Mi hermano mellizo
Hola a todos, me llamo Enzo. Es la primera vez que voy a contar esto a alguien, pero siento la necesidad de hacerlo hace años y encontré esta web donde sé que nadie juzgará; es más, les gustará. Es un relato bastante largo, pero merece la pena. Si les gusta, tengo para varias partes, jeje.
Esto pasó hace unos 12 años. Actualmente tengo 30. En mi familia somos: mis padres, mi hermano mellizo y yo, ya que nuestra madre nos abandonó cuando teníamos 3 años. Esto es importante porque, como solo estaba mi padre, él era el único que traía dinero para mantenernos y se la pasaba prácticamente todo el día trabajando. Mi hermano y yo, como pone en el título, somos mellizos (que no gemelos). Sin embargo, siempre nos han dicho que nos parecemos bastante: los dos somos de pelo castaño, altos (él mide aprox. 1,82 y yo 1,84), siempre nos han dicho que somos bastante guapos; es más, de adolescentes éramos modelos de anuncios en mi país. Somos de tez blanca y tenemos los ojos marrones muy claros (ahora lo llaman hazel, jaja).
Mi padre, mi hermano y yo vivíamos en una casa no muy grande, ya que no teníamos mucho dinero, pero estaba bien. Tenía dos pisos y un jardín pequeño antes de la entrada a la puerta principal. Bueno, ya basta de contexto, ahora empieza la historia.
Mi hermano y yo estuvimos siempre muy unidos: íbamos a la misma escuela e hicimos el mismo deporte (rugby) en el mismo equipo. Por lo general, después de los entrenamientos el equipo se ducha en los vestuarios, pero a mi hermano siempre le dio vergüenza y era de los únicos que no se duchaba allí. Eso me hacía sospechar. Ambos teníamos muy buen físico por el deporte, y yo ya lo había visto en casa muchas veces solo en calzones. Y bueno, ahí es inevitable no fijarte nunca en las partes íntimas, jaja. Y la verdad, parecía bastante dotado, por lo que no llegaba a entender por qué le daba vergüenza. Me daba mucha curiosidad, pero jamás le pregunté nada.
A los 18, él dejó el rugby pero yo seguí. Esto es importante porque, como mi padre no estaba en casa hasta la noche y yo entrenaba casi todos los días, él se quedaba solo en casa la mayor parte del día. Yo siempre entrenaba después de ir a la escuela. Tenía que agarrar un colectivo para ir al campo de rugby; tardaba unos 40 minutos en llegar. Pero un martes, al llegar, me dijeron que se había cancelado el entrenamiento, por lo que no tuve otra que irme a casa desde allí.
Mi hermano y yo dormíamos en la misma habitación (en el piso de arriba). Cuando llegué a casa, para mi sorpresa, lo primero que oí fueron unos “gritos” que venían de nuestra habitación. Subí las escaleras lentamente para que no me escuchara. La puerta estaba entrecerrada, así que la abrí un poquito más para ver qué estaba pasando. No podía creer lo que estaba viendo: mi hermano se estaba pajeando con mis medias de rugby mientras olía uno de mis calzoncillos (que recuerdo haber echado a la canasta de lavar el día anterior).
Me quedé impactado por unos segundos, no sabía qué hacer. Pero ver a mi hermano mellizo clavándose la paja mientras olía mi ropa interior hizo que me pusiera muy caliente. Ahí se me empezó a parar; la tenía como un tronco mientras veía a mi hermano haciendo todo eso. De repente, empezó a gemir mucho más fuerte y vi cómo puso mi calzón delante suyo para correrse sobre él. Era la primera vez que le veía la pija a mi hermano, y era mientras se hacía una paja. La tenía, aprox., de unos 16-17 cm y soltó 2 chorros de semen sobre lo que era mi calzón. Me quedé loco, no lo podía creer, pero estaba súper caliente. En eso, procedió a lamer el calzón lleno de semen y vi que empezó a cambiarse. Ahí bajé lo más rápido que pude sin hacer ruido para que no me viera ni escuchara.
Yo ya estaba abajo, haciendo como que entraba a casa, ahí es cuando él empezó a bajar las escaleras. En ese momento cruzamos miradas y rápidamente escondió mi calzón detrás de su espalda; seguro estaba pensando: “¿Me habrá oído?”. Yo me quedé paralizado en la puerta y vi cómo, de repente, me miró el bulto (yo la tenía súper dura y se me marcaba porque llevaba los shorts de rugby). Me dijo: “¿Qué hacés acá?”. A lo que yo respondí: “Cancelaron el entrenamiento”. Me respondió: “Ah, bueno, voy a la cocina” (ahí teníamos la canasta de la ropa) y le dije: “Okey, yo voy a la habitación”.
No podía parar de pensar lo que acababa de ver. “¿Mi hermano fantaseaba conmigo?” No entendía nada. “¿Por eso no quería bañarse en los vestuarios?” No sé qué pasaba, pero a mí la situación me ponía muy caliente. Esa noche, cuando nos fuimos a acostar, seguía pensando en si decirle algo sobre lo que había visto. Al final, decidí callarme durante unos días.
