Continuación de mi (ex) jefe

Me perdí un ratito, pero quería continuar con lo de mi ex jefe que me cogía en el gym. Soy Ramón, heheh.
Bueno, para dejar en claro, él y su mujer tenían un restaurante pequeño al sur de la ciudad. Real el equipo eran 3 meseros y 2 cocineros. Muy familiar y apenas unas 6 mesas, pues era un local en una de esas como miniplazas (8 locales divididos en 2 pisos, todos viendo hacia la calle).
Como sea, haha.
Ya habíamos cogido en el gym unas 4 o 5 veces. Y Andrés, por los anabólicos, neta estaba todo el tiempo como un toro. Me decía que si no se cogía a su mujer, prefería dármela a mí (se sentía menos culpable que ponerle el cuerno con otra mujer). Un día tocaba inventario, y me pidió Andrés y su mujer que yo los apoyara, pues por la amistad, hahaha. Total, al cierre, le hablaron a su mujer que su abuela se sentía algo mal y decidió irse, y solo me dejaron a mí con las llaves.
Ya casi había terminado, eran la 1:30 a.m. y, pues de morboso, abrí Grindr para ver si salía algo saliendo de ahí, jaja. Cuando escucho que tocan la cortina de metal.
—¿Quién? —pregunté muy extrañado.
—Soy yo, wey —me dice el Andrés, como medio queriendo hablar bajito.
—¿Qué pedo? ¿Qué pasó?
—Vine a ver qué te faltaba.
—¿Ah, no confías en mí? —le pregunté todo sarcástico.
—No, wey, no es por eso. Vine porque me pidió que le llevara ropa, que se va a quedar con su abuela, y cuando pasé por acá vi que tenías abierto.
—Ta’ bien, igual ya casi acabo. ¿No me das aventón a mi casa? Haha, te lo pago con una mamada —le dije jugando.
—Va, pero de una, porque la morra no va a querer coger por la situación, y mira, ya ando bien tieso —se agarra la verga, y, Dios, no sé por qué ni siquiera pensé en voltear a verlo antes, pues yo, toda la conversación, estaba terminando de limpiar para irme.
—Wey, ¿cómo aquí? ¿Pero y las cámaras?
—La app solo la tengo yo —va y desconecta el internet—. Al rato borro antes de llegar y le digo que se fue la luz —se empezó a sacar la verga del pantalón—. Ya, wey, no hay tanto tiempo.
Me puse frente a él y de una a mamársela. Me tenía muy caliente el hecho de que fuera ahí, de que me usara nomás porque no tenía dónde echarlos, y que me decía cosas como «eso, puto» o «sí, bien que te gusta mi verga». Me empezó a coger tan rápido la boca que sus huevos pegaban con mi barbilla, y yo hacía lo posible por aguantar sin atragantarme.
—Por eso te sigo dando. Mi vieja no aguanta porque se ahoga, y tú te la tragas hasta los huevos, puto.
Me volteó y me bajó el pantalón, poniéndome en 4.
—Ahí te va. —Me la empezó a meter casi demasiado fuerte. Yo intentaba aguantar, pero terminé gritando un poco del dolor. Eso parece que le prendió, porque solo la sacó, se escupió en la verga y volvió a darle con fuerza.
Sus embestidas cada vez dolían menos y se sentían mejor, y mis quejas pasaron a gemidos. Yo le pedía más y más verga. Que por mí, me dejaba preñar diario.
Así estuvimos unos 20 minutos, casi no cambiamos de posiciones, hasta que me los dejó dentro. Dejó caer todo su peso sobre mí y solo sentía su cuerpo caliente.
—Verga, neta que rico te la comes —solo jadeaba.
—Wey, déjamelos diario si quieres. ¡Qué rico que me hayas cogido aquí! —me reí.
—Pues ya sabes, cuando se pueda.
Se levantó, nos vestimos y él se fue a lo que tenía que hacer. Yo cerré y, de lo caliente, dejé que un wey de Grindr me los batiera en la calle (eso es otra historia).
2 Comentarios
Anónimo
diciembre 27, 2025 a las 5:10 amSigue contando más experiencias con tu ex jefe. Es muy picante 🔥
Anónimo
enero 4, 2026 a las 4:00 pmDespués están chillando cuando se contagian de VIH o de ETS, cogen con gente de la calle expuestos a toda esas enfermedades. 👎👎👎