Encuentro a ciegas: La visita del Uber

Me llamo Andrés, 37 años, un gordo caliente que hoy no aguantaba más las ganas. Abrí Grindr buscando que un hueón me destrozara, quería puro mambo y que un flaite me diera vuelta el paraguas.

Ahí apareció el perfil: «Uber x Lukas». Era Felipe, un cabro de 26 años, 1.95 m de puro nervio y 90 kg. Me dijo clarito que andaba de paso y que quería un mariconcito para puro ensartárselo, que le habían contado que yo era «buena para el manguaco».

A las 23:30 se dejó caer en mi depa. Cuando abrí, el morbo me pegó de entrada: el loco venía encapuchado y con pasamontañas, como si viniera a asaltarme. Me miró de arriba abajo y me soltó de una: —»Ya po, conchetumadre, si no vine a conversar, ponete en posición no más»—.

Se bajó los pantalones y me tiró el pedazo de pico en la cara: 18 cm de pura vena, grueso como él solo. El olor a hombre y el cuero del pasamontañas me tenían loco. Me lancé a mamárselo con una desesperación que ni yo me conocía. Empecé por la cabecita, lamiendo todo ese borde hinchado, hasta que se la chanté completa en la garganta.

El loco me agarró del pelo fuerte y me empezó a dar cara de perro mientras me decía: —»Eso, chupámela toda, puta culia… me tenís la pija entera mojada con tu baba, tragátela hasta el fondo, maraco cochino»—. Así me tuvo 20 minutos, dándole y dándole, mientras él se quejaba ronco del placer.

En un momento, me separó de un empujón y me mandó: —»Ya, buscate un gorro y lubricante, que te voy a dejar el hoyo como bostezo. Sentate en mi bicho ahora mismo»—.

Le puse el condón con los dientes, me eché lubricante en el nudo y me dejé caer. ¡Uff, qué manera de abrirme las carnes! Sentía cómo ese tronco me iba estirando todo por dentro. Empecé a cabalgarlo con ganas, y él me agarraba las tetas y la guata mientras me gritaba: —»¡Eso, mové ese culo gordo, perra! ¡Comételo todo, que te gusta que te lo metan fuerte, cierto puta!»—.

Después de 15 minutos dándole arriba, el hueón se paró de la cama, me tiró en cuatro y me la zampó de un solo viaje, sin asco. Sentí que se me salían los ojos. —»Apretame el bicho, apretame el hoyo, quiero sentir cómo me agarrái la cabeza con el nudo»—, me decía al oído mientras las estocadas eran cada vez más rápidas y brutas.

El sonido de su pelvis chocando contra mis nalgas se escuchaba en toda la pieza. Ya no daba más, el loco estaba poseído. —»¡Me voy a ir, me voy a ir adentro de este hoyo rico, puta culia!»—, gritó, y sentí cómo la verga se le ponía de fierro. De pronto, sentí los 5 chorros de leche caliente llenándome el culo, mientras él se desplomaba encima mío, todavía encapuchado y respirando como un animal.

Perdón por lo largo o latero pero es mi primer relato, saludos

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1 Comentario

  • Anónimo
    enero 26, 2026 a las 4:28 pm

    Excelente rélato, que rico los pendejos así flaite y tulones…

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