El Profe

Hola amigos soy Felipe, soy profe de inglés, 33 años, 1.88, entreno hace unos 5 años y la verdad es que me conservo bastante bien. Soltero pero no sólo.

Hace algunos años ya me comenzó la curiosidad y me he dedicado a ser mamado por hombres, me envían lo adictos al pene que pueden llegar a ser, sin dejar de ser masculinos, eso mencanta!.

Tengo un compañero de pega que llamaremos Juan, 43 años, 1.62, cuadrado de musculoso que es. Llegó este año, ha sido súper tímido pero desde el segundo semestre como que ha empezado a hablar más. Es el típico tacuaco musculoso. No puedo mentir que tiene una muy buena pinta, es trigueño, pero es coqueto, tiene 3 hijos, su señora es una loca de atar por que le hace escenas y horrores que el pobre con estos meses me ha ido contando. Juan empezó a tomar confianza, y llegó este año a integrar el equipo de inglés con una profe que le hace a los pequeños de básica, nosotros con Juan nos dedicamos solo a la media.

Empezamos bien distantes, pero el segundo semestre se fue poniendo conversador, me preguntaba donde entrenaba, y empezaba a toquetearme los brazos… Me masajeaba los hombros, a veces me zobaba la espalda, y así… Muy de piel el… A mi no me molestaba, pero se notó su cambio de ser distante a ser de piel.

Un día quedamos en poder entrenar juntos, coincidimos con algunas cosas y nos programamos para ir al gym después de la pega. Salimos, nos subimos a mi camioneta y partimos. Los primeros días todo cool, bacán y sin problemas, del gym yo pasaba a dejar a Juan y de ahí me iba para mi casa, empezó a pasar el tiempo y él me invitaba a tomar once, varias veces declinaba hasta que me decía que su señora quería conocerme, etcs…

Pasaba a comprar algo para comer y llegaba a tomar tecito con quequito o una pieza o comida china o cualquier cosa, nunca con las manos peladas, algo para los niños, un chocolate o un dulce para los tres. Bueno, nuestra amistad se fue afianzando rápidamente, y una tarde Juan en el camino al gym como de costumbre empieza a comentarme que se ha puesto curioso y quiere empezar a probar cosas.

—¿Qué cosas? —le digo yo.
—¡Quiero lamer, tocar, pellizcar, mamar, chupar un hombre wn!
—¿What?
—¡Sí, weón, quiero probar un pico de hombre! Músculos, sudor, un pico.
—¿Me estás hablando en serio, Juan?
—Sí, amigo… En serio… Espero que esta confesión no signifique algún problema.
—O sea… La verdad es que me desconcierta, pero usted es libre de hacer lo que usted quiera…

Y de ahí llegamos al gym… Entrenamos modo bestia y yo no toqué más el tema.
Ducha.
Pa’ la casa.

Pasaron dos días… Sin mayor comentario.
Y al tercero…
—Quiero que seas tú el primero que me deje probarlo…
—De qué hablas weón.
—Quiero chupar tu pene, tu cuerpo; tienes rico físico, te vi en la ducha del gym y te cargas buena verga. Creo que tenemos confianza para hacerlo, los dos somos grandes.
—¿Estás loco, Juan? ¿Cómo me dices eso?
Poniendo su mano en mi pierna mientras manejaba hacia el gym… —Sí, weón, porfa… Déjame, de verdad me gusta lo que veo… Déjame hacer algo sin penetración, déjame darte placer.
—Estás hablando webadas, Juan, sabes… Bájate, yo no estoy para tus estupideces.
Me orillé y le quité el seguro a las puertas. Me quedó mirando.
—¿weón, en serio me haces esto? ¿Me vas a dejar aquí botado porque te confesé que quiero probar algo contigo?
—Juan, me acabas de decir que quieres chuparme el pene, ¡que te gusto! weón, tú eres casado, tienes niños! ¡Ten respeto!
—Felipe, culiao, no confundas las weás, esto es algo entre tú y yo, nadie tiene que enterarse que me vas a dejar chuparme el pene, nuestra amistad deberá verse reforzada incluso por esto.
—Bájate, en…
—No me voy a bajar, llévame al gym.
Me fui callado todo el camino que quedaba, unos 12 minutos. Pensando qué hacer o decir.

Terminamos y, camino a su casa, me dice al bajar: —Piénsalo, bye.
Se baja y cierra la puerta sin dejarme reaccionar.

