Cuando el gimnasio quedó vacío

Nunca pensé que algo así me pasaría en la universidad. No porque crea que soy especial, sino porque siempre pensé que esas historias les pasan a otros, a gente más lanzada, más consciente de lo que busca. Yo no. Yo solo estaba viviendo mi rutina.

Tengo veintitantos. Soy moreno, alto, con un cuerpo que se nota incluso cuando no intento que se note. Hice natación durante casi toda mi adolescencia y deporte en general, así que aunque ahora no estoy en mi mejor forma, la base sigue ahí. No soy de presumirlo, pero uno aprende a reconocer cuando la ropa se ajusta más de la cuenta y cuando ciertas miradas se quedan un segundo más.

La universidad tenía un gimnasio bastante típico de campus estadounidense: amplio, con máquinas nuevas, pesas libres, espejos enormes en las paredes y música que sonaba bajo, casi ambiental. Podías ir en la mañana o en la tarde. Yo casi siempre iba alrededor del mediodía, después de clases. A esa hora no estaba lleno, pero tampoco vacío; el punto justo donde cada quien estaba en lo suyo.

Fue ahí donde lo vi por primera vez.

Era un hombre de unos cincuenta años, más bien bajo, compacto, con un cuerpo muy trabajado. No era el típico físico exagerado, sino uno sólido, como de alguien que llevaba años entrenando con disciplina. Piel morena, músculos densos, movimientos seguros. No hacía ruido, no se exhibía, pero aun así destacaba.

Al principio no le di mayor importancia. Era solo alguien más del gimnasio.

Hasta que semanas después entró a mi salón de clases.

Se presentó como el profesor de Principios de Física II. Recuerdo que me tomó por sorpresa reconocerlo de inmediato. Me costó un segundo unir las dos imágenes: el hombre concentrado entre pesas y el profesor serio frente al pizarrón. En clase era reservado, directo, muy estructurado. De vez en cuando soltaba algún comentario seco que hacía reír al grupo, pero siempre regresaba al tema.

La verdad es que nunca fui bueno para la física. Me costaba trabajo seguir algunos temas y tenía que poner mucha atención para no perderme. Me sentaba con compañeros que sí entendían mejor y, más de una vez, me ayudaban en voz baja mientras él explicaba. Yo trataba de seguir el ritmo, anotando todo, concentrado de verdad.

Noté que el profesor se daba cuenta. Varias veces su mirada pasaba por nuestra fila cuando alguno de mis compañeros me explicaba algo. No decía nada. No corregía. Simplemente seguía con la clase. Eso, curiosamente, me tranquilizaba.

Con el paso de las semanas, la coincidencia en el gimnasio se volvió constante. Yo seguía yendo al mediodía, a veces solo y a veces con amigos de la carrera. Entrenábamos juntos, bromeábamos, nos turnábamos las máquinas. Todo normal. Él casi siempre estaba ahí también, en su rutina, sin interactuar con nadie.

Fue entonces cuando empecé a notar algo raro.

No incómodo. Solo… distinto.

En los espejos del gimnasio, a veces veía su mirada pasar por mí. No era fija ni descarada. Era rápida, casi cuidadosa. Cuando coincidíamos visualmente, la apartaba de inmediato. Como si no quisiera que yo notara que había mirado. Al principio pensé que era mi imaginación. Luego pensé que quizá solo estaba viendo el espacio, como cualquiera.

No le di importancia.

Nunca hizo nada fuera de lugar. Nunca dijo nada en clase. Nunca cruzó una línea. Y aun así, algo se iba acumulando lentamente, sin que yo supiera bien qué era. Tal vez era solo curiosidad. Tal vez era el contraste entre verlo explicar fórmulas con voz firme y verlo cargar peso en silencio.

Con el tiempo, cambié mi horario de entrenamiento. Empecé a ir por la tarde, entre seis y siete, cuando el gimnasio estaba casi vacío. El ambiente era distinto: menos ruido, menos gente, más eco. Fue entonces cuando volvimos a coincidir, ya sin amigos alrededor, ya sin distracciones.

Esa noche llevé mochila. Tenía otro compromiso después y decidí ducharme ahí mismo. Mientras caminaba hacia los vestidores, pensé que solo era una decisión práctica.

Segunda parte, pronto

¿Te gustó el relato?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 3.8 / 5. Recuento de votos: 45

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

💬 Escribe un comentario

2 Comentarios

  • Anónimo
    diciembre 27, 2025 a las 7:43 pm

    Segunda parte ya por fi

  • Anónimo
    diciembre 28, 2025 a las 1:02 am

    Si segunda parte

💬 Deja tu comentario

×

Reportar Relato

SALTAR AVISO