Sin uso

SIN USO

Hace mucho tiempo, revisando mi perfil de Facebook, me puse a navegar y vi que había muchas personas que habían visto mi perfil y que eran recomendaciones de amistad. Me fijé en uno de un chavito muy bello. Me encantó verlo en su fotografía porque se miraba muy angelical, y le envié solicitud de amistad. Me la aceptó y nos pusimos a conversar.

Cuando le pregunto de un solo si tenía novia, me dijo que su mamá no lo dejaba porque primero se tenía que graduar. Le pregunté si tenía pareja y me dijo que su mamá no lo dejaba (nuevamente la misma respuesta). Por lo que deduje que no tenía experiencia en lo sexual.

Le pregunté si ya había tenido experiencia en la sexualidad y me dijo que no, que lo único que hacía era jalarse el ganso. Aunque le llamaba la curiosidad, no podía, porque hasta para salir debía pedir permiso.

Le dije: «Es una lástima, yo podría ayudarte a que tuvieras tu primera experiencia». A lo que él me responde que para salir debía pedir permiso, pero que cuando iba a la iglesia podría escaparse y ver qué se podía hacer, o conocernos poco a poco para ver si surgía algo.

Quedamos en vernos un domingo, porque aprovechaba a ir a la iglesia, pero lamentablemente me dijo que solo sería algo discreto como un refresco, pues si se daba a más, algún hotel no se podría porque sería mal visto que dos hombres entraran a un hotel en la mañana.

Nos encontramos a las 8 de la mañana en x centro comercial. Nos tomamos un refresco y me dijo que le gustaría experimentar, pero le daba miedo y vergüenza.

Lo llevé a mi casa y le dije si me daba permiso para darle un beso. Me dijo que le enseñara. Empezamos a fajarnos y después ese aprendiz se volvió experto, porque daba unos besos que no se imaginan qué sabrosos se sentían. Mientras nos fajábamos, yo le tocaba su bulto y créanme que se sentía súper delicioso. Se miraba su falta de experiencia, pero eso no le quitaba el mérito de tener una excelente verga. Le empecé a bajar la cremallera y se la saqué. Al verla llena de su jugo, la empecé a mamar. Solo se reía y gemía, se movía de caderas de una forma deliciosa.

Lo desvestí y los dos estábamos encuerados, pero él solamente esperaba que yo le enseñara. Le dije que si quería que le penetrara y me dijo que no, que a él no le gustaba eso, sino meter. Bueno, lo mamé, lo ensalivé. Solo gemía esa criaturita. Lo acosté en la cama, y al acostarme él solo quería meterla. Le dije que experimentara. Me agarró de todas las formas que él de plano había visto, porque se notaba su inexperiencia. Lo cabalgué, lo hicimos de misionero, cucharita y, por último, mi preferido: patas al hombro. Lo hacía de una forma brusca, como si el mundo se fuera a acabar. Me mordía, me lamía los pies. Ese chavito estaba loco. Cuando empecé a escuchar sus gemidos, que lejos de serlo eran gritos de placer, y siento que su verga se hacía más grande, fue cuando estaba expulsando litros de semen. Y pude constatar que sí era virgen.

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