En el Cine

EN EL CINE

En mi ciudad existían dos cines, uno que era de calidad popular y otro de otro nivel. En cierta ocasión fui al cine y era una película emocionante, pero no iba al cine solo por mirar películas, sino por ver qué ligaba.

La película era de acción y nos ponía de punta los nervios y el nervio de punta. A veces buscaba sentarme acompañado de algún chavo, aventurando que no me dieran una mentada de madre o me rompieran el pocillo, ya que cuando todos gritaban y se ponían nerviosos con episodios de la película, yo aprovechaba para bajar un poco el brazo del posabrazos para rozarle la verga al de la par. No niego que algunos se molestaban y se cambiaban de lugar; otros se dejaban, pero me daba miedo seguir tocando.

Entonces me senté a la par de un chavo muy guapo, como de 1.75, marcado, ropa pegada que dejaba ver sus pectorales, y le miraba parecido con un actor de cine. Muy bello, y se le marcaba la verga deliciosa. Dirán: ¿por qué digo que era guapo? Pues en el intermedio salió a la tienda del cine a comprar, y para mi sorpresa se volvió a sentar a la par mía. Cuando apagaron las luces nuevamente, aproveché en la emoción para bajar el brazo y sobarle su bulto, a lo que él, en lugar de quitarse, se acomodó para que se la siguiera tocando. Le voy tocando una cosota de padre y señor mío, muy dotado, y empecé a sobarla sobre el pantalón. No hice preguntas para no echar a perder el momento; le sobaba esa cosa tan rica, pero no me animaba a hacer cosas en el cine porque se podrían dar cuenta y nos podrían sacar.

En eso él se levanta de su butaca, y dije para mis adentros que se había molestado. Vi que salió, pero pude observar que se fue al sanitario, a lo que lo seguí, y lo voy viendo en el mingitorio sacudiéndose una verga rosada, venuda, como de 19 a 20 centímetros, a lo que me saboreaba. Él se dio cuenta y se metió a un cubículo del sanitario y me hizo señas. Ni lento ni perezoso entré, sin miedo, porque ya había sido el intermedio y solo me quedaba el resto de la película. A lo que él se baja el pantalón blanco, que se le marcaba un calzoncillo muy sexy amarillo, y se baja el calzoncillo y pude apreciar en vivo y a todo color esa cosota, a lo que no me resistí y me bajé a mamar, sintiendo lo saladito de su orina y su precum. Él en mi boca hacía palpitar su cabeza rosada deliciosa. No esperaba que dijera que le diera mi culito: me bajó mi pantalón y mi bóxer y me empezó a dilatar mi ano con bastante saliva. Tenía miedo de gemir y gritar por temor a que escucharan los del cine. Y cuando me dilató me puso en cuatro y me la dejó ir de un solo, a lo que me tapé la boca y la saqué de mi culito adolorido, a lo que me dijo: “Me pedías verga, te la estoy dando, aguanta”, y me la volvió a meter. Ya no sentí dolor, sino un placer con el vaivén de las embestidas que me daba, como si fuera su último polvo, ya que lo hacía agresivo: la sacaba y la metía, y así me hacía sufrir de placer, porque no podía creer que me estaba tragando esa cosota. Cuando sentí que empezó a acelerar las embestidas, empezó a gemir delicioso, hacía jadeos que me prendían. Siento que se engrosa su verga en mi culito y me tira unas escupidas de semen dentro que sentí que me había quedado embarazado de tanta leche. Fue una cogida súper deliciosa. Solo terminó, me agaché a lamerle lo que le quedaba y a succionar el residuo para que se fuera limpio. Cuando se le puso flácida se rio de las cosquillas, se subió el calzoncillo y el pantalón, me dio un beso de lengua que me dejó asombrado… Me dijo: “Mi nombre es Rudy, y sé que nos vamos a volver a ver”. Y así fue.

Espero les haya gustado.
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