Culiada en cali

Culiada en cali

Un día cualquiera decidí irme para Cali a hacer unas vueltas pendientes. Siempre que piso esa ciudad, el calor pegajoso me sube por el cuerpo y me despierta unas ganas locas de verga. No sé qué tiene el aire allá, pero desde que probé por primera vez, se me antoja todo: chuparla hasta el fondo, que me penetren duro, y si son las dos cosas juntas, muchísimo mejor.
Llegué, me instalé en un hotel decente y, con el calentón encima, descargué Grindr rapidito. Armé un perfil discreto: fotos sin cara, cuerpo normal, gym de vez en cuando, nada afeminado. Yo busco siempre lo mismo: activos varoniles, que no parezcan gays, manes de los que nadie sospecharía.
Después de varios chats vacíos, di con él. Se llamaba Andrés, moreno fuerte, como de 1.85, foto de torso marcado y una verga gruesa que se le notaba en los boxers. Hablamos, cambiamos números, nos llamamos. Voz grave, directa, cero mariconadas. Los dos queríamos lo mismo: un encuentro discreto, rico, sin rollos. Le conté que estaba de paso, que si fluía nos veíamos esa noche, puro sexo con cuidado.
Quedamos en un bar del norte. Yo llegué un poco tarde porque no conozco bien la ciudad, pero él ya estaba ahí, tomando cerveza como cualquier parcero. Nos sentamos, pedimos un par de frías, hablamos de fútbol, trabajo, carros… nadie hubiera imaginado lo que venía. La química era brutal, miradas que quemaban.
Al rato pedimos taxi al hotel. En el ascensor ya me rozó disimulado el culo con la mano. Subimos al quinto piso, entramos a la habitación y cerré la puerta. Ahí se acabó lo discreto.
Me empujó contra la pared, me besó fuerte, lengua adentro, mientras me bajaba el jean. Yo le quité la camisa, le lamí el pecho moreno, bajé hasta arrodillarme. Saqué esa verga grande, gruesa, venosa, ya dura como piedra. La olí, la lamí de abajo arriba, chupé las bolas pesadas, me la metí toda hasta la garganta. Él gemía bajito: “Así, papi, trágatela toda”.
Me levantó, me tiró en la cama boca abajo y me abrió el culo con las manos. Sentí su lengua caliente dándome beso negro, lamiendo profundo, mojándome todo. Gemí como loco, empujando el culo hacia atrás. Me dio una nalgada fuerte: “Qué rico culo tenés, gonorrea”.
Se puso condón, lubricante, y me la empezó a meter despacio. Ay, marica, era gruesa, me abrió delicioso. Cuando entró toda, me clavó hasta el fondo y empezó a bombear duro. Yo gritaba: “¡Más fuerte, papi, rómpeme el culo!”. Él me agarró del pelo: “Sos mi perra esta noche, ¿oíste? Mi perra rica”.
Me puso en cuatro, me cacheteó el culo rojo, me metía y sacaba toda la verga, golpeando con las bolas. Me volteó, me levantó las piernas y me penetró de frente, mirándonos a los ojos mientras me decía cochinadas: “Mirá cómo te tragás mi verga, puto discreto… qué rico te ves así abierto”.
Le chupé la verga otra vez, saboreando mi propio culo en ella. Se le paró más dura todavía. Me montó encima, yo cabalgando como loco, sintiendo cómo me rozaba la próstata cada vez que bajaba. Me corría sin tocarme, pero él seguía dándome madera sin parar.
Al final me puso otra vez en cuatro, me clavó brutal y se corrió gritando, llenando el condón dentro de mí. Me lo quitó, me lo puso en la boca y me hizo chupar los restos de leche caliente. Me vine de nuevo solo con eso.
Nos duchamos rápido, nos vestimos, bajamos como si nada. En el taxi de vuelta me dijo al oído: “Cuando volvés a Cali, avisame”.
Esa noche me dieron la mondá que tanto pedí. Rica, dura, sin compromiso. Pura verga buena.
¿Quieren saber más detalles de esa noche? También les dejo fotico de las clavadas que me a dado

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1 Comentario

  • Anónimo
    enero 5, 2026 a las 1:04 pm

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