La segunda vez con mi padre

La segunda vez con mi padre

Luego de ese desayuno, maravilloso, que me he había dado mi padre. Nos dormimos hasta medio día en su cama. El me abrazaba muy fuerte, me sentía tan contenido por mi padre.
Nos despertamos y nos vestimos para que el fuera a dejarme a casa de mi mamá. No hablamos mucho, pero, si antes de bajarme de su auto, me miro y dijo:

– Por favor, nada de esto a tu madre. Podremos seguir haciéndolo, sí lo deseas, pero ni una palabra de esto a nadie.

Asentí con la cabeza y me bajé de su auto. Entre a mi cuarto y pensé en todo lo que había sucedido esa mañana. Mi padre me había hecho su hembra, y me había encantado, quería seguir haciéndolo. Y no me importaba si alguien nos descubría.

Pase las siguientes dos semanas solo pensando en él. Mi padre, como me había follado, como había abierto mi culito, las ansias que tenia de volver a verlo. Sentir su perfume, sentir sus manos ásperas masajeando mis nalgas.

Ese viernes recibí un mensaje muy temprano de su parte. Era el, confirmando que pasaría por mi ese día, para que pasáramos el fin de semana de padre-hijo que nos correspondía. Yo sabía lo que esto significaba, estaríamos todo el fin de semana haciendo el amor con mi padre. Termino su mensaje diciéndome que me tenía una sorpresa para esa noche.

Luego del colegio llegue a casa a prepararme. Padre me había enseñad, a como limpiar mi culito y la misión era llegar lo más limpio a su casa, para no perder el tiempo aseándome allá. Sonó mi celular, era mi papa que estaba fuera de la casa, ya esperándome.
Salí muy feliz para recibirlo, me subí en el carro y le saludé de un beso en la mejilla, como siempre lo había saludado. Papá es muy afectuoso así que no se avergüenza de demostrarme su cariño. Me presto un paquete que traía cerrado en los asientos de atrás. Arranco el auto y me pido que revisara que traia el paquete. Me dijo:

– Es un regalo para ti bebé, y quiero que lo usemos esta noche.
Abro el paquete y me encuentro con unas tangas muy lindas, negras, transparentes y con flecos, tipo blonda. Además de unas medias con ligas. Papi quería hacerme su putita esa noche, y quien era yo para negárselo.
– No sé si te gusta la lencería, pero a mí me gusta mucho hijo, me encantaría poder darte así.
– Me encanta complacerte papi, y si así me quieres tener así estaré. Todo tuyo y tu todo mío.
Papi se puso duro, tocó su paquete y soplo fuertemente, estaba deseoso de llegar a casa y verme con la lencería puesta. Llegamos a casa, el me pidió que subiera a su pieza y lo esperara con la ropa puesta. Sin polerita y solo las tangas y las medias puestas. Que el necesitaba urgente una ducha, porque explotaría de la calentura que tenía.
Subí a la pieza de papi, estaba su slip tirado en el suelo, los tomé como siempre, para olerlo. Y eso me puso automáticamente ardiente. Me quité mi ropa y me puse lo que papi me había comprado. Me mire al espejo, y dios lo grande y redondito que se me veía el culito.

Papi entró a la habitación, con solo su toalla secando sus genitales, cuando me vio así, dejo caer todo y vi como su verga se erectó de inmediato. Se acerco lo más rápido a comerme la boca a besos, respiraba muy agitado. Tomo mi cuello y lo apretó mientras bajaba mi cabeza hasta su verga, que ya estaba como roca.

Me ordenó abrir la boca, y comenzar a comer su verga, muy obediente accedí. Ya no me penetraba la boca con tanta prudencia, me provocaba arcadas y seguía embistiendo mi boca. Papi estaba muy caliente esa noche, me dijo:
– Hace tanto que sueño con tener una putita, así como tú, vestida así, y comiéndome la verga
– Yo respondía: AGG, AGG, AGG. Mientras seguía comiéndole la verga.
Papa no paraba. Seguía follandome la boca como si no hubiese un mañana. Me pidió que pusiera mi cabeza al borde de la cama, con las piernas sobre el colchón. Quedó mi cabeza colgando hacia arriba, y así puso su verga en mi boca. La sentí llegar más allá de mi garganta. Estaba follando por completo mi boca. No pude más y comencé a tener muchas arcadas, Salía y salía, saliva de mi boca con cada embestida de papi.

Golpee fuertemente una de sus piernas, en señal que ya no aguantaba más. Que necesitaba respirar, que ya había sido mucho. Se aparto por unos segundos y me giro en la cama. Ahora eran mis piernas en el borde del colchón, y él ponía su carita entre mis nalguitas. Olio fuertemente mi culito, estaba limpio y olía a jabón. El jabón que siempre usaba mamá, me dijo.
Con sus manos corrió la tanguita que cubría mi hoyito, y escupió. Comenzó a introducir sus dedos, cada vez más profundo, esta vez ya sabía como era la sensación, así que estaba más entregado. Puse mi cara sobra una almohada y comencé a gemir libremente. Papi gruñía mientras chupaba mi culo, estaba muy excitado. Y yo observaba su verga que estaba a punto de estallar de lo roja y grande que se le ponía.

Tomó su verga y la posó, sobre el charco de baba que había dejado en mi culito, y comenzó a introducir la cabecita. Lo escuchaba decir:
– Vas a ser mi putita esta noche.
– Si papi. Respondía.
– No te escucho, puta.
– ¡SI PAPI !
Eso lo ponía como loco, y esta vez su verga entro de una vez, gemí fuertemente, y él se precipitó a taparme la boca. Me dijo al oído:
– Las putas no gritan, aguanta.
Casi con los ojos lloroso, asentí. Sabía cuál era mi rol esa noche, y sabía que, para hacer feliz a papi, debía cumplir con todo lo que el deseara.

Una vez ya dentro toda su verga, me permitió relajarme antes de comenzar a taladrarme el hoyito. Escupió más saliva sobre el dorso de su pene y comenzó a penetrarme. Gemía mucho de placer, y mi padre se sentía gruñir. Gruñidos de placer, de estar taladrando un culo muy duro. Un macho, follando a su hembra. Aún seguía con la tanga puesta y papi la miraba con mucho deseo. Me repetía constantemente que amaba mi culo como se me veía con esa ropita.

Comenzaba a sentir la sensación de pujo de la primera vez, pero esta vez sabía que orinarme era normal, le grite a papi que me orinaba, y con su mano apretó mi verga para que no chorrera tanta orina. El siguió dándome, mientras chorros de orina salían por mi verga y mojaban mi tanguita. Los gemidos ya eran gritos y papi los acompañaba con sus embestidas. Cada vez más fuerte.
Le supliqué que me diera mi leche, necesitaba parar, mi ano estaba abierto a mas no poder, y las ganas de pujar me tenían vuelto loco, con los músculos contraído y la vejiga soltando orina de tantas embestidas. Gritó por última vez y sentí como el chorro de leche corría por mis piernas. Se vino dentro mío, y fue tanto que chorreo todo mi culo.

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