Limpiaba la casa – Ropa sucia 1
Tenía unos 18 años y una vecina me pidió ayuda para limpiar una casa que tenía. Era una limpieza pesada. Comencé a ir, barría el patio y la terraza, sacaba la basura y limpiaba el área de los perros. El pago era bueno para un joven como yo, así que seguí. Después, la vecina se enfermó un tiempo y la dueña me pidió ayudarla en lo que se recuperaba.
Comencé a limpiar, y después adentro, en el tercer piso, tenían un conducto que llegaba hasta la lavandería y estaba en el baño. Vivían ahí la dueña, su esposo y tres jóvenes mayores de 20, 25 y 30, que estaban en la universidad y eran deportistas, muy guapos. Se levantan en la mañana y desayunaban lo que les preparaba la señora. Yo subía al baño para limpiar y ver si la ropa sucia estaba lista para recogerse. El hermano mayor se bañaba primero y más de una vez me tocó verlo por la puerta del baño entreabierta, y era excitante. La señora no subía, pues estaba mal de las piernas, así que gritaba para desayunar, y yo veía al joven mayor bañándose. Era lo más caliente: musculoso, alto, como de 1.75 m, moreno claro, ojos color miel, cabello castaño claro, y musculoso deportista. Su pene era largo, como de 17 cm, y se le paraba mientras se duchaba.
Yo, cuando oía ruido de los otros, tocaba la puerta a ver si podía pasar, y él decía: «Un momento». Ya que se salían, sus hermanos tenían la ropa sucia lista, entonces mi culito sentía que estaba excitado y con ganas de esa verga grande, y estaba gruesa, con la cabeza redonda. Salía rápido y entraba al cuarto. El otro joven se levantaba y se quitaba el calzón que usaba para dormir, y yo hacía que miraba si había ropa, y él decía: «Recoge lo de la sala de televisión, dejamos playeras y sudaderas, y ahora dejo esta ropa aquí para que la recojas». Yo miraba por el espejo del clóset sus músculos de ejercicio, pues corría en la escuela, delgado y fuerte, y un pene entre delgado y con la cabeza grande. Yo volteé rápido porque vi que él me miró por el espejo y no me di cuenta. Me volteo y él sonríe. Yo: «Perdón, ahora vuelvo». Yo respirando rápido, nervioso de que se enojara. Fui a la sala y cuando volví, su hermano mayor estaba en el cuarto, y él no despertó a su hermano menor para prepararse y le dije que si recogía la ropa. Dijo que todavía esperara y se dejó caer la toalla, descubriendo ese estómago liso, cuadrado, y ese pene flácido, largo, grueso, y no pude evitar mirarlo. Cuando reaccioné, le dije: «Perdón, ahora vuelvo». Llevé la ropa de la sala al baño, y el joven estaba bañándose. Toqué la puerta entreabierta, antes viendo aquel espectáculo de excitación y hermoso de ese joven musculoso y guapo. Él jalaba su pene y su cabeza estaba grande y hermosa a través del vidrio. Le dije: «Con permiso, voy a dejar la ropa sucia aquí para juntarla toda y ahora vuelvo». Él abrió la puerta de vidrio de la regadera, me vio y se puso de frente y jaló aquella verga larga, rica y cabezona que me invitaba a chuparla. Otra vez perdí la mirada abajo y cuando reaccioné, él sonreía y me guiñó un ojo. Yo, nervioso, me salí y fui al cuarto de la señora y el señor. Él ya estaba abajo y la señora esperando para desayunar. Saqué la ropa y subí al baño. El joven salía de la regadera y se limpiaba el agua, mirándome. Se destapó y dejó ver esa verga colgando, rica, viéndome. Sonrió y me mandó un beso. Saliendo, yo dejé la ropa en el suelo y salí.