Estuve pensando durante algunas semanas qué hacer con la situación de mi hermano. Me imaginé mil escenarios de yo y él besándonos y haciendo más cosas (nunca antes me había planteado estar con un chico), pero mi hermano, a partir de ese momento, me hacía dudar. Verlo sin camiseta en casa me ponía caliente, pero no me atrevía a decirle nada. Empecé a buscar porno gay por internet y la verdad me sorprendió lo gorda que se me ponía la pija al ver a dos hombres besándose.
Un día decidí no ir a rugby para ver si lo que hacía mi hermano cuando estaba solo era una práctica habitual. Tardé un poco en llegar a casa para que no sospechara. Una vez llegué, abrí la puerta despacio para que no me escuchara, y lo primero que me encuentro es a un chico (pongámosle Mateo) semidesnudo en el sofá, con mi hermano completamente desnudo arriba de él. Ahí ya me di cuenta de que no era solo conmigo (definitivamente era gay). Por alguna razón, me puse medio rabioso, pero lo único que me salió fue un grito, cerré rápidamente la puerta y me fui a dar un paseo.
Unos minutos después, me llegó un mensaje de mi hermano diciendo que por qué había ido a casa, y le dije que no quería ir a rugby, que me sentía mal. Él me contestó que ya podía ir a casa, que Mateo se había ido. Llegué a casa y lo primero que me dijo mi hermano fue: “Por favor, no le digas a nadie lo que viste”. Mi hermano no es nada afeminado, todo lo contrario, y verlo así, pidiéndome por favor, implorándome que no dijera nada, no sé por qué me puso muy caliente. Yo le contesté: “Tranqui, no voy a decirle nada a nadie. Somos hermanos, podés confiar en mí siempre”. Él estaba aún en ropa interior, y al escuchar eso me dio un abrazo muy grande: “Gracias, Enzo, de verdad te debo algo…”. A mí me puso aún más cachondo que me estuviese abrazando semidesnudo.
Llegó la noche, nos fuimos a acostar. En mi cabeza no paraba de venir la escena de él con mi ropa interior pajeándose. En un momento me arriesgué y le dije: “Ey, ¿estás despierto?”. Me contestó: “Sí, ¿por qué?”. Prendí la luz y dije: “Tengo una cosa que decirte”. Y me dijo: “¿El qué?”. Le dije: “Sé que te hacés pajas pensando en mí, te vi el otro día con mi ropa interior…”. Hubo un silencio incómodo… Me dijo: “No es lo que pensás…”. Y antes de que terminara la frase, le dije: “No pasa nada, seguí haciéndolo, me puso muy caliente verte”. Se quedó rojo de la vergüenza y vi cómo se le puso medio dura. En ese momento, me quité la ropa interior que tenía y le dije: “Hacete una paja delante mío ahora mismo y no le digo a nadie lo de Mateo”. En ese momento estaba temblando por dentro, porque no me podía creer lo que le estaba diciendo a mi propio hermano. Sin embargo, él accedió. Agarró mi ropa interior y empezó a gemir mientras se hacía una paja con el calzón. Dios, cómo me puso ver cómo se hacía la paja con esa pija toda blanca, grande, gorda y con la punta rosita. Él vio cómo mi pija blanca y larga (de aprox. 17-18 cm) se empalmó. Lo que me dijo me volvió loco: “¿Querés que te la chupe?”. ¿¡Mi hermano me acababa de decir que me la quería chupar!? Me tomé mis segundos, pero le dije: “Sí”. Era la primera vez que me la iban a chupar, e iba a ser mi mellizo…
Yo me senté en mi cama, él se paró, se puso de rodillas frente a mí y empezó a metérsela en la boca. Empecé a ver el cielo, qué rico la chupaba el cabrón. Me vine en 1 minuto, me intenté apretar, pero él no se dejaba y me corrió dentro de su boca. Dios, qué placer sentía. Él se tragó todo y me dijo: “Llevaba queriendo hacer esto desde hace mucho”. Me dejó loquísimo. Él estaba todo sudado, luego agarró de nuevo mi calzón y se corrió en él en segundos. No sé por qué, pero yo solo podía sonreír. Él me dijo: “Ojalá hagamos esto más días” y me dio un besito en el cuello. Vi cómo él se acostó y se durmió, pero yo no pude dormir en toda la noche, pensando en lo que habíamos hecho…
Bueno, que sepan que esto duró hasta que tuvimos 20, así que si quieren saber qué más cosas pasaron durante la mejor época de mi vida, díganme y continúo la historia.
9 Comentarios
Anónimo
enero 2, 2026 a las 6:06 pm¿Que pasó después?!
Anónimo
enero 2, 2026 a las 6:07 pmQueremos más
Joshe
enero 2, 2026 a las 10:13 pmMe encantó, quiero saber que paso en esos años me exitan mucho las historias cachondas así
Anónimo
enero 3, 2026 a las 2:18 pmEstá noche sigo contando como siguió la cosa 😉
Anónimo
enero 2, 2026 a las 10:55 pmCuenta más que paso después me ponen hoy estos relatos
Anónimo
enero 3, 2026 a las 2:19 pmEstá noche sigo contando como siguió la cosa 😉
Anónimo
enero 3, 2026 a las 1:04 amCuenta más me gustan éstos relato así 🤤🤤🤤
Anónimo
enero 3, 2026 a las 2:22 pmEsta noche escribiré que más cosas pasaron después de esto
Anónimo
enero 4, 2026 a las 7:09 pmCuenta mas por favor