Los ejecutivos de Santiago

Soy de esos jóvenes caliente por naturaleza, de esos que no pueden pasar más de una semana sin tener sexo. Soy soltero y hago lo que quiero, total es mi vida y es mi cuerpo, así que no vengan a cuestionarme… el que puede puede… Volviendo al relato, estaba de vacaciones y decidí explorar nuevas tierras metiéndome al famoso chat gay. Pillé a dos ejecutivos de Santiago, 32 y 38 años. Pensé que ya eran viejos o algo feos, ya que los agregué al MSN y no tenían cámara; tampoco creía que estaban de paso por mi ciudad. Imaginaba a dos viejos cuarentones y arruinados, pero mi calentura pudo más. Anteriormente había tenido dos experiencias en tríos que dejaban bastante que desear.

Me decidí ir y fui a ciegas, pues la idea del trío me parecía estupenda. Me habían vendido el cuento de que eran heteros, pero resulta que cuando llego, ambos tenían argolla, y lo más probable es que sí lo eran, pues les costaba tratar a un hombre, en este caso, a un joven gay. Recuerdo y noté que eran de buena situación económica y hablaban como cuicos (cuico en mi país se le llama a la gente adinerada). “Pelao’, ¿quieres más vino?”, “compadre, ¿estás bien?”. El resultado: un tipo de 32 años al cual llamaremos “Carlos”, rubio, ojos verdes, como 1,82, delgado, sonrisa linda; era el hombre perfecto, exquisito. Y Antonio, 38 años, macizo, como 1,75 aprox, ojos café, pelo negro. Ambos vestían de jeans y camisas, eran apuestos, varoniles, y se notaban nerviosos y a la vez excitados por tener delante suyo a un joven con cara de cabro chico.

En mi caso, no tenía nada de nervios… ¿Han sentido ese deseo de lanzarte sobre alguien inmediatamente? Estos eran dos machos los cuales debía probar. No me importaba ser el pasivo en esta ocasión; esos hombres debían ser míos.

Esta parte es netamente con detalles sexuales. Si usted no quiere leer, saque la mano de su pene y salga del tema.

Carlos bajó a comprar cigarros y me quedé con Antonio solos en el departamento. Antonio me rozaba mientras servíamos el vino. Decidí tomar la iniciativa y comenzar a jugar en su cuello con mi lengua lentamente, cosa de ganar confianza y agrandar su herramienta encerrada en ese jeans debajo de un bóxer. Sorpresa fue ver que Antonio me agarró a besos; no era tan hetero. Me comienza a levantar la polera y a “chupar mis tetillas” (¿existe otra forma de decirlo?), mientras yo me sentaba al lado del microondas en la cocina. Él me besaba y tocaba. Luego me bajó del mueble de cocina y llega Carlos. Me mira y me dice: “¿Antonio ya te probó? ¿Hazme lo mismo que le hiciste a él?”. Agarré a Carlos y le comienzo a dar los mismos besos en el cuello, mientras él me presionaba en sus brazos y con una mano jugaba en mi trasero, diciéndome cosas al oído. Era tanta mi excitación que no sentí el momento en que ambos comienzan a besarme, tocarme, sacarme la polera, lamerme. Nunca había estado con un hombre que me hiciera gemir, y ahora tenía a dos machos haciéndome gemir. Me da vergüenza escribirlo, pero así pasó y así fue.

Luego fuimos a la cama y quedaron ellos en bóxer y yo aún con mi short y mi bóxer. Carlos era más bruto; me agarró y me rompió el bóxer por la parte de atrás. Antonio era más de mirar, de masturbarse, de decir cosas. Comencé a besarlos a ambos y a mamar mirando a los ojos. Debía dejar todo en esa cama; puse todo mi empeño en no ahogarme, en abrir más mi boca. El pene de Antonio era como de unos 17 cm, y el de Carlos era más grande aún. Pensaba en seducirlos, en hacerlos acabar pronto, pero eran insaciables… Mientras mamaba a Carlos, Antonio se fumaba un cigarro. Luego se puso por atrás y comenzó a jugar introduciendo su lengua en mí. Me daba nalgadas fuertes y me gritaba cosas. Cuando me introdujo su pene, era más grande de lo que pensaba. Me lubricó con un gel, supongo que era lubricante; era bien helado, y me lo metió todo hasta el fondo, sin importar mis gritos. Me dolió mucho; era una bestia que no me soltó, hasta que acabó, luego de que me moviera en círculos. Luego era el turno de Antonio, otra bestia más. Él me hacía morder almohada, me trataba de safar, pero me agarraba y no me soltaba. Era toda una bestia; me decía cosas calientes y más excitado me ponía. Él acabó en mi boca; fue más audaz y más sucio.

Nos vestimos y seguimos compartiendo como compadres, su copa de vino y la pizza recién llegada, mirando el mar desde el departamento. 38 años no eres viejo, pero si estás carreteado te cansas. Antonio quedó muerto y sepultado en el sillón, y yo, con mi culo literalmente roto. Carlos quería más y más, y a ese hombre no le puedes decir que no, pues era realmente exquisito. Así que me tuvo otra vez en su cama. Esta vez sería yo quien estuviera sobre él, mientras me agarraba firme con sus manos y me penetraba saltando hasta el fondo. Una grata experiencia de estos dos hombres de 30, heteros hasta ese día, iniciaron sus penes en mi culo.

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🇨🇱 Chile🌈 GayApps de Citas📅 diciembre 24, 2025
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4 Comentarios

  • Anónimo
    diciembre 25, 2025 a las 5:54 pm

    Algo arrogante tu entrada. Pero exquisito tu relato 😋

  • Anónimo
    diciembre 25, 2025 a las 10:46 pm

    Que horrible relato

  • Anónimo
    diciembre 26, 2025 a las 1:53 am

    buen relato, pero que risa que entraba peleando solo jajaja

  • Anónimo
    diciembre 30, 2025 a las 10:16 am

    Un poco peleador Jdjf y arrogante pero rico

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