Pasaron los días, la rutina siguió, yo me olvidé de la situación, todo volvió a la normalidad y yo no luces… Habían pasado unas 3 o 4 semanas, hasta que nuevamente vuelve a atacar.
—Pipe, ¿pensaste eso?
—¿Qué, Juan, qué es eso?
—Felipe, ¿me vas a dejar sacarme el empacho contigo, weón?
—Juan… —hice silencio mientras procesaba la weá— Ok, sin besos ni mariconadas.
—Gracias, bro, te prometo que haré lo mejor que pueda.

Llegamos al gym, y yo tomé un poco de distancia del weón; era notoriamente más musculoso que yo, como que me dio miedo o algo. Yo terminaba mi rutina y él venía hacia mí, y me dice…
—Terminé, ¿nos largamos?
—Vale, pa’ la casa.

Entramos al camarín, sacamos las weás del locker y se va al último cubículo de la ducha… De repente saca la cabeza y me llama…
—Yapo, weón, ven, no hay nadie…
Yo caminé para allá y me puse en la del frente, le dije que no, que mejor no porque me daba nervios, mientras cerraba mi mampara empañada.
Comienzo a ducharme y de repente siento que golpean a mi puerta de la ducha. Era el weas…
—¿Qué onda, weón?
Empujándome para adentro y entra, cerrando la puerta detrás de él… Me mira para arriba y lo primero que hace es meterse un pectoral mío dentro de su hocico…
—Ahrggg…
—weón, ¿qué haces?
—Lo que dijimos que harías… Solo déjate llevar…
—No, wey… Me da miedo, nos van a pillar… Miro para abajo y veo un tanque musculoso con un pene bastante prominente, unos 18-22 cm (el mío es de 20), firme, grueso y venoso…
—No va a pasar nada, voh disfruta nomás, wn…
Abrí la puerta asustado… Y le dije: —Vamos a mi casa, culiao… Acá no…
Nos terminamos de duchar (a mí se me bajó la tula del susto) y nos fuimos pa’ la casa…

En el auto se fue manoseándome entero; si pudiera haberme mamado ahí, lo habría hecho… Pero no lo dejé…
—Felipe, weón, déjame a mí hacerlo…
—No, wey, nos podemos sacar la chucha de puro calientes, voh teníh familia que te está esperando en la casa, weón!….

Entramos a mi casa…
Se saca la polera y WOW 😲😳
8 calugas.
Hombros como cocos.
Una V marcadita.
Y unas tetas como dos melones, pero firmes, con unos pezoncitos como dos pernitos.

Se acerca a sacarme la polera a mí, pero no alcanza… Así que yo lo hice…
Vuelve a pegarse a mi teta, pero esta vez con más control…
Con más coqueteo…
Me empeloto entero…
Empezó a tocar mi cuerpo con sus manos, mientras hábilmente su boca trabajaba mis pectorales. Bajaba por mi abdomen, lamiéndolo y besándolo, hasta llegar a la base de mi verga. Me mira para arriba y le digo firme:
—Si no quieres, no lo hagas… No te obligo a nada, bro…
—Cállate, culiao.
Y se engulle mi pene de un solo mordisco…

El morbo de tener un hombre musculoso, casado, dotadísimo, mamándote, es espectacular.
Nos fuimos a la cama… Él no paraba de besarme el cuerpo… Yo atinaba a pajearle la bestia… Hasta que hicimos un 69. Terminamos follándonos el hocico mutuamente por un buen rato. Hoy salimos de vacaciones, cada uno por su lado… Pero creo que lo usaré más a menudo para que se ponga en mi verga; su garganta no tiene comparación. Gracias, Juancho.

¿Te gustó el relato?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 4.4 / 5. Recuento de votos: 106

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

💬 Escribe un comentario

4 Comentarios

  • Anónimo
    diciembre 30, 2025 a las 4:44 pm

    jajaja el contexto 8 párrafos y la parte sexual 1 párrafo.

  • Anónimo
    diciembre 30, 2025 a las 11:41 pm

    Queremos ver fotos de esos cuerpazos vuestros! 🤤

  • Seba
    diciembre 30, 2025 a las 11:48 pm

    Te hiciste el difícil weon pero puta que lo disfrutaste!! jajajajajaj

  • Anónimo
    enero 2, 2026 a las 11:11 am

    Estaba súper rico el relato pero lo cortaste en la mejor parte

💬 Deja tu comentario

×

Reportar Relato

SALTAR AVISO