El vecino fue a mi casa

Siempre leo los relatos de esta página y me animé a escribir el mío. Intentaré ser breve.

Tengo 36 años, intento mantenerme en forma; desde hace años voy al gym y llevo una vida de soltero. Vivo solo y tengo una hija que veo todas las semanas. Mi hija hace karate y, por coincidencias de la vida, en el grupo en el que está hay un vecino más chico que yo, al que había visto varias veces en el barrio, al punto de saludarnos cada vez que nos encontrábamos por la calle. Él se llama Alejandro, tiene 19, es delgado, de cuerpo tonificado y bonito de cara. Yo desde hace tiempo que descubrí el mundo gay y, a pesar de ser alguien discreto, debo reconocer que lo disfruto bastante.

Cada vez que nos veíamos con Alejandro, sentía que me miraba harto, y un día noté claramente que me miró la entrepierna —supongo yo porque se me marcaba el paquete. Eso me causó curiosidad en él, y el morbo aumentó cuando lo vi en karate. Al final del entrenamiento, comencé a llevarlo en auto hasta su casa, ya que vivíamos cerca.

Las conversaciones eran fluidas y nos llevábamos bien. Un día de aquellos, me terminó de calentar el hecho de que usaba un pantalón muy ajustado, haciendo notar su paquete y su culo redondo. Tanto se le marcaba todo, que sus nalgas absorbían el buzo azul marino, metiéndose entremedio de sus cachetes. Antes de ese día, habíamos hablado sobre unas pesas que le iba a regalar, y ese día, al verlo, supe que era el momento para decirle que pasara a mi casa para entregárselas. Llegamos y, al bajarse del auto, pude ver cómo se acomodaba el pico y se levantaba el buzo, provocando que todo se le viera mejor.

Esa tarde, como estaba mi hija, no pasó nada, pero fue la primera vez que entraba a mi casa. Le dije que cualquier cosa que necesitara me hablara. Intercambiamos WhatsApp y me escribía seguido. Yo tengo una trotadora y una máquina de pesas en mi casa para ejercitar, y como las vio, a los dos días me preguntó si podía venir a ejercitar de vez en cuando. Le dije que sí, y me preguntó cuándo podía ir. Le dije que llegaba a casa en un rato y que le escribiría cuando estuviera en casa. Cuando llegué, le avisé, y no pasaron ni diez minutos cuando toca el timbre.

Andaba con una sudadera blanca y unos shorts negros sueltos, pero cortos, que hacían notar sus piernas musculosas y peludas. Yo me había puesto ropa deportiva también, compuesta por una polera sin mangas y un buzo gris que me queda apretado, para ver si le llamaba la atención. Creo que así fue, porque me miró apenas llegó, de pies a cabeza. Le dije que hiciéramos alguna rutina piola y empezamos a ejercitar.

En el ambiente había tensión y, aunque no decíamos nada, era evidente que nos mirábamos mucho de la cintura hacia abajo. El tiempo avanzó en eso y, al terminar, le ofrezco la ducha, mientras me sacaba mi polera, quedando a torso desnudo. Fue ahí cuando me dijo que tenía buenos pectorales.

Yo: Gracias, no creo que tanto, pero gracias. ¿Los tuyos cómo están?
A: No tengo, soy flaco…
Se levanta su polera mostrando su abdomen marcado.
Yo: Pero tienes buen cuerpo… Estás durito parece wn. A ver…
Me acerco a tocarle el abdomen y se dejó cómodamente. Subo a sus pectorales también.
Yo: Aquí te falta un poco.
Le digo en tono de broma.
A: Si, te dije… En cambio tú…
Estira su brazo hasta tocar mi pectoral, lo que hizo que el pico se me empezara a parar un poco.
Yo: ¿Te gustan?… Qué weko se ve esto, ¿no?
Alejandro se ríe sutilmente, sin decir nada, pero retirando su mano.
Yo: ¿Entonces te duchas primero?
A: O duchémonos juntos.
Me dijo “bromeando”.
Yo: Yo no le doy color.
A: Yo tampoco.
La verdad, no me esperaba esa respuesta.
Yo: ¿Se te cae el jabón?
A: No pasa ná, te gustaría, parece.
Yo: No diré nada, mejor.
Le digo, mientras voy hacia la pieza a buscar una toalla.
En ese momento, ya estaba caliente por la situación, y voy de regreso solo en toalla y le paso una toalla a él.
Yo: Voy a ducharme entonces, después vas tú…

