La primera vez con mi padre
Me presento, me llamo Fran, actualmente tengo 30 años, y desde muy pequeño sé que soy gay. Siempre me sentí interesado por las vergas, me llamaban la atención los bultos, en vez de las vaginas. Y el primer bulto que llamó mi atención fue el de mi padre. Antes dormíamos juntos en la misma habitación, los tres con mi madre, así que verlo en slip era algo común. Mi padre era un hombre muy seguro de su cuerpo, unos 35 años, 178cm de altura, y piel de test blanca, cabello castaño-rubio, y un abdomen peludo con unos bellos que llegaban hasta sus piernas, de donde colgaban dos hermosas bolas, y su pene. Que para ese entonces solo había visto flácido, y aun así se notaba grueso. Poco a poco a medida que mi instinto sexual comenzaba a crecer, mi deseo por la verga de mi padre aumentó, pero nunca sucedió nada. Cada vez que encontraba sus slips usados, los olía, y tocaba mi culito. Pensando que era él quien lo tocaba, llegaba a acabar solo oliendo su slip.
Con los años mis padres se separaron y yo me fui a vivir con mi madre, y a mi padre lo podía ver algunos fines de semana, en los cuales él estaba libre del trabajo. Iba a su casa y aún seguía oliendo sus slips cada vez que se los encontraba. Yo ya tenía 18 años. Media 176 cm, test de piel blanca, delgado y con piernas gruesas y tonificada, ya que entrenaba harto en el colegio. Cada vez que iba allí, tenía mi propia habitación, y él la suya.
Un día después que llego a casa, tomo unas cervezas, se desvistió y quedo en slip. Al bajar al cuarto de estar, le vi a él, tras haber tomado se quedó dormido en el sillón solo con los slips puestos. Baje sin hacer tanto ruido, deseaba seguir observándolo así, en slip en el sillón. Tan cerca de mí, ese bulto que me traía caliente desde puberto. No me contuve y me acerqué a observarlo de cerca. Le hablé a ver si respondía, pero seguía dormido.
Estaba tan obsesionado con ese bulto, y por fin estaba frente a mí. Solo deseaba, por una vez olerlo directamente, y no conformarme con sus slips usados. Me arrodillé al lado de él, y puse mi cabeza entre sus piernas. Tenía un fuerte olor a sudor, mis hormonas reaccionaron de inmediato a ese olor, tan delicioso, que había olido tantas veces anteriormente. Mi pene se erectó de inmediato, no pude detenerme, estaba muy caliente.
El deseo de poner la verga en mi boca, o pasar mi lengua por ese bulto me la gano. Así que comencé a tocar su pene con mi boca, sobre su slip. Mientras bajaba los míos, me tocaba mi ano. Sentía mucho deseo que esa verga, la cual me creo, fuera quien abriera mi culito por primera vez. Pero sabía que mi padre nunca haría eso. Así que lo dejé dormir y me fui a mi habitación
Al día siguiente mi padre me despertó para el desayuno, hablamos de que llego muy cansado, y había despertado en medio de la noche en el sillón. Porque los perros de la vecina estaban ladrandole a unos gatos que estaban dándose duro. Reí un poco. Luego me miro a los ojos y me dijo seriamente:
– ¿Hijo, anoche que estabas haciendo con mi bulto?
Me sonrojé y me puse muy nervioso, comencé a temblar, no podían salir palabras de mi boca. Me tomo la mano y dijo:
– Tranquilo, a tu edad es común tener curiosidad, y yo tengo una buena herramienta. Y siempre me he dado cuenta como me la miras. Pero hacerle eso a una persona mientras duerme, es abuso. Debes esperar que este despierto, para comerme la verga. Tomó mi mano y la puso sobre su paquete, me miro a los ojos y dijo:
– ¿Esto es, lo que desea tanto hijo?, porque yo también lo he deseado, y creo que ya tienes edad para probarlo.
Corrí la silla de la mesa, y me hinqué a su lado. Mi padre bajo su short y me dejo ver sus 20 cm de verga, una verga gruesa, blanca y con pelitos castaños que cubrían toda su pelvis, la miré y le dije:
– Papá, siempre he querido esto, pero es muy grande, y mi culito aun es virgen.
Me tomo de las manos, me subió a la mesa y me beso en los labios
– Ahora eres mi putita y como mi putita, va a poder con esta verga, yo te lo haré con amor y cuidado, jamás te haría sufrir. E iremos abriendo camino juntos por tu culito, no tengas miedo, muchos me lo aguantan bien.
Lo bese muy fuerte, saber que me amaba y me haría suyo con amor, me hizo sentir deseado y cuidado a la vez, sabía que mi padre jamás me haría daño y era la mejor persona para desvirgar mi culito.
Fuimos a la habitación besándonos, nos tomamos un tiempo para limpiar mi culito. Él quería enseñarme todo y así fue. Una vez mi culito estuvo listo, volvimos a la cama y comencé a mamarle la verga. Abría mi boca lo más que podía, era difícil respirar por algún lugar con esa verga cubriéndolo todo. Él iba más profundo cada vez, y cuando tenía deseo de vomitar, él paraba, me besaba y volvía a meter su verga en mi boca.
