Mi primera vez con un profesor maduro
Hola a todos, les traigo un relato de mi época universitaria cuando cumplí unas de mis fantasías más grandes al tirar con un profesor bien maduro y bien gordo.
Tenía 23 años y estudiaba Derecho en el centro de Santiago. me iba bien pero además, tenía el hábito de quedarme conversando con los profesores después de las clases. En una de esas ocasiones, entablé una relación cercana con uno de ellos; la confianza creció tanto que terminó ofreciéndome ser su ayudante. Acepté de inmediato y empecé a apoyarlo con la revisión de trabajos y las presentaciones de clase.
Él siempre me pareció muy atractivo: un hombre imponente, de contextura robusta, gordito y con una barba densa y lentes que le daban un aire intelectual. Siempre me han gustado los osos, y no podía evitar imaginar su pecho peludo debajo de su camisa.
Aunque las ayudantías seguían su curso normal, mi timidez y el hecho de que él fuera casado y con un hijo me mantenían al margen. Sin embargo, había algo en su trato hacia mí, una calidez casi protectora, que me hacía sospechar que la atracción no era solo mía.
Todo cambió un viernes. Terminamos una clase tarde y me invitó a tomar unas cervezas a un bar cercano. No era la primera vez, pero esa noche el ambiente se sentía distinto. Él estaba bebiendo más de lo habitual y yo no me quedé atrás. Pasamos horas hablando de la vida, del futuro después de mi examen de grado y de nuestras historias personales.
—Oye, y tú… ¿estás con alguien? —me preguntó, con la mirada un poco nublada por el alcohol. —No, no estoy para relaciones ahora —respondí con sinceridad—.me gusta mas pasarla bien con hartos amigos. —No sabía que… bueno, que te gustaban los hombres —soltó, observándome con una curiosidad nueva.
La conversación derivó hacia mi propio despertar sexual y algunas experiencias que había tenido con otros hombres mayores que yo. que si quieren les puedo contar en otros relatos, en fin. Entre el frío de la noche santiaguina y las ganas que sentía por él, decidí acortar la distancia. Me acerqué lo suficiente para que nuestras rodillas se rozaran y, entre risas, le pregunté directamente si nunca había sentido curiosidad por estar con un hombre (esto no lo hubiera hecho si no se me hubiera calentado tanto el hocico).
Él no respondió con palabras. Solo soltó una risa nerviosa y puso su mano pesada sobre mi pierna. El gesto me encendió por completo. Sin pensarlo mucho, deslicé mi mano bajo la mesa hacia su regazo, sintiendo cómo reaccionaba de inmediato ante mi tacto. Intenté buscar sus labios, pero él giró la cara sutilmente, asegurándose de que nadie en el bar estuviera observándonos.
— Vamos a mi departamento —le susurré al oído—. Ahí estaremos tranquilos.
Llegamos rápido, pues mi departamento quedaba muy cerca, yo estaba tremendamente nervioso, no podía creer lo que íbamos a hacer, y yo solo intentaba aguantar las ganas de bajarle los pantalones y chuparsela en el ascensor.
Entramos, cerré la puerta y no le di tiempo a sacarse la chaqueta antes de que me lanzara a besarle y tocarle su pico por encima del pantalón. me lo lleve hacia el sillón, le baje los pantalones y ahí estaba su pico, era pequeño pero muy grueso y estaba rodeado de una maraña de pelo que parecía eso el amazonas, no lo pensé más, le deseaba tanto, así que escupí su pico y me la engullí entera (no fue muy difícil) mientras lo miraba a los ojos
— Uffff que riiico, se nota que te gusta chupar pico — me dijo mientras gruñía como un verdadero oso.
Estuve un buen rato subiendo y bajando, lamiendo el glande, el tronco y sus cocos, mientras el me pegaba pichulazos en la cara, de repente, me agarró de la nuca y comenzó a culiarme la boca, sentía como su guata chocaba con mi cara y como su pico crecía cada vez más dentro de mi boca. Yo solté unas arcadas, pero nunca deje de chuparsela.
— Puta culia, que rico la chupai!!
No les voy a mentir que me calentaba de sobremanera que me convirtiera en su puta.
Ya quería sentir todo su pico dentro de mi, así que procedí a levantarme, besarlo y atravesar sus caderas con mi piernas y embocar su miembro en mi culo, su pico entro de una, gracias a la increíble chupada que él había realizado. Él, super bruto, me agarro de las cadera y comenzó a tirar hacia abajo junto a la gravedad, me dolia mucho, pero estaba tan caliente que me dio igual, no paraba de jadear mientras que callaba mis gemidos en su hombro en un abrazo que era sólo interrumpido por los salto que hacía sobre él.
Después de un rato él deshizo la pose y me arrojó al sillón.
—Date vuelta maraca culia.
Yo obedecí y abrí mi culito lo máximo posible, que de algo sirviera las clases de yoga. Sentí como de apoco se asomaba su pico con suaves pasadas de arriba para abajo y de repente entró de una y comenzó a embestirme mientras agarraba mis hombros con sus manos grandes y sudadas, la sensación es indescriptible, y el sonido de mi culo con sus huevos me calentaba cada vez mas, era tanto que me deje caer en el sillón y él no paró, se echó sobre mí y recibí todo su cuerpo y calor sobre mi espalda mientras seguía metiendomela, ahora lentamente.
Estaba extasiado y entre su pico dentro de mí, su cuerpo, el olor a macho y las nalgadas que comenzaba a darme me corri chorreando todo el sillon, nunca me habia corrido tan rico,
Estuvimos así buen rato hasta que el ya iba a terminar, se levantó mientras yo estaba de rodillas y con la boca abierta mientras él masturbaba su pene frente a mi boca.
—Ya estoy, ya estoy — agarro mi cabeza y la llevó hacia su pico y yo recibí toda su leche calentita en mi boca, sin antes soltar un gruñido final.
Se duchó y se fue, repetimos la escena un par de veces más, pero la culpa por estar casado y mi trabajo luego de recibirme hicieron que perdiéramos el contacto, a pesar de eso, recuerdo esta experiencia como una de las noches más ricas de mi vida.
Ojala les haya calentado y se hayan masturbado rico, cuenten si quieren que les relate más historias.
Cuídense corazones.
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