Me bañé lo más rápido que pude y, al salir, me paseo por la casa solo en unos calzoncillos blancos. Alejandro estaba sentado con sus piernas abiertas y marcando su paquete con exageración. Se le veían sus cocos marcados y apretados, y su verga formando una carpa en su short. Se levanta y su erección era notoria. A esa altura, mi pico comenzó a asomarse por debajo del calzoncillo lentamente.

Alejandro se demora en ir al baño, como si quisiera hacer algo que no se atrevía. Lo conduzco al baño, le explico cosas X y, al final, muy cerca de él, le digo que me llame si necesita algo. Miro de reojo y estaba con el pico todo parado, al igual que yo. Me acomodé el pene, dejando mi glande saliendo del calzoncillo, y veo cómo se empieza a sobar su erección, para dar paso en silencio a tocarme la verga. Lo sigo haciendo lo mismo: meto mi mano debajo de su short y le empecé a tocar la verga y los cocos, que podía sentir que estaban húmedos… Él lanza un pequeño quejido y pone su cuerpo junto al mío, con su cara en mi cuello.

Comenzamos a mover nuestras cabezas hasta lograr besarnos y, junto con eso, a rozarnos los picos, quedando sin nada y haciendo espadazos, mientras seguíamos besándonos la boca, el cuello y las tetillas. Mis manos luego fueron hasta sus nalgas redondas y duritas, empujándolo hacia mí. Él comenzó a hacer lo mismo, tanto que quiso ir más allá y, con sus dedos, me empezó a tocar el hoyo. Mi culo está rasurado y suelo ser más activo, así que lo tengo apretadito. Sin perder más tiempo, hice lo mismo en él. Al fin podía sentir, aunque sea con mis manos, lo que escondía entremedio de esos tremendos cachetes… Su ano se sentía peludo y húmedo. Quise chuparme los dedos para sentir su sabor y, a la vez, mojar mis dedos para dedear ese hoyo.

Alejandro gemía mucho y le ofrezco mi verga para que la chupara, si quería. Se agacha y comienza a hacerme sexo oral; se notaba con experiencia. Me decía que lo tenía grande y grueso (me mide 16 cm y es grueso y muy cabezón, depilado). Lo hacía muy rico; me chupó todo, hasta los cocos, y aguantaba cada embestida que hacía en su boca. Después, bajé yo a chuparle el pico. Su pico era de unos 18 cm.

El baño ya no era cómodo y le digo que vayamos a la pieza. Antes de entrar a la pieza, me agacho detrás de él e impulsivamente busqué su ano para lamerlo. Sus nalgas eran hermosas y, si bien puso cierta resistencia al principio, terminó en cuatro sobre mi cama, dándome culo. Todo siguió en mamadas y besos en distintas poses: en 69, patas al hombro, etc.

Pasó un buen rato y acabamos sin habernos penetrado, pero no fue necesario, porque ambos quedamos más que satisfechos de nuestra primera experiencia juntos. Alejandro, después de eso, se duchó y, antes de irse, nos despedimos de beso y quedando de acuerdo en hacer algo otra vez.

Y en eso quedamos hasta ahora… Cuando pase algo más, se los cuento por acá.

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1 Comentario

  • Anónimo
    enero 20, 2026 a las 1:15 am

    me gustan estos relatos con diferencia de edad sin que parezca pelicula incestuosa jaja

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