En el entrenamiento
Hola, nenes, saludos desde Los San Migueles… Hace casi un año estoy entrenando en un gimnasio muy piola de barrio, y por temas de infraestructura y renovación cerraron la sala de máquinas y solo hay entrenamiento funcional, así que para mantener la raja en movimiento me inscribí a entrenamiento funcional (yo solo hacía pesas y máquinas). Bueno, el grupo es medianamente grande y la mecánica de participación es totalmente distinta.
Durante los ejercicios me di cuenta de que uno de mis compañeros de entrenos (solo somos tres hombres en mi horario: un abuelo, este compañero y yo) estaba bien dotado… ¿Cómo? Durante un ejercicio había que acostarse en la banca y hacer tríceps con la mancuerna… Pues este loco se echa en la banca y feroz carpa se le hacía. Al principio pensé que era wea mía, pero no, en la siguiente ronda no pude dejar de verlo, y en la tercera me cercioré de que era verdad.
¡Feroz wea!
Yo miraba la mía en el espejo y no era taaaaaan voluminosa…
En uno de los descansos se me acerca y me pregunta weas: hace cuánto entreno, si siempre vengo a este horario y cosas así… Delgado, atlético, marcado, fibradito. Dentro de esas preguntas me pregunta si vivo cerca, y sí… A la salida todo normal y chao.
Al día siguiente fue acercándose más y más… y yo no podía dejar de ver su enorme pene prominente… Hasta que un día el weón me dice: «¿Qué onda, bro? ¿Te gusta lo que ves?» Weón, es que es muy grande… «Y eso que está dormida… después la ves mejor…» Y volvimos a los ejercicios…
¡CSM!
Yo me fui pa’ mi casa y mi cabeza explotaba. Me habla por WhatsApp y me dice que mañana no va a ir porque estaba enfermo en casa… «Pucha, qué pena», le dije, y ahí quedó…
Tres días después me dice que se siente un poco mejor y si podía pasar a comprar un remedio a la farmacia que estaba cerca y acercárselo a la casa… Esa acercada a la casa terminó siendo una entrada a su casa. Una entrada a su casa que llegó hasta su dormitorio…
Me siento en su escritorio y él se sienta en su cama. Eran unas pomadas para una quemadura que se había hecho, y cuando levanta la pierna, cae su tercera pierna entremedio. Mi cara fue de impacto. Su cara se dirigió completamente a mí, yo rojo sin poder dejar de ver esa wea, tranquilamente 19 o 22 cms flácido… y se notaba pesadísimo el pene por cómo había caído en su pierna…
Sobre la misma, me dice: «Bro, ayúdame, porfa, que si no se me va a correr la pomada. ¿Puedes agarrarme el pene y tirarlo para el lado?» Y yo: «¿Perdóoon?» «Weón, somos hombres, no le pongai tanto color y muéveme la wea, porfa, que va a sacar toda la pomada», me decía en tono medio enojado y tomando control.
Me acerqué y me puse frente a él, medio arrodillado. Con mi mano derecha agarré el cuerpo del animal ese y lo corrí pa’l lado, levantándolo porque cualquier roce le ardía la piel de la quemadura en la pierna, y este weón empieza a quejarse de que le arde. Yo, del grito que pegó este weón, solté la tula y cae pesada sobre sus cocos, y suena fuerte como un charchazo… «Soplame, porfa, que donde moviste la tula me raspó»… Y ahí me veía yo, soplando la parte superior de un muslo delgado y huesudo, mientras yo miraba mis piernas y las veía como roble, wn. Pero este culiao no tenía nada más que un pene enorme… y me estaba gustando mucho…
De reojo veo que su pene da un respingo… y me echo para atrás, quedé sentado en el piso… «Chucha, bro, ¿qué pasó?» (me preguntó el weón). «Nada, es que vi que se movió y me asusté». «Es grande, ¿verdad?» (me preguntaba mientras me miraba). «Nunca había visto una así, wn… ta bkn» (mientras sonreía). «¿Y nunca habías tomado una verga así de pesada, cierto?» «La verdad es que nunca había tomado una penca que no fuera la mía…» (Da otro respingo). «Parece que le gustas» (me dice sonriendo). «No weh po…» (le repliqué yo con cara de miedo). «Dale, weón, no va a pasar nada, dale un besito en la punta… porfa…» «No weón, cómo se te ocurre».
