La ruta del Cruising

Se terminó la temporada de vacaciones y volví a trabajar a la ciudad capital. Para eso tengo que tomar transporte público: un colectivo (o bus, no sé cómo le dicen donde viven) y luego un tren.

Los vagones del tren suelen estar llenos a hora pico, y eso da la posibilidad de morbosear un poco. Eso fue lo que pasó: un muchacho que estaba detrás mío se me puso adelante y me empezó a acercar el culo. Yo con una mano sostenía el celular, con la otra me agarraba del pasamanos de arriba. Luego cambió de posición y comenzó a tocarme el bulto… Fue excitante, enseguida hizo que me mojara de pre. Se bajó en la otra estación. Seguí mi viaje, fui al trabajo.

Al mediodía salí, pasé por una estación de otra línea de tren que siempre se presta para «cruzar». El problema es que va tanta gente, y a veces los de seguridad, que mucho no se puede hacer. Pero siempre se llena de hombres jalándosela y exhibiendo sus vergas duras al compañero de al lado. Fui, salí excitado de ahí, pero no hubo posibilidad de hacer nada. Crucé la avenida y fui al cementerio que está en esa parte de la ciudad. Sabía desde hace tiempo que era un lugar para hacer cruising, pero me había costado hasta hace poco darme cuenta dónde estaba la movida. Ahora, hace poco aprendí. Fui a uno de los baños cerca de la puerta principal. Enseguida vi que había un hombre sentado en un banco cerca del baño. Entré a los mingitorios y al rato vino el señor, sacó su verga y empezó a sacudirla. Se la tomé con una mano y luego empecé a mamársela; no me dejaba salir. Como está muy cerca de la entrada principal, tenía miedo de que alguien entrara, pero él me sostenía la cabeza para que siguiera tragándola. Me dijo: «¿Qué pasa, no querés leche?». Le dije que sí. Entonces me dijo: «Chupa, que ya viene». Volví a tragármela; solo llegué a sentir la primera gota cuando otro hombre entró al baño. Rápidamente volvimos a hacer como si no hiciéramos nada, pero lo vi al señor acabando en su urinal. Acabó y se fue.

El otro hombre que había entrado se estaba pajeando; evidentemente quería jugar también. Salió de su cubículo, se paró al lado mío en los urinales y empezó a pajearme. Con una mano me pajeaba y con la otra me empezó a tocar el culo, y luego me empezó a meter el dedo adentro. Hacía bastante que no acababa; la situación me excitó, le pedí que me pajee más fuerte y acabé, unos seis o siete chorros. Mi respiración estaba agitada y apoyé la cabeza contra la pared. El hombre, muy excitado, enseguida acabó también.

Ya me daba por satisfecho. Tenía que volver a tomar el tren; sabía que, cortando camino atravesando el cementerio, podía acercarme a una de las estaciones. Cuando me estaba acercando a una de las salidas, por una zona donde no circulaba tanta gente, pasa un muchacho de unos 20 y pocos en bicicleta, con pantalón corto. Rápidamente hicimos contacto visual. Se bajó de la bicicleta, yo miré hacia atrás y lo vi doblar en la esquina. Ya había acabado, estaba tranquilo, pero el muchacho estaba —como decimos acá— re fuerte. Doblé la esquina. Él se tocó la entrepierna; lo seguí. Tomó un camino en el que había muchos árboles y una pared alta llena de nichos de personas que han sido depositadas ahí. Debajo de una palmera, empezamos a besarnos. La pija se me puso dura de nuevo. Me agaché y empecé a mamársela. Tenía una pija muy rica. Le dije que se dé vuelta, saqué mi verga dura y empecé a empujarle y a tocarle el culo. Pero donde estábamos podrían vernos; él me dijo que conocía un buen lugar. Caminamos más adentro en el cementerio y llegamos a una especie de bosque. No había nadie y estábamos cubiertos y lejos de la gente. Enseguida me la empezó a chupar con muchas ganas. Me pidió la leche; le dije que recién había acabado. Me dijo que la quería igual en la boca, que no le importaba que salga poca. En una de esas, le volví a pedir que muestre el culo. Tenía puesto un suspensor; lo volví a apoyar. Me mojé la verga con mi saliva y lo empecé a coger. Al flaco le gustaba que le dé duro; le di unas buenas embestidas. Él me pedía que lo coja fuerte, y eso hice.

Le hablaba sucio al oído, lo agarraba del pelo; con cada empuje sonaba en sus nalgas hermosas y redondas. Le besaba el cuello y le mordía la oreja. Entonces me dijo: «Voy a acabar». Lo empecé a pajear mientras lo cogía, y acabó. Yo intenté, pero no pude acabar. Me dijo que no había problema, que ya lo había cogido bien. Nos levantamos los pantalones; él me contó algunos tips de cómo coger en el cementerio, en qué horarios y lugares se puede hacer de todo, y quedamos en volver a cruzarnos. Yo me fui; a la salida, él me dijo que iba a buscar alguna otra pija para chupar. Era muy puto, un putito hermoso.

Esa fue mi aventura de hoy. Mucho mejor de lo que me esperaba; ahora que tengo más data de cómo es la movida en el cementerio, podré disfrutar de mejores y más calientes experiencias.

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2 Comentarios

  • Anónimo
    febrero 6, 2026 a las 5:27 am

    Excelente experiencia y relato contado…
    Qué ciudad es??

    • Anónimo
      febrero 7, 2026 a las 2:24 am

      Parece referirse a capital y al cementerio de chacarita

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