El hermano mayor salía del cuarto metiendo su camisa en el pantalón, viéndome sonrió y agarró su verga y me la mostró por arriba del pantalón, y cerró la cremallera y volvió a sonreír, y bajó. El joven estaba cambiándose y, como el otro, tiró la toalla dejando ver esas nalgas redondas y ese cuerpo musculoso y esa verga blanca y cabeza grande. Me miraba por el espejo y se cambiaba. Yo me acerqué al joven de 20 y estaba con la sábana y su pene parado, largo como de 17 o 18 cm. Aunque era el menor, la tenía una combinación de sus hermanos y su papá. Le dije que su mamá estaba llamando para desayunar, que se levantara para bañarse, que yo recogería la ropa. Él rápido se fue al baño y comenzó a bañarse. Mientras tomaba las sábanas de la cama y la del hermano mayor, el otro estaba casi cambiado. Mientras le daba la espalda, se acercó y me agarró el culo y me dijo: «Eres una putita traviesa, este culo será mío pronto». Yo me asusté, me puse rojo y mi culo le gustó, aquella mano que lo tocó a través del pantalón deportivo que traía, y mi pene pequeño se paró y se puso rojo. Yo le dije: «Perdón». Él sonrió y me mandó un beso y bajó a desayunar.
Yo recogí la demás ropa y fui al baño. Toqué y dije: «Perdón, dejo la ropa y salgo». El joven abrió la puerta y dijo: «No hay problema», y me dejó ver su pene al lavarse los dientes. No se avergonzaba y yo lo miraba con deseo, y él me dijo: «¿Te gusta esta bonita?». Le dije que sí, que me gustaba mucho. Él sonrió y dijo: «Será tuya el fin de semana, para que la beses y recibas la leche en tu boca». Se acercó y casi me besa, y solo me tomó de la cintura y me pegó a esa verga medio parada, y sonrió y me apretó una nalga. Yo sudando ante todas esas hormonas de hombre y sus reacciones tan fuertes. Me fui y saqué la ropa del joven cuando salió a desayunar. Fui al baño y tiré la ropa por el cubo de la lavandería. Me fui a la terraza, afuera del cuarto de ellos, y me masturbé con una excitación que nunca había sentido. Que ellos me tomaran en cuenta me llenaba de fantasías y formas de que me tocaran y me tiraran al suelo en cuatro, besándome y chupando mis tetas y metiendo sus vergas ricas en mi culito virgen. Me la pasé toda la tarde pensando y limpiando. Salí a casa y no podía dormir, soñando que los tres me tomaban y me metían su verga en la boca, en el culito, y me chupaban las tetas, y se me paró en la noche.
El fin de semana siguiente, la señora y el señor salieron de la ciudad a un rancho llamado Río Verde, cerca de Linares, y me pidieron que me quedara en la casa esa noche para cuidar a los perros, porque los jóvenes luego salían y no les daban de comer, y había que bañarlos y secarlos para la noche. El joven mayor salió con unos amigos, el que seguía estaba viendo la televisión, y el menor salió al patio donde bañaba a los perros. Él los quería mucho, pero luego se fastidiaba y no les hacía caso. Vino y me ayudó, y cuando terminamos y secamos a los perros, los encerramos en su casita a dormir. Vine a recoger el agua sucia, él me ayudó y de repente nos agachamos. Me tiró agua, mojándome la camisa y el pantalón, y él también, y me dijo: «Disculpa, te mojé», y me tocó el pecho. Yo era joven y un poco llenito, y pues por mi mamá y abuelas tenía grandes las nalgas, y me las heredaron. Él me apretó una y me tocó la teta, y me empujó al pasillo, al lado de la casa que llega a la cocina, y en la oscuridad me besó, y con aquella pasión no pude hacer nada. Él me abrazaba con deseo y bajaba su mano a mis nalgas y buscaba mi culo. Yo pasé mi brazo por su cintura y lo pegaba a mí, y sentía su verga parada. Mi corazón latía a mil, y entonces