En el hotel

Hace varios años tuve un trabajo que me hacía viajar constantemente a Punta Arenas. En una oportunidad, mi vuelo en Puerto Montt se suspendió y la línea aérea me pagó la noche de hotel. Estando allí y de aburrimiento, subí al restaurante a comer algo y tomar una cerveza. Cerca de mi mesa había un señor de unos 55 años, guapo, bien mantenido, canoso, trabajando en su laptop. Lo miré en un par de ocasiones y él se dio cuenta. Intenté disimular y me levanté al baño; él me siguió.

Estaba en el urinario y apareció él. Se puso en el urinario junto al mío y, sin ninguna vuelta, me dice: «Hola, ¿cómo estás?» (como si me conociera de toda la vida). «¡Me estabas mirando!». Me puse nervioso y le pedí disculpas mientras subía el cierre de mi pantalón. Me había mirado la verga mientras pasaba esta conversación. Me sonrojé y él me dice: «Ya somos grandes, ¿de qué te asustas? Ambos sabemos lo que está pasando aquí». Eso me descomprimió y le sonreí.

Me ofreció ir a su mesa; acepté y me convidó a un trago. Yo seguí el juego, estaba interesado y, aunque seguramente tenía 20 o 25 años más que yo, le seguí la corriente. Conversamos un rato muy agradable y luego se lanzó: me preguntó por qué lo había mirado tan descaradamente cuando llegué al restaurante (de verdad se había notado mucho). Le dije que lo había visto muy sexy de traje y trabajando, que no pude disimular. Preguntó si de verdad quería un encuentro con un hombre mayor como él. Le respondí que sí. Me dice: «¿En qué habitación estás?». Le di mi número. Él estaba justo un piso más arriba. «Sube si quieres», me dijo, y se despidió.

Subí a mi habitación y, aunque dudé un instante, me arreglé para la ocasión; estaba decidido. Subí un piso por la escalera de emergencia y llegué a la puerta. No tuve que tocar; estaba entreabierta. Él seguía trabajando, me vio y sonrió. Entré, cerré la puerta y se levantó a buscarme. Agarré su corbata y lo tiré hacia mí. Le di un beso jugoso, comencé a desabotonarlo; tenía pelo en el pecho y pectorales firmes. Quedó con la camisa abierta y la corbata corrida. Me desabrochó el pantalón; mi pene ya estaba duro. Lo agarró firme sobre el calzoncillo y me volvió a besar. Me quitó la polera y el pantalón; solo el boxer me quedaba puesto. Se arrodilló y se metió toda mi verga dura en su boca hasta el fondo. Lo hacía muy bien. Me mordió la verga un par de veces (yo se lo pedía susurrando).

Luego soltó su cinturón y se desabrochó el pantalón. Se subió en cuatro a la cama; quería que le lamiera el culito. Tenía un muy rico culo redondo, duro y peludo. Le metí la lengua hasta donde podía; él gemía. Después me subió a la cama y me tumbó sobre ella. Mi verga estaba como un mástil. Se quitó el pantalón, pero seguía con la camisa y la corbata, dando saltos con él. Se metió mi verga de una vez con valentía; me hizo rugir de placer. Él seguía sube y baja. Agarré su verga, que ya estaba también dura; lo masturbaba mientras él seguía sube y baja. Se salió de un brinco de mi verga y se tumbó en la cama para que yo lo dominara. Lo follé con todas las fuerzas que tenía; él resistía como un macho. Besé y mordí ese culo; se metía la lengua y él gemía. Ya estaba por acabar, pero me pidió que me aguantara un rato más. Me tiré sobre la cama y nuevamente se subió. Cabalgó nuevamente; agarraba su corbata para acercarlo y besarlo, morder sus tetillas o jadear junto a su oído, hasta que finalmente acabé, justo cuando él también chorreaba su semen en mi abdomen. Fue exquisito.

Descansamos un instante. Finalmente me vestí para irme a mi habitación. Al despedirse, se sacó la corbata que aún le colgaba al cuello y me la puso en el mío. Me besó y me fui. Nunca supe su nombre, de dónde era o en qué trabajaba. A la mañana siguiente bajé a desayunar y él ya se estaba yendo. Nos cruzamos en el pasillo, me besó en la mejilla y no lo volví a ver.

Ojalá les guste mi historia.

¿Te gustó el relato?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 4.9 / 5. Recuento de votos: 66

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

💬 Escribe un comentario

2 Comentarios

  • Anónimo
    enero 2, 2026 a las 8:40 am

    Que rico… algo inesperado jejeje. Buena historia

  • Anónimo
    enero 2, 2026 a las 11:03 am

    Muy rica historia, se me puso re dura

💬 Deja tu comentario

×

Reportar Relato

SALTAR AVISO