Mi primera vez con un hombre

Bueno, empiezo mi relato describiéndome: 1.70, acuerpado, ojos verdes.
Vivo en las afueras de Bogotá. Era el año 2019, había acabado de terminar con mi novia en ese tiempo, como en el mes de mayo. Pasaron 3 meses; nunca tuve una relación en ese año, así que solo mantenía mi calentura a punta de paja y videos porno. Un día me entró la curiosidad de ver videos porno gay. Veía todo tipo de video, hasta que ya, de tanto ver, me apareció en publicidad nuestra querida app amarilla: Grindr. Me dio curiosidad y entré. Me creé un usuario y empecé a hablar con muchos chicos; les mandaba fotos de mi verga (17 cm), pero nunca me atreví a aceptar un encuentro. Sinceramente, estuve así por 3 años (es verdad, mucho tiempo de espera), hasta que me decidí.
Año 2022, mes de junio, me escribe un chico. La foto de perfil es de él parado con su ropa interior de mujer. Empezamos a hablar esa misma noche. Le dije que sí, me mandó la ubicación: estaba a 20 min. Salí de mi casa nervioso. Cuando llegué a su casa, bajó, me abrió la puerta y, sin pensarlo, me besó y me metió la lengua en la boca. Me empezó a tocar mi verga. Me dice:
—Quítate los zapatos, no podemos hacer ruido, todos están durmiendo.
—Vale, no haré ruido.
Prosigo a quitarme los zapatos. Entramos a su habitación y él estaba vestido con esqueleto, pantaloneta o short. Yo me fui quitando la ropa, hasta que él se quitó su pantaloneta: tenía ropa interior de mujer de encaje. Nos seguimos besando. Me la chupó como si fuera una paleta de helado. Después llegó mi turno: le quité su ropa interior, lo puse en 4, le abrí el culo hasta que se le viera su ano, y me lo empecé a comer mientras lo masturbaba. Pasaron 10 min. En esa misma posición lo preparé y se la empecé a meter. De la calentura no pude evitar darle muy duro, a tal punto de que él mordió una almohada para no hacer ruido.
Después de un tiempo, se me hizo encima mío: yo sentado, él se sienta y me abraza, empieza a cabalgar cada vez un poco más rápido. Le digo:
—¡Me voy a venir, me voy a venir!
—¡Vente, vente!
Me vine dentro de él. Cuando me doy cuenta, mi abdomen está lleno de su semen. Me dice:
—¿Tienes sed?
—Sí.
Acto seguido, saca su lengua, me limpia el abdomen y me besa. Me limpio con una toalla, salí, me vestí y me fui.
Lo volvimos a hacer un par de veces. Hasta el momento, ha sido el único hombre que me he comido. No sé si sea el último; estoy intentando una relación con una mujer.
Espero les haya gustado.
No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!