El pasajero misterioso

El pasajero misterioso

Para comenzar, no es la típica historia explícita… pero sí tiene ese toque de tensión que te deja pensando más de la cuenta. Y, siendo sincero, también es como un llamado… por si algún día aparece de nuevo ese pasajero misterioso.

Resulta y resalta que hace unas semanas, como de costumbre, iba camino al trabajo en la misma locomoción de siempre. Ese lunes todo cambió. Se sube un hombre guapo, cruzamos miradas, o al menos eso sentí, y fue de esas miradas que duran un segundo más de lo normal… lo suficiente para incomodar, pero también para encender algo.

Yo iba sentado al lado izquierdo y él se sentó en paralelo, al lado derecho. No dijimos nada, pero había algo en el ambiente. Un juego silencioso. No alcanzaron a pasar muchas cuadras cuando se bajó, pero dejó esa sensación rara… como de “esto no terminó acá”.

El martes volvió a aparecer. La micro iba llena, pero yo iba sentado en la orilla. Se sube… y esta vez se queda justo a mi lado. Muy cerca. Demasiado cerca. Al principio pensé que era coincidencia, pero con el movimiento la locomoción empezó el roce. Su cuerpo contra el mío, suave, casi accidental… hasta que dejó de parecerlo.

De pronto, sentí claramente su paquete rozando mi hombro. Ufff… se me aceleró todo. No sabía si mirar, hacerme el loco o simplemente dejar que pasara. Me quedé quieto, pero por dentro estaba en otra. Él tampoco se movía. Como si ambos estuviéramos entendiendo lo que estaba pasando sin necesidad de decirlo.

Se bajó a las pocas cuadras… otra vez dejándome con la cabeza llena de ideas.

Pero el miércoles fue otra cosa.

La locomoción iba completamente llena, así que me tocó ir de pie, en la puerta trasera. Iba distraído en mi celular cuando se abre la puerta… y de la nada, lo siento. Otra vez él. Se subió justo detrás mío. Al principio mantuvo cierta distancia, pero con el movimiento de la locomoción su cuerpo comenzó a pegarse al mío. Nuestras piernas rozándose encontrándose con cada frenada. Era un juego peligroso… disimulado por la gente, pero demasiado evidente para nosotros.

El roce se volvió constante. Intenso. Como un perreo lento, contenido, donde nadie decía nada pero el roce de las piernas se sentía. Yo ya no estaba pensando en nada más. Hasta que se desocupó un asiento y me senté. Necesitaba respirar… o eso creía.

Había dejado mi mochila atrás en el piso de los últimos asientos antes de la puerta, así que tuve que pasar por su lado. Le pedí permiso. Me miró… y esa mirada fue distinta. Más directa. Más cargada. Me dijo “adelante”, casi en voz baja. Y cuando pasé… lo noté. Imposible no hacerlo. Su paquete se marcaba claramente en el buzo gris que utilizaba. Más que antes. Mucho más. Ahí entendí que no había sido casualidad. Y tampoco fui el único que lo sintió.

Desde ese día no lo he vuelto a ver. Han pasado semanas… pero todavía recuerdo esa sensación, esa tensión, ese juego sin palabras.

Y no voy a mentir… Si vuelve a subirse a esa locomoción, esta vez no sé si me haría el distraído.

Saludos.

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2 Comentarios

  • Anónimo
    abril 8, 2026 a las 9:56 pm

    Esa micro es de Conceee sjsjs ojalá te vuelvas a encontrar con él 7u7

    • Anónimo
      abril 9, 2026 a las 9:40 am

      Ups… Si jajajaja

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