó a embestirme duro, firme, lento, con mucha pasión, después de nuevo muy rápido. Su pelvis sonaba en mi culo. Estábamos sudados, ya cansados pero calientes. Paramos un minuto, me puso en misionero y yo ahí exploté: me masturbaba mientras él me metía su pico. Estuvimos así un rato. Él se quedó dentro mío y comenzó a pajear mi pico. Yo estaba en éxtasis y me hizo acabar. Mi semen saltó sobre mi guata y pecho. Apreté su pico con mi hoyo y ahí sentí algo calentito en mi culo. Él gimió rico. Sacó su pico de dentro mío, se sacó el condón lleno de semen y me pidió que se lo mamara. Lo chupé de nuevo; él se tiraba los cocos hacia abajo y me agarró el pelo. Sentí cómo su pico botaba otro chorro de leche, esta vez en mi boca. Su sabor era tan rico que no dejaba de lamer ese pico. Lo dejé limpio, lleno solo de mi baba, pero sin rastros de su semen, que me tragué todo.
Nos tiramos en la cama. Fue a buscar una cerveza y la compartimos. Después nos fuimos a la ducha juntos y nos juntamos un par de veces más… Con el tiempo fue mi pololo por casi un año, pero después les contaré más sobre él y cómo me culiaba.
A todo esto, me creé un X: @camsur20, así que vayan a seguirme para que les suba fotitos y videos, jejej.
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