Mi amigo hetero me vuelve a buscar – Parte I
Soy un hombre maduro, de buen ver y mujeriego. Hasta hace poco me sentía hetero, pero he tenido tres experiencias sexuales con hombres: dos con amigos heterosexuales en las que solo practiqué sexo oral, y una en la que un desconocido me cogió. Ahora ya no me siento hetero ni curioso, me siento bisexual. Después de esas experiencias me di cuenta de que disfruto por igual a un hombre y a una mujer, de maneras distintas, pero con el mismo grado de placer.
Como platiqué en un relato anterior, yo solo me había tocado con un amigo gay pasivo. No me causaba tanto morbo porque mi curiosidad y morbo eran hacia un hombre varonil o activo. Mi fantasía era ser el pasivo, por eso no llegué a más con él.
Mi primera experiencia haciendo sexo oral fue con un amigo y excompañero de trabajo, a quien conocía desde hacía diez años. Una vez estábamos tomando cerveza en mi recámara. Él estaba viendo videos de YouTube en mi computadora, pero yo había olvidado cerrar una pestaña con videos porno gay. De pronto, yo estaba sentado en la cama, me volteó a ver y me preguntó:
—¿Eres gay?
—¿Por qué? —le dije.
—Tienes abierto porno gay —respondió.
Le confesé que me gustaba ver porno gay, pero que nunca había tenido sexo con hombres, salvo la experiencia con mi amigo gay, con quien solo nos tocamos. Pero sí me excitaba el porno gay.
Él me confesó que también veía, pero videos de trans, que le causaban mucho morbo y excitación, y que de vez en cuando también veía porno gay. Me senté a su lado y puso un video de una trans. Ahí pasó por mi mente que algo podía pasar, y la situación me puso caliente. Los dos estábamos algo alcoholizados.
De pronto me di cuenta de que se le marcaba el pantalón, muy abultado. Él se dio cuenta de que yo no veía el video, sino su bulto. Me acerqué más a él. Se empezó a tocar sobre el pantalón. Me dijo:
—Estos videos sí me calientan mucho, y los de gay varoniles también.
Puso otro video de gays varoniles. Yo le dije:
—A mí esos me calientan más, me dan mucho morbo.
De pronto se desabrocha el cierre y se saca su miembro. Cuál fue mi asombro: tenía un pene muy grande. Me volteaba a ver de reojo y se dio cuenta de que yo estaba impresionado con su gran miembro y que no dejaba de mirarlo. Le dije:
—La tienes bien grande.
—¿Se te hace? —me dijo.
—Sí, muy grande. ¿Te la puedo tocar?
—No, ¿no la quieres mamar? —me contestó.
—Sí, se me antoja, pero nunca he mamado.
—A mí tampoco me la han mamado —me contestó—. Por eso se me antoja que tú me la mames. Los gays afeminados me han querido mamar, pero no me da morbo como contigo, que nunca lo has hecho.
La situación era muy excitante. Le empecé a tocar el pene. Se para enfrente de mí y me dice:
—Mámala, yo sé que quieres.
Tenía ese pene grande a unos centímetros de mi cara. Me dice:
—Bueno, bésala ahí.
No dudé y le comencé a dar besitos en la cabeza. Me decía:
—Hazlo, ya estás ahí.
Entonces abrí mi boca y se la empecé a chupar.
Le dije: «¿Estás caliente?»
Me dijo: «Mucho. Me doy cuenta de que te gusta mi verga».
«¿Si te gusta?», le dije.
«La verdad sí. Algunos gay me han propuesto mamarla, pero eran afeminados y no me daba morbo. No accedí como contigo, que sé que solo eres curioso. ¿Quieres mamarla?», preguntó.
No le contesté y solo se la agarré. En eso se levanta y me la pone enfrente de mi cara. Me dice: «Me tienes ardiendo, ¿me vas a dejar así? No tengas pendiente, de aquí no va a salir. Yo sé que quieres».
No le dije nada y se la empecé a besar. Sentía que estaba bien caliente, y yo estaba todavía más. Estaba besando el suculento pene de mi amigo.
Me decía: «Hazlo, ya estás ahí». Me agarró de la cabeza y me la metió suavemente en la boca. Solo metió la mitad y me llegaba a la garganta.