me levantó la camisa y me besó las tetas con aquel deseo que me hizo jadear y tocar su cabeza y pasar mis dedos por su cabello suave. Él me chupaba las dos tetas. Me volteó y me bajó el pants rápido con deseo, y me apretó las nalgas queriendo morderlas, gimiendo, diciendo: «Eres mía, putita, te voy a dejar mis mecos dentro, muy adentro». Luego sacó su pene erecto y me bajó a su cabeza grande y ese pene grueso, y lo metió y dijo: «Chúpalo, es tuyo, trágatelo». Me escupió en la boca y siguió metiéndolo. Aquella cabeza se hacía más grande y paró de repente, y me volteó, me puso saliva en el culito. Le dije: «Es mi primera vez», y él gimió de deseo y dijo: «Más rico, serás mío primero, aguanta el dolor de mi verga caliente». Me abrió las piernas, me metió los dedos con saliva poco a poco, y yo me excitaba y me dolía al comenzar a meterlo poco a poco, y él veía y decía: «Dilata, dolerá menos», y lo hacía de nuevo, hasta que dijo: «Ya no aguanto más». Puso esa cabeza redonda, grande, y ese tronco grueso, y yo me levantaba de puntitas como arañando la pared ante el ataque de esa cabeza grande. Despacio entró, y el dolor siguió, pues solo disminuyó el tamaño, pues estaba gruesa. La metió más y yo me hice a un lado, y él excitado me agarraba otra vez con sus manos y me besaba las nalgas y las agarraba con aquella pasión de que eran suyas. Me decía: «Vamos, putita, afloja, te va a entrar toda, te va a gustar». Y comenzamos a meterla, y dolía, y la llevó más hondo hasta meterla más de la mitad, y comenzó a meterla y sacarla, y jadeaba y me besaba la nuca, apretándome más contra su pelvis y su pene grueso y rico me apretaba. Yo me calentaba tanto porque el dolor era como éxtasis, deseo y dolor uno solo, y yo pedía más. Cuando pensé que tenía toda la verga adentro, sentía en mi estómago un movimiento, pero sus manos y sus jadeos me distraían de todo eso. Me sacó la verga y me acostó en el pasillo, me quitó el pants y levantó mis piernas a su pecho, bajó su cara y la metió en mi culo, besándolo como nunca imaginé, y sentí que mi mente y cuerpo eran suyos, que hiciera lo que él quisiera conmigo. Se levantó al oír mis gemidos de placer pidiendo que me cogiera duro, más. Metió su verga hasta el fondo y la sacaba y metía cada vez más duro y rápido. En un momento ya no aguanté más, y en una metida hasta el fondo me vine. Saqué todos los espermas que no sabía que tenía, mojando mi estómago, y hasta salió mi orina de tanto placer que me daba. Él, viendo eso, se excitó y le dio más recio, y yo sentía que mis ojos se ponían blancos de placer cuando sentí ese estallido: una verga grande y dura, una cabeza redonda apretando mi interior y un líquido caliente, rico, que se filtraba en mi culo. Él sacó el pene grande, erecto, y tras él, un chorro de líquido. Se recostó arriba de mí, me abrazó, me besó y me miró a los ojos. Dijo: «Eres mía, te cogeré más para que ese culito sea mío». Me besó y nos paramos. Fui al baño de abajo y me limpié. Él subió a su cuarto y entró a bañarse. Yo salí y el hermano mayor entró a la casa. Me dijo hola y se fue arriba a ver televisión. Yo me fui a dormir al cuarto donde se quedaba mi vecina y me recosté, todavía con el culo adolorido y con una sensación de que seguía adentro de mí, y me excitaba mucho. Me ponía el dedo dentro y sentía la pasión de que él estuviera dentro otra vez.
Esto fue en la noche. Ahora falta la madrugada de ese día, pero eso se los contaré en otra ocasión, porque el hermano mayor no vio televisión toda la noche y el de 20 se fue a dormir después de sacar mucha leche. Los quiero mucho.
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