Sudado en la mañana
Otra vez Max. Año 2023. Tengo 30 ahora, pero esto también pasó cuando tenía 27. Era un día de semana y tenía libre en el trabajo, así que fui temprano al gimnasio, tipo 9 de la mañana. En Santa Cruz el calor ya se sentía fuerte y, con el calor, la calentura también. Abrí Grindr. A esa hora casi no había nadie: la mayoría estaba trabajando y, digámoslo, en este pueblo no sobran los gays. De pronto me habló un perfil que estaba a unos 8 km. Respondí. Hablamos lo típico. Se llamaba Alonso, 26 años, estaba solo en su casa y entraba a trabajar a la 1 de la tarde. Nos mandamos fotos. Le dije que estaba todo sudado del gimnasio y me contestó que fuera no más, que no era problema. Pensé: al loco le calienta eso.Vivía en Cunaco. Desde el gimnasio (Paniahue) hasta su casa eran como 15 minutos en auto. Llegué, me estacioné y toqué el timbre. Salió Alonso con un buzo gris que se le marcaba el paquete y una polera. Delgado, blanco, ojos claros. El buzo también dejaba ver que tenía un culo rico. Me hizo pasar. Ya lo teníamos claro. Empezamos a besarnos apenas cerró la puerta. Me llevó a su pieza y me tiró a la cama. Mientras nos comíamos la boca yo le agarraba el culo. Le bajé el buzo, lo di vuelta y le empecé a lamer el culito. Lo tenía rosadito, limpio, rico, Chúpame el pico le dije. Se arrodilló y empezó a pasar la lengua. Le agarré la cabeza y se lo metí hasta el fondo. Me follé su boca un rato, hasta que me empujó hacia atrás y me acostó de espaldas. Me miró, se subió arriba de mí y, sin más, se metió mi pico en el culo. De una. Ctm. Se empezó a mover y a mí me entró el diablo. Le afirmé las caderas y se lo empecé a meter fuerte, más adentro. Él gemía, yo también. Estaba rico de verdad. Seguimos así hasta que me fui dentro de su culo.(Sí, fue a pelo. Ustedes no repitan esa weá de riesgo. Gracias al universo no me pasó nada). Después de acabar me indicó dónde estaba el baño. Fui, me lavé y cuando volví él ya estaba vestido. Entendí la indirecta. Me vestí, le agarré el culo por última vez y le metí la lengua hasta el fondo de la boca antes de despedirnos. Tal como pasó con Bruno, no lo volví a ver… hasta un día que fui al banco. Estaba esperando mi número. Cuando avanzó el turno llegué a la caja y ahí estaba Alonso. Nos miramos, sonreímos como cómplices y nada más. Desde entonces no lo he vuelto a ver.
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