El Teniente

Les comenté en un relato que soy casado y, aunque ahora he dejado las aventuras, solo me queda redactarles mis memorias.

En cierta ocasión, mi esposa decidió ir a cuidar a su madre. Aunque me opuse, me descuidó demasiado, diciéndome que su madre era primero. Para distraerme, abrí Facebook y vi muchas recomendaciones de amistad.

Entre ellas me apareció un chavo súper bello. Me encantó, le hice solicitud de amistad (le pondré de nombre Carlos) y le envié mensaje.

Entre tanta plática, le solté la provocación, y empezamos a contarnos nuestras cosas. Me dijo que es teniente de infantería y que tenía 22 años. Me envió fotografías de él y quedamos en vernos un día X.

Cuando nos vimos por primera vez fue algo tan bello; no hubo nada más que conversación.

La segunda vez, quedamos en que él se vendría a vivir a mi ciudad, y pues lo invité a un hotel.

Ese hotel era súper bello. Lo primero que hice cuando llegamos fue…
— Bueno —me dijo él—, no venimos a jugar, sino a disfrutarnos. Empiece usted primero.
— ¡A la gran, mi amigo! —le dije—. Sí que la tiene súper (mide como 19 cm, bellísima. Él, por ser teniente, hace mucho ejercicio, tiene el cuerpo marcado y unas piernas deliciosas, al igual que su trasero. Pero yo me enfoqué en su hermoso pico).
— Dele lo que sabe hacer —me dijo.

Le bajé el pantalón y me puse a disfrutar lo que él me ofreció: un pico grueso, con su cabecita deliciosa y unas bolas súper hermosas.

Me la metí a la boca y me hizo sentir que me desgarraba la garganta, pero seguía disfrutando. Y él ni se diga: ese sube y baja con mi boca lo hacía gemir con delicia. Me tomó de la cabeza y me empujaba profundamente.

— Póngase en cuadro —me dijo, a lo que, ni lento ni perezoso, me desnudé y le ofrecí mis nalguitas. (Eso sí, siempre con protección.)
— Dele despacio —le dije—, lubríquela. Aunque ya tengo algunos kilómetros recorridos, mi esfínter es muy cerrado.
Él gemía y decía que estaba delicioso porque estaba apretadito.

— Acuéstese en la cama —y ahí me enseñó cómo se hacen los disparos en el ejército. Puso mis piernas en sus hombros y me dio una embestida de padre y señor mío. Me batía los intestinos con tanto delirio, que me hizo agarrar las nubes con las manos.

Yo sentía cómo se inflaba su pico, anunciando la llegada de su delicioso néctar, que deseaba tragármelo.
— Ya voy a terminar. ¿Lo preño? —preguntó.
— No, démelos en la boca.

Se quitó el preservativo y me dio su leche en el pecho y en la cara. Lo tomé con mis dedos y lo disfruté. Cabe mencionar que me dio tres rondas así, sudado, porque pasaron como 5 minutos después del primero y ese palo quería más.

Me sometió, y yo me sentía súper bien porque me sometió. Me daba nalgadas, me chicoteaba con su pico en la cara, en las nalgas, y eso me prendía.

Nos bañamos y nuestro idilio siguió por 2 años, hasta que me descubrió mi esposa y se me armó un lío. Le confesé a mi esposa mi orientación, a lo que, por nuestros hijos, me dijo que siguiéramos casados y que dejara mis puterías.

Ella le reclamó al muchacho y quedó de enemigo. Con el tiempo, él me escribió y me dijo que dejáramos todo en el pasado. Ahora está en el Army de los EU, y conversamos. Aunque ya tiene una nueva pareja, nos saludamos y conversamos, recordando todo lo que vivimos. Pues, mientras duró, fue un cuento de hadas, porque es un macho que sabe coger.

Seguiré compartiendo mis memorias con ustedes. Mi correo es tgkevinr@gmail.com. Les dejo foto de mi amado teniente.

EL TENIENTE

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2 Comentarios

  • Anónimo
    enero 20, 2026 a las 3:22 am

    Qué rico comiste hehe amé

  • Anónimo
    enero 20, 2026 a las 10:08 am

    Cuenta otras historias

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