Yo desde hace años había fantaseado probar un pene, pero nunca me había animado. Pero ahora estaba pasando: tenía un pene grande en mi boca y lo estaba disfrutando al máximo. Podía sentir lo excitado que él estaba. No dejaba de mirarme y agarrarme de la cabeza y restregarme una y otra vez su gran pene.
Me sentía muy raro. Por instinto le toqué las nalgas con mis dos manos y me dijo:
—Las nalgas no, pura verga.
Yo con su verga tenía más que suficiente. Le dije:
—¿Te gusta?
Me dijo:
—No parece que sea la primera vez que mamas, pareces toda una putita experta. Quién te viera, te ves bien machín y tienes mi verga en tu boca.
Le dije:
—Me estás pervirtiendo.
—Eso es lo que me da morbo, hacerte mi putita.
Cada que me decía putita yo más me calentaba.
Le dije:
—Tu verga me está sacando el joto que llevaba dentro.
Responde:
—Cuando quieras te la voy a dar, la mamas bien rico, joto.
Cuando me dijo joto me prendió más y se la mamé más duro. Se la lamía, le lamía los huevos. Me decía:
—Así, joto, la mamas bien rico. Cómetela toda.
Yo cada vez la metía más adentro y tenía mi pene a reventar. Me encantaba que me dijera cómo lo hiciera. Por mi mente no pasaba nada, solo el momento. Me lleva a la cama, me bajé el pantalón y me dice:
—Tienes buenas nalgas.
Me empezó a tocar, me volteó y me empinó. Yo estaba tan caliente que si él hubiera querido, hubiera dejado que me penetrara por primera vez. Le dije:
—¿Me quieres coger?
Dijo:
—No.
Le dije:
—Me tienes tan caliente que te dejaría hacerme lo que quieras.
Dijo:
—No, solo quiero rozar tu culo y venirme en tus ricas nalgas.
Me tenía bien empinado y empezó a frotar su miembro entre mis nalgas, frotándola arriba y abajo mientras decía:
—Qué rico culo tienes, joto.
Mientras me nalgueaba y tocaba mis nalgas, que un hombre me dijera que le gustaba mi culo, y el sentir el pene aunque sea fuera de mí, entre mis nalgas abiertas y rozando mi culo, hizo que no aguantara y me chorrié sin tocarme. Me vine riquísimo.
Un minuto después me dice:
—Me voy a venir.
Y lo escucho gemir de placer y siento mi culo escurriendo de su leche caliente. Al sentir mi culo lleno de semen se me volvió a parar del morbo que me provocó sentir sus fluidos entre mis nalgas.
Nos recostamos en la cama y me dice:
—¿Te hubieras dejado penetrar? Me tenías empinado con las nalgas abiertas y ¿todavía lo dudas?
Solo se rió y me dijo:
—Por un momento estuve tentado a metértela toda. Si hubiera traído condones te hubiera cogido.
Le dije de inmediato:
—Ahí tengo condones.
Yo todavía caliente sintiendo su leche en mi culo. Me dijo:
—No, amigo, nunca me imaginé que algo así iba a pasar. Tú sabes que la leche adentro nos lleva a hacer cosas. Además ya me tengo que ir. La neta lo disfruté mucho, pero ya me está hasta dando cruda moral. ¿Tú cómo te sientes? ¿Te gustó mi verga?
Le dije:
—Claro. Cuando te la sacaste y vi tu vergota ya estaba dispuesto a probarla, solo me hacía un poco el difícil, eso me calentaba más.
Dijo:
—A mí también me calentó que no te fueras luego luego sobre de ella.
Y se rió. Le dije:
—Cuando gustes repetir, yo encantado.
Dijo:
—No creo. Fue el momento, las cheves y el morbo de que un amigo hetero jugara con mi verga, eso fue lo que más me prendió.
—Pero ¿te gustaron también mis nalgas?
Dijo:
—Eso sí, pero no es lo mío.
Mientras se subía los pantalones todavía la traía algo alterada y sin decirle nada me volví a prender de ella. Me dijo:
—Quieta, quieta, putita. Te has convertido en todo un jotito comelón.
Dijo:
—Ya, ya.
Y se la guardó. Me quedé con ganas de más, pero entendí que para él había sido más que suficiente.
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