Así estuvimos un rato hasta que comencé a sentir como sus manos se deslizaban por mi culito. Aún estaba con mi slip puesto, comenzó a bajarlo para poder tocar libremente mi culito. Nunca tuve muchos pelos, así que a esa edad mi culito estaba lampiño. Cosa que a papi lo volvió loco, saco su verga de mi boca y se fue directamente a chuparme el culito. Me puse en cuatro sobre la cama. Me pidió bajar los hombros hasta el colchón, y subir mucho mi culito.
Sus manos enormes comenzaron a masajear mis nalgas, y hundió su cara en mi culo. Yo gemí de placer y eso a papi lo hizo saber que estaba haciendo las cosas bien. A medida que mamaba culo, yo comenzaba a abrirme más y más. Luego sentí su lengua entrando por mi hoyito, y papi no paraba de mamar. Metía sus dedos para ayudarme a abrirme, me decía el. Yo solo gemía y movía mi cabeza haciendo señas que estaba de acuerdo con cada cosa que hacía.
Estaba cumpliendo mi sueño, estaba siendo abierto por mi papi. Mi primer hombre y ojalá fuera el único. Volví a mamársela, me pidió que lo dejara muy mojadito porque eso iba a ayudar a que entrara mejor cuando me follara. Yo abría cada vez más mi boca y escupía sobre su pene para dejarlo con la mayor cantidad de saliva, sabía que eso ayudaría a que no doliera tanto.
Papi se acostó en la cama y me pidió que me montara sobre él. Dijo que yo debía ser quien controlara cuanto iba a entrar su verga en mí. Lo monte como me pidió, le pregunte, si usaríamos condón. A lo cual respondió rápidamente. Que ese día iba a ser suya, y que me quería dar toda su leche. Que sin condón estaría mejor.
Yo le decía a todo que si, a papi, porque él sabía lo que era lo mejor. Me mojé con saliva el ano, una vez ya montado sobre papi, puse su verga en la entrada de mi hoyito, papi me beso muy rico y comenzó a hundirme en su verga. Yo sentía como mi culo iba abriéndose y lo rico que entraba con tanta saliva. Sentí que su cabeza estaba dentro, le pedí detenerse. Sentí que me estaba partiendo, pero no quería que saliera, Le dije que me esperara un poco mientras me acostumbraba a asentirlo así. Una vez me sentí seguro bajé más y más, hasta que los 20 cm de papi estaba todos dentro de mí. Le dije con sorpresa:
– ¡Papá, entró toda!
– Le dije a mi bebé que se lo iba a hacer con amor.
Comencé a sentir el deseo de moverme, sentir esa verga recorriendo mi culo de dentro hacia fuera. Era difícil contenerme el gemido, y papi me dijo:
– Bebé puede gemir, es normal que grite de dolor y placer.
Yo no daba más de placer. Sentía una sensación de pujo, y le dije a papi
– No puedo seguir, algo me va a a pasar. Siento ganas de ir al baño.
Él dijo que era normal, y más la primera vez, que esa sensación de pujo me iba a llevar al orgasmo. Yo acepté y seguimos, ahora él quería ponerme en cuatro. Porque si yo estaba cerca del orgasmo, él quería irse dentro de mí, al mismo momento. Abrió mis piernas y se posó entre ellas, puso su verga en mi ano, y poco fui empujando para que entrara. Una vez dentro, esa sensación de pujo la volví a sentir, pero sabía que debía aguantar.
Papá estaba sudado, y yo también. Pasaba sus manos por mis caderas hasta mis nalgas. Tomó un ritmo muy rápido, y cuando estábamos así, comencé a gritar y orinarme. Sentía que mis músculos se contraían, y la orina salía a chorros. Mi culo abierto a mas no poder, y mi papi vuelto loco penetrándome. Me gritó:
– ¡Bebé, me vengo en tu culito!
Yo solo podía mover la cabeza. Cuando escucho sus gritos y embestidas, sus contracciones de abdomen y sus manos que se incrustaron en mis nalgas. Era papi llenándome con su leche, llenando a su bebé. Como lo había soñado desde pequeño. Su bebé ahora era su hembra, y mi papi era mi macho. Caí rendido en la cama, la cual ahora estaba mojada con nuestro sudor y la orina que salió mientras papi me follaba. Le dije que me había orinado y con cara de orgullo me dice:
– ¡Ese es un orgasmo! le provoqué un orgasmo anal a mi bebé.
Me besó y nos quedamos abrazados sobre la cama.
3 Comentarios
Anónimo
enero 5, 2026 a las 11:12 pmDe un momento a todos se los folla el papá… hoy relatos buenos pero algunos como este qué dan risa de lo fantasioso que es.
Anónimo
enero 6, 2026 a las 3:40 pmY empieza igual a otro que publicaron hace poco
Anónimo
enero 9, 2026 a las 5:05 pmEs el mejor relato . Me a gustado cuenta siguiente parte o más jeeejr