Mi mejor amigo de infancia – Parte II

Ya les conté qué pasó en mi cumpleaños… ahora se viene parte dos.

Con Víctor fuimos compañeros desde el preescolar hasta terminar el colegio. Nos separamos cuando fue a iniciar su carrera universitaria en el exterior y yo me quedé en Paraguay.

Luego de esa vez que tuvimos sexo dos veces, quedamos con los excompañeros en hacer algunas actividades para reunirnos, aprovechando que estábamos casi todos del grupo de amigos de siempre.

Se organizó un asado en casa de Amelia, ella una buenísima cocinera, apoyada por su marido. Nos sirvieron una delicia de cena y luego se vino la cerveza.

Víctor estaba en la cena, sentado junto a mí y compartiendo de todo: bromas, anécdotas y recuerdos.

Pasadas las 2 de la mañana, finalizamos el encuentro y ya fuimos moviéndonos para que cada uno regresara a su casa.

Esther me pide que la acerque a su casa y acepto; también se acopla Víctor para acompañarnos y luego dejarlo en su casa.

Dejamos a Esther en su casa y arrancamos con destino a la casa de Víctor (que en ese momento estaba quedándose en casa de su hermana).

Ya de ida, seguimos hablando y le toco el muslo en tono amistoso. No me mueve la mano y seguimos conversando. Luego se va acomodando y bajando de a poco, aún sentado en el asiento, pero como acercando su pelvis a mi mano. Siento su pene medio erecto y seguimos hablando.

En eso se desabrocha el jean y baja el cierre, dejando su pene solo cubierto por el bóxer. Lo acaricié mientras seguía conduciendo y hablando… hasta que le dije: “¿Qué opinás si nos metemos a un motel?”.

Me respondió: “Ok”.

Entré a uno que nos quedaba de camino a su casa. Nos bajamos y pasamos a la habitación.

Se metió a duchar y luego entré yo. Me esperó en la cama, solo tapado con la toalla y con la TV encendida. Salí de la ducha y me acerqué, me arrodillé al borde de la cama y empecé a lamerle el glande, el tronco grueso y los huevos. Fui subiendo y bajando así, para luego chupar como con una garganta profunda que noté le excitaba, entonces hice eso varias veces. Estuvimos así como 20 minutos, disfrutaba cada centímetro de ese pene delicioso… hasta que me agarró del cuello y me llevó a la cama. Me puso boca abajo, levantó mis nalgas y las abrió. Empezó a lamerme el culo, me daba lengua de una manera celestial… sentía su saliva mojando cada vez más profundo mi ano, hasta que sentí que estaba dilatado (además de sumamente caliente).

Se subió encima y sentí cómo su pene estaba más duro que antes; parecía que hacerme ese beso negro lo había encendido más, y empezó a penetrarme. Sentía cómo me abría cada vez que iba metiendo.

Dolía, pero era placentero.

Luego, sin sacar su pene de mi culo, me abrazó y giró como para ponerme encima de él. Me acomodé y empecé a hacerle unos sentones que se sentían que llegaban hasta lo más profundo.

Me volvió a tomar y esta vez con mis piernas en sus hombros, y ahí sí sentí todo su pene penetrar, y más excitante aún, que podía ver su cara de lujuria mirándome fijo.

Me dijo: “En esta posición me caliento más al ver tu cara de puta saciada, voy a acabar… te quiero preñar…”.

Y sentí que aumentó la intensidad y luego ya unos chorros calientes dentro de mi ano, así como los latidos de su pene. Había descargado la leche que me tenía guardada hace unos días, después de mi cumpleaños.

Siguió dándome, pero más lento, y me pidió que yo también acabara. Apenas me masturbé ya acabé y mi semen se disparó por mi pecho y abdomen.

Nos duchamos y vimos que ya estaba amaneciendo. Lo dejé en su casa y yo fui a la mía.

Este fue el último encuentro con Víctor, aunque seguimos en contacto siempre… lo sigo esperando para nuevos orgasmos.

Gracias.

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