Con mi Tío
Hola, soy de Veracruz y les contaré un relato que pasó hace unos años.
Actualmente tengo 26 años; en ese entonces yo tenía como 18 y mi tío unos 50. Mi tío se dejó con su esposa, entonces se fue a vivir con mis abuelos. Al principio a mí me prendía mucho la idea de verle la verga, buscaba la manera de cómo hacerlo, lo espiaba cuando se bañaba, pero siempre fue sin éxito. Con el tiempo yo empecé a entrar a su habitación, puesto que al lado había una pequeña bodega a la cual, según yo, entraba a limpiar, pero eran puras excusas para terminar en su habitación. Cuando estaba él en la habitación, yo me agachaba frente a él para ver si me daba alguna señal o algo, pero nunca lo hizo. Ya no sabía qué hacer para llamar su atención y lograr verle su verga o que pasara algo más. Seguí con mi juego, pero nada.
Un día me armé de valor y le agarré la verga, como dicen: más vale pedir perdón que pedir permiso. En cuanto sintió que se la agarré, rápido la quitó y me dijo que no hiciera eso, y se salió de la habitación. Pero no me di por vencido. Un día él estaba acostado en la sala viendo la tele y yo pasé y se la agarré nuevamente, y quitó nuevamente la mano, se levantó y se fue, pero tardó unos segundos en quitar mi mano, lo que me dio a entender que estaba logrando algo.
Hasta que se la empecé a agarrar más seguido y como que ya empezaba a dejarse. Siempre se la agarraba por encima del pantalón, se le sentía grande, pero ahora lo que yo ya buscaba era mamársela. Un día, cuando no estaban mis abuelos, yo entré a su habitación, él estaba acostado en bóxer. Me acerqué y se la agarré, él se dejó. Yo bajé su bóxer y pude ver tremenda verga, como de unos 18 cm, gruesa, y me la metí a la boca. Él solo suspiraba, pero no decía ni una palabra. Le dije que me la metiera, pero me dijo que no, que solo se la mamara. Me las ingenié y me subí arriba de él, me dejé caer de golpe y sentí un dolor horrible, pero placentero. Él solo suspiraba y al fin yo había conseguido lo que tanto quería: que me la metiera. Me estuvo dando muy fuerte hasta que se vino.
De ahí ya había confianza entre nosotros y siempre buscábamos la manera de estar solos para que me la metiera o se la mamara. Así fue por mucho tiempo, hasta que por cuestiones laborales yo me fui a vivir fuera, pero cuando yo regresaba de visita, se la andaba yo agarrando. Tiempo después él murió, pero yo me quedé con ese recuerdo.
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