Mc cola
- 1Mc cola (este capítulo)
- 2Mc cola: El gaga
Todo empezó por las lucas. En el 2012 yo tenía 18 años y trabajaba en un local de comida rápida en pleno barrio universitario de Santiago. Mi meta era simple: agarrar todos los turnos de cierre posibles para que el sueldo valiera la pena. El ambiente en el local era intenso; entre nosotros bromeábamos con que era el «Mc Cola» porque casi todos mis compañeros eran gay o lesbianas. Yo me sumaba a las tallas y al leseo constante, pero por dentro estaba en ese limbo de los 18, sin saber realmente qué me gustaba.
Esa noche de viernes, el cansancio nos pasó la cuenta, pero las ganas de carretear fueron más fuertes. Al bajar la cortina, una compañera que tenía dos hijos nos invitó a su casa. Para nosotros era el plan perfecto: ella podía estar pendiente de los niños y nosotros podíamos tomar tranquilos. La consigna era fiesta de disfraces, así que pasé a buscar a mis amigos del colegio. Uno de ellos se fue en la volada y llegó producido como Lady Gaga en Applause, con la cara pintada entera; los otros dos, el Ponce y el Osha, fueron de civil conmigo.
Llegamos a la casa y el Jano ya estaba ahí. Al principio la cosa fue súper normal, una junta de compañeros de pega. Nos sentamos en un rincón con el Jano, el Osha y el Ponce a tomarnos las primeras piscolas. Conversamos de las típicas cosas del Mc: de qué jefe era más negrero, de los clientes pesados que llegaban a última hora y de quiénes se habían agarrado en la cámara de frío. El Jano era divertido, tiraba tallas rápidas y mis amigos del colegio se integraron bien. Él no se acercó de una «jugoso»; primero fue esa buena onda de equipo, compartiendo la botella y riéndonos de las anécdotas del turno de tarde. Pero a medida que el pisco empezó a bajar, el Jano cambió el tono. Se empezó a acercar más al Osha, tirándole cumplidos pesados y tocándole el brazo cada vez que se reía. El Osha, que es más hetero que el palo de una bandera, empezó a poner cara de «ayuda». Se reía por compromiso, pero se notaba que no sabía cómo manejar la intensidad del Jano, que ya estaba abiertamente joteándolo frente a todos.
Para evitar que la cosa se pusiera incómoda o que terminaran peleando, con el Ponce decidimos rescatarlo. El Osha ya estaba mareado por el copete, así que aprovechamos de decir que lo íbamos a acostar. Lo subimos al segundo piso casi a rastras y lo tiramos en una cama chica. El Ponce se quedó arriba cuidándolo y yo bajé al living para instalarme en el sillón. Mi idea era quedarme ahí como «guardia» para que el Jano, que ya estaba bien arriba, no subiera a seguir hueveando al Osha. Cuando bajé, el Jano estaba solo en el living terminándose un vaso. Se sentó al lado mío en el sillón y ahí empezó una conversa larga, de esas de madrugada donde uno baja la guardia.
—¿Se enojó mucho el Osha arriba? —me preguntó, mirándome de reojo.
—No cacha nada, está raja —le dije—. Pero te pasaste un poco de revoluciones con él, Jano. Él no es de esa onda.
—Es que me gusta que sea tan serio, me da curiosidad —soltó él con una risa corta—. ¿Y tú qué? ¿También eres tan serio o te gusta que te molesten?
Yo no quería entrar en su juego, así que le corté el tema hablando de la pega de nuevo. Estuvimos como media hora conversando de puras tonteras: de que la jefa nos tenía mala, de los turnos que venían la próxima semana y de lo que íbamos a hacer con la plata del sueldo. Fue una charla cotidiana, de esas que te van relajando hasta que el cansancio te gana. Entre conversa y conversa, el sueño me fue venciendo hasta que me quedé profundamente dormido en el sillón.
No sé cuánto tiempo pasó, pero desperté de un corrientazo. Sentí una mano decidida metida por dentro de mi pantalón, apretándome el paquete con fuerza. Abrí los ojos y el Jano estaba pegado a mi cara, esperando mi reacción.
—Estás duro, gordo —me susurró al oído cuando vio que ya estaba despierto—. Sabía que no eras tan serio.
En ese momento, el silencio de la casa se volvió eléctrico. No le quité la mano; dejé que la curiosidad me ganara. Se deslizó del sillón al suelo, quedando entre mis piernas, y me bajó el cierre con una rapidez que me dejó tonto. Empezó a chupármela con una ansiedad que me hizo arquear la espalda contra el respaldo, mientras yo le agarraba el pelo para que entrara más profundo. La adrenalina de estar en el living de una compañera, con mis amigos durmiendo arriba, hacía que cada sensación fuera el doble de fuerte.
Cuando la tensión fue demasiada, le tiré un poco de escupo y le dije que se diera vuelta. Lo puse en cuatro ahí mismo, en la alfombra. Fue un sexo crudo y rápido; yo le agarraba las nalgas con fuerza mientras lo penetraba, y él se aguantaba los gemidos contra un cojín para no despertar a nadie. El sonido de la carne chocando era lo único que rompía el silencio de la madrugada.
Después de terminar, el cansancio nos venció y nos quedamos dormidos un par de horas. Pero apenas empezó a clarear, mi maña de despertar temprano en casa ajena me espabiló. Subí a despertar al Ponce y al Osha para irnos antes de que la jefa despertara. Al bajar, nos dimos cuenta de que faltaba el de Lady Gaga. La sorpresa final fue cuando miramos por la ventana y lo vimos saliendo de la casa de al lado. Lo llamé y el tipo apareció por la puerta del vecino con el maquillaje todo corrido y el disfraz a medio poner, más perdido que nosotros. No teníamos idea de cómo terminó ahí, pero fue el cierre perfecto para una noche surrealista.
Caminamos hacia el Metro con el frío de la mañana pegándonos en la cara. Mis amigos se reían de la noche loca y de la aparición del «Gaga», sin sospechar que, mientras ellos dormían, yo acababa de resolver mis dudas de la forma más directa posible. El Jano nunca más fue tema, nos subimos al vagón y cada uno se fue a su casa a dormir la caña. La vida siguió igual.
Si le va bien puede venir la parte 2
3 Comentarios
Xd
mayo 10, 2026 a las 2:20 pmXd
Qué chucha los Mc de Chile, siempre llenos de pasivas 😂😂😂 rara vez se ve un activo y menos un hetero xd
Anónimo
mayo 11, 2026 a las 12:49 amHola pt 2
Anónimo
mayo 12, 2026 a las 11:06 amNecesito saber como gaga termino en la casa de al lado quedé con el chisme