—En ese momento Cell sintió el verdadero teeeerrooooor…—
(La wea en 4 o 8 segundos se erectó frente a mí, era enorme.)
«Dale, weón, porfa, mira cómo me tienes, un besito nada más, dale un besito en la cabeza, yo sé que quieres, siempre me la miras y ahora puedes hacerlo con tranquilidad…»
Mi corazón palpitaba a mil… Me acerqué… sin tomarlo con las manos, y lo veo imponente frente a mí, grueso, venudo, blanco… erguido… y él se acerca con su apéndice hacia mí… Queda frente a mis labios. «Dale, un besito nomás», me dice el weón. Él se acerca un poco más al borde de la cama y su pene topa con mis labios… «Abre un poquito, porfa…» Él hace fuerza nuevamente y abro un poco la boca… Tiemblo de nervios… Abro la boca… Su apéndice entra en mi boca… hasta que su cabeza topa con mis dientes… «Dale, porfa… abre un poco más, me gusta lo que haces, dale… lame la cabecita…»
Seguía entrando lentamente… Ya me empezaba a doler la mandíbula, yo entre shock y morbo… «Dale… ya tienes la cabeza entera adentro de la boca», me dice el desgraciado. «Dale, se siente rico… sigamos, porfa…» Su falo seguía entrando lentamente en mi hocico… hasta que lo miro y mis ojos hechos agua… «Si quieres que pare, solo dime, ah, pero no puedes hablar porque lo tienes adentro»… Y en ese instante el weón empuja con todas sus fuerzas su falo al fondo de mi garganta, generando en mí una arcada automática con sonido de vómito sin ser vómito, solo el asco de haber tenido la wea adentro… Jadeo acelerado, y lo miro.
«Weón, esto está mal…» «No, weón, cálmate… estuviste genial, yo perdí el control porque me encanta lo que haces», me decía el desgraciado mientras yo veía el hilo de baba que me caía del hocico y colgaba desde su falo, que no bajaba… «Acuéstate en la cama, porfa, tu cabeza déjala en la orilla» (me dijo con voz de mando, yo siendo súper pollo y sin entender qué quería…).
Se para de manera dificultosa y se sienta en la silla que estaba yo, una silla gamer con ruedas, roja, rica la silla maricona, muy bkn… Le tira el respaldo para atrás y se sienta medio reclinado… Su verga queda a la altura de mi hocico y logro entender que él entrará con todo en mi hocico ahora desde esta posición. «¿Qué vas a hacer, weón?», le pregunto con cara de poto… Me dice: «Pon tu mano aquí (en mi garganta) y no digas nada, solo quiero que lo sientas… Abre grande y tranquilo que no te haré daño».
Comienza nuevamente su ariete a entrar lentamente en mi hocico, y cuando llega a mi cuello siento el borde de su glande en mi mano por dentro mío, como entraba ancho y campante. El movimiento de a poco se transformaba en más rápido, y mi dolor de mandíbula pasaba… Sentía cómo en momentos se agarraba de mis pectorales mientras bombeaba… Hasta que en un momento me anuncia que quiere acabar en mí, dentro de mi garganta… Tenía pasada directa, nunca sentí sabor a nada, solo sentí al menos 7 a 12 trayasos de lefa mientras este weón me mamaba en un 69 de ensueño…
Su verga sale de mi tráquea, babosa, mi garganta vuelve a sentirse normal… «Gracias, weón, necesitaba descargarme, me gusta hacerlo y tú eres perfecto, además tienes buen rico pico, gruesote…» Yo trato de incorporarme todo lleno de baba e hilos de saliva en mí… mis tetillas rojas de lo que este weón apretaba… mi verga toda chupeteada… «Sí, weón… fue bkn… era mi primera vez y fue genial…» «No será la última…»
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