Me sodomizó
Yo, con 66 años y siempre heterosexual… un día se me ocurrió entrar a una página de citas gay para echar una mirada. Fue así que encontré a una persona de mi misma ciudad y con las características que yo solicitaba; yo me ofrecí como solo pasivo y buscaba un activo, sin importar edad. Fue así que apareció una persona que aceptaba mis requerimientos. Nos pusimos de acuerdo e intercambiamos fonos, recibiendo su llamada inmediatamente. Quedamos de juntarnos el mismo día en mi casa.
Roberto, su nombre; yo, Carlos. Nos tomamos unas cervezas y nos dijimos: “Hagamos a lo que vinimos”. Pasamos a mi pieza (me llamó la atención que Roberto andaba con un pequeño bolso). En fin… Me desvestí e ingresé a mi cama, y de allí él se empezó a desvestir (yo mido 1,76 cm; él, 1,60). Se saca su polera y veo unos tremendos músculos; luego se desviste sus pantalones, tremendas piernas muy musculosas, tanto así que le pregunto cuánto pesa, me responde 140 kilos… Yo exclamé: “¡Oohh, lo que me voy a ‘comer’!”. Me expresó que hacía pesas… yo, 90 kilos.
Me pide pasar al baño, donde escuché que defecó. Volvió a mi pieza y siempre con su bolso… de donde sacó muñequeras, venda para los ojos y un látigo. Yo estaba dispuesto a realizar todo lo que Roberto quisiera… Así es que amarró mis manos, me puso boca abajo en mi cama, me vendó los ojos y me empezó a azotar con su látigo muy, muy, muy fuerte; incluso empezaron a sangrar mis piernas (cicatrices que llevo hasta el día de hoy).
Me soltó de los utensilios que traía, me puso en cuatro, me colocó lubricante, aparte de eso escupió mi culo y me penetró. Yo dije en un comienzo que era virgen… así es que mis gritos eran muy fuertes, y luego, pasado unos minutos, me relajé y me empezó a bombear. ¡Qué exquisito y delicioso se sentía su pico dentro de mí! Le dije que si hubiese sabido lo delicioso que es el pene, me habría iniciado antes como gay pasivo… en fin, eso es otro tema… hasta que luego de todos sus galopes sentí que eyaculó, y mi felicidad y gozo fue tremendo. E inmediatamente empezó nuevamente a cabalgarme, yo respondía a los requerimientos de mi jinete… (pienso que venía preparado).
Tanto así que eyaculó cuatro veces, a lo cual yo, algo cansado, le pregunté si me daría un descanso. Me respondió: “Te ofreciste de pasivo, aguanta”. De allí me desmonta, e inmediatamente debí darle una mamada hasta que me dio de beber todo su semen; no se me escapó una sola gota. ¡Qué felicidad la mía!
Nos tomamos otra cerveza, y esta vez me puso en misionero y me lo mandó a guardar nuevamente. Por supuesto, mi culo ya estaba relajado, así es que yo gozaba con cada embestida. Eyaculó cuatro veces… Me desmonta y me pide toallas; le indiqué dónde (pensé que se ducharía). No, se sube a la cama y me dio lluvia dorada… ¡Qué gozo más grande! De allí sí se duchó y se fue… aunque lo llamé varias veces, nunca respondió. Me hubiese gustado que al menos una vez al mes me hubiera hecho su puta. De más está decir que al otro día no me pude levantar por mis moretones y todo el agotamiento que produjo en mi cuerpo.
1 Comentario
Anónimo
diciembre 19, 2025 a las 2:04 amMe da risa que dices que eres «heterosexual» cuando eres toda una perra y una puta llevando hombres que apenas conoces a su casa, sin saber su procedencia, eso es irresponsabilidad hasta con su seguridad y su cuerpo, y después están llorando y quejando cuando les pegan enfermedades de transmisión sexual por andar de puras, pero sí son unas vagabundas, se echan con cualquiera que les muestra el pene.