A un metro en el gimnasio

Me llamo Max, tengo 30 años, pero esto pasó en 2023, cuando tenía 27. Medía 1,70 y en ese entonces estaba más tonificado. Entrenaba en el gimnasio de Santa Cruz, Sexta Región, un pueblo chico donde casi todos se conocen. Esa tarde, de puro caliente, abrí Grindr mientras hacía mis series. Siempre me aparecían los mismos perfiles de siempre. Pero ese día uno saltó a un metro de distancia. Estaba ahí adentro. Miré alrededor. La gente de siempre, los que entrenaban a las cinco y algo. Había un par de caras nuevas, pero no me cuadraban. Le di tap igual, por si acaso. No respondió.

Llegué a la casa, abrí la app y ahí estaba el mensaje: “Hola”. Empezamos a conversar. Le conté que me había aparecido a un metro en el gimnasio. Me confirmó que sí estaba. Me mandó foto de la cara y efectivamente era uno de los locos nuevos. Se llamaba Bruno. Media cerca de 1,80, contextura gruesa, grande, unos 24 años. Yo llevaba rato sin sexo y estaba caliente. Le tiré la idea de juntarnos a ver qué onda. Aceptó. Quedamos en un callejón que conecta una localidad rural con Santa Cruz, antes de llegar al pueblo. Llegamos. Era él, tal cual la foto. Nos saludamos con un abrazo piola. Estacionamos los autos y nos sentamos en el capó del suyo a conversar de la vida. Yo ya quería puro besarlo. De repente se paró, se puso delante de mí y me plantó un beso. Fuerte. Yo le correspondí de inmediato. Besos, manoseo, más besos. Hasta que aparece un auto por el callejón y se mete a una parcela. Pasó justo al lado y fue como chucha la wea mejor movernos. Aunque después nos dimos cuenta de que esos weones iban a lo mismo, porque no se bajaron. Nos cambiamos a otra entrada de parcela. Seguimos.

Ahora ya estábamos en el asiento trasero de su auto, que era más grande. Nos sacamos las poleras. Me lamió los pezones y yo hice lo mismo. Sus manos grandes me recorrían todo el cuerpo. En poco rato quedamos sin ropa. Me senté arriba de él. Su pene se sentía rico: grueso, no tan largo. Me bajé a chuparlo, pasando la lengua para lubricarlo. Bruno me dijo Para… ponte el condón. Te la quiero meter, y le puse el condón y lubricante a su pene, y también a mi culo. Volví a montarlo, esta vez con la cabeza de su miembro justo en la entrada. Empecé a bajar despacio. Ctm, cómo dolía. Bruno se movía con calma, ayudando a que entrara. Hasta que entró completo. Empecé a moverme y él también. Estaba bueno de verdad. Estuvimos así como quince minutos. Ya se me cansaban las piernas cuando me dijo que no podía hacer otra pose, que le dolía la espalda. Antes me había contado que se había lesionado en un incendio hacía poco; era bombero. le dije que tranqui, que siguiéramos no más. Seguimos hasta que acabó dentro del condón, adentro mío. Sentí cómo le palpitaba. Se sintió tan rico. Me lo sacó, me pidió que me sentara a su lado y empezó a masturbarme. Yo ya estaba al límite, así que me fui casi de inmediato. Me pasó unas toallitas para limpiarme. En el asiento del copiloto tenía su chaqueta de bombero. La sacó y nos tapó con ella. Nos quedamos un rato abrazados ahí, en silencio. Eran como las doce y algo. Ambos teníamos que volver a casa. Nos vestimos, bajamos del auto y antes de que me subiera al mío me agarró a besos otra vez. Después cada uno se fue por su lado. Me fui contento, deslechado y bien besado. Fue la única vez que me comí con el Brunito. Después lo vi una vez en el gimnasio, nos saludamos y nada más. Después le perdí el rastro.

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