Mi vecino

Hola a todos.

Siempre supe que me gustaban los hombres. A mis 18 años, mi papá había abierto una tienda de abarrotes; yo le ayudaba por las tardes y los fines de semana todo el día. Cerca de mi casa vivía un matrimonio de cristianos y su hijo, de unos 18 años, estaba simpático, pero lo que me llamaba la atención —aparte del bulto— eran sus piernas; practicaba ciclismo. Cierto día en la mañana, debió haber sido sábado o domingo porque mi papá no estaba, llegó César (así le voy a poner) y pidió un par de cosas. Luego me empezó a hacer plática y así estuvimos unos minutos, hasta que se acercó a una nevera donde había unos congelados de forma fálica, tomó uno y me dice: «Se parece del tamaño de mi verga». Yo no supe qué decir y solo me reí.

Empezó a jugar con su pene y se la paró súper rápido. Luego se pegó el short para que se le marcara y se miraba delicioso. Me dice: «¿Quieres tocarla?». Por supuesto, estiré la mano y la toqué. En eso, entró alguien a preguntar por mi papá e interrumpimos eso.

César tomó sus cosas y me dijo: «En la tarde voy a estar solo en casa, mis padres se van a la iglesia…». Y se fue.

Recuerdo que eran más o menos las 5 de la tarde de ese día cuando yo ya estaba bañado. Mi papá ya había regresado y estaba atendiendo a los clientes. Vi que los papás de César pasaron caminando frente a mi casa, entonces fui a casa de César. Él estaba afuera y me saludó; platicamos unos minutos afuera porque había personas en la casa de enfrente. Una vez que se fueron, me dice: «Ven», y me llevó a su cuarto.

Tan pronto cerró la puerta, me empezó a besar y a ponerme semejante verga en las manos para que lo masturbara; luego me bajó a mamar —cosas que ya sabía hacer bien. Me bajó el short y empezó a meterme un dedo y luego dos; pero ya el tercero no lo aguanté y, aún así, insistía en meterme semejante verga. Obviamente nunca pudo penetrarme; tuvo miedo, quizás, de lastimarme mucho.
Él se vino en mi boca, que se volvió experta mamando esa verga y recibiendo su semen y comiéndomelo.

Estuvimos como 5 meses, más o menos, viéndonos cada semana, hasta que un día llegó una familia del norte a vivir en la misma calle que nosotros: eran los señores, dos hijas y un niño. Fue ahí donde conoció a Soraya y se hicieron novios. Me habló un día para que fuera con él y platicáramos, me confesó lo de la chica y ya no nos volvimos a ver para sexo. Yo me mudé de ciudad y, muchos años después, en una de las visitas, lo encontré y lo saludé. Ya éramos adultos, y yo sabía que se había casado, por lo que me sorprendió cuando me dijo: «Quisiera platicar contigo; ven a visitarme al trabajo, estoy solo en la noche». Nos pusimos de acuerdo y se fue. Dudé mucho en ir, pero terminé yendo. Platicamos de varias cosas hasta que tocó el tema sexual, de lo que hacíamos solos, y dijo que quería repetir. Empezamos a besarnos; esta vez él me la mamó y terminé follándomelo muy rico. Solo estuvimos esa última vez y de ahí no he vuelto al pueblo. No sé qué sea de él.

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