Perdí el vuelo, pero pasaron cosas

Hola, les voy a contar una historia no planificada, pero que me tiene caliente aún.

Soy gay de toda la vida y llevo como 10 años en una relación estable. Tengo hartos amigos heterosexuales y nunca me había causado curiosidad tener algo con ellos. Esto pasó un día que perdí un vuelo hacia el norte y me tuve que quedar en Santiago una noche más, así que llamé a un amigo del colegio para que me alojara de emergencia.

Con mi amigo tenemos 40 años y una amistad de 30. Yo mido 1.8 m, tez blanca, pelo claro y peso 90 kg; voy al gimnasio irregularmente, así que me mantengo en forma pero no estoy definido. Mi amigo es más pequeño, como 1.7 m, moreno y de estos pelados peludos. Él era más gordito, pero terminó con su polola hace poco, así que se aplicó con el gym y ahora está planito, pero con la piel un poco suelta.

Yo me enteré que había terminado cuando lo llamé para pedirle alojamiento. Ahí me contó que se había cambiado de departamento, pero que me podía quedar igual si quería, porque se había quedado con la cama matrimonial y entrábamos demás los dos.

Nosotros nunca habíamos dormido juntos, porque siempre hemos vivido en casas con piezas de visitas, pero nos conocemos hace tantos años que me daba lo mismo dormir juntos. Además, con otros amigos gay siempre duermo en sus camas cuando voy de visita, por lo que no me lo cuestioné tampoco.

Me dio las indicaciones, tomamos once y nos pusimos al día. Estuvimos todo el rato hablando de gimnasio, comparando cuerpos y tocando resultados. Debo admitir que me calenté un poco, pero saqué los pensamientos rápidamente de mi cabeza.

Nos fuimos a acostar con pijama de tela, de estos tipo shorts y polera, sin boxer ambos. Y me acordé que mi amigo no solo era moreno y pelao, sino que también tulón.

En el colegio nos teníamos que duchar después de hacer educación física, así que lo vi desnudo un montón de veces y él igual a mí, así que no había novedades en lo que vimos al cambiarnos de ropa. Además, mi amigo conoce a mi pareja y, en fin, nunca hubo ningún tipo de doble intención.

Nos dormimos normal, pero desperté a media noche con un gran pico en la boca. ¡Qué cosa más sabrosa estaba chupando! Mientras, alguien me agarraba la cabeza y me obligaba a tragarlo entero.

Esto me había pasado antes con mi pareja, muchas veces en verdad, que a media noche terminamos teniendo sexo dormidos al comienzo y despiertos al acabar. Por lo que asumí en un principio que estaba con mi pololo teniendo sexo, y seguí chupando y metiéndole un dedito para proceder a dilatar. Yo estaba debajo de las sábanas, así que no me daba cuenta de que era mi amigo al que se la estaba chupando.

Al ir tomando más conciencia de lo que estaba pasando y cachar que ya lo tenía dilatado para metérselo, porque ya le entraban tres deditos, procedí a subir para besar a mi hombre y metérselo bien adentro. Pero en el camino voy viendo un cuerpo peludo, y mi pololo es lampiño, por lo que reaccioné: había perdido el vuelo y estaba donde mi amigo y no con mi pololo. Me paralicé un poco, uno porque nunca había sido infiel, y dos porque nunca me había pasado royos sexuales con mi amigo.

Saqué mi cabeza de la sábana y procedí a decir: «Lucas, sorry, no había cachado que eras tú. Estaba soñando con el José y me confundí».

Lucas me queda mirando y me dice: «Chucha, Antonio, ¿en qué volá nos fuimos? Yo pensé que estaba soñando con la Alejandra. Nunca te conté, pero le gustaba meterme dedos mientras me la chupaba».

Ambos nos empezamos a cagar de la risa por la situación, y el momento de tensión fue liberado, no así nuestros picos, que seguían duros y erguidos.

Lucas fue a prender la luz así en pelota para ordenar la cama y volver a dormir, porque habíamos desordenado todo en nuestro sueño, pero seguía erecto. Yo sabía que mi amigo tenía un buen pico, pero no cachaba que era de unos 20 cm al menos, parado hacia arriba y a la derecha. Yo estaba un poco más ruborizado de que me viera erecto, pero salí de la cama igual y le ayudé a estirarla. Para relajar el momento le digo: «Oye weón, tenís el medio pico». A lo que me responde: «Y tú no te quedas atrás», mirando fijamente mi erección de 18 cm, recto hacia adelante y sin curvas.

Terminamos de hacer la cama, y este weón no se pone el pijama, sino que se acuesta así en pelota. Yo tenía calor igual, así que me metí en pelota igual. Apagó la luz y nos dijimos buenas noches.

Al rato me dice: «Antonio, ¿te dormiste?». Yo le respondí que no, que me había desvelado con el incidente. A lo cual me dice que también está desvelado, hace una pausa y agrega: «Y caliente».

Yo en verdad igual había quedado caliente. Hace 10 años que no estaba con otro hombre teniendo sexo, y el pico no se me bajaba de la situación de estar desnudo junto a mi amigo después de lo que había pasado. Así que, medio dudoso de lo que iba a decir, procedo a decir: «Yo igual quedé caliente, en verdad aún no se me baja el pico». A lo que me responde: «A mí tampoco, mira», toca y lleva mi mano a su paquete, el cual yo agarro en automático y lo empuño desde la base. Comencé a pajearlo suavemente mientras le decía: «Tenís buen pico, amigo». Y el Lucas procede a agarrar mi pico y decir: «Tú también tienes buen pico, amigo», y me empieza a pajear.

Estábamos frente a frente, viéndonos a los ojos, mientras nos pajéabamos cada vez más fuerte el uno al otro. Lucas se empezó a acercar a mis labios cada vez más y me da un beso, con lengua, fuerte, profundo, mientras apretaba mi pico y gemía.

Yo me detuve y tomé un poco de distancia. Le digo: «Lucas, ¿estás seguro de esto? Tú conoces al José, a mi familia. No quiero que esta amistad se arruine por un calentón que se puede solucionar con una paja en el baño».

El Lucas me queda mirando y me dice: «Puta, Antonio, ¿por qué no me haces el favor? Llevo un mes sin culear desde que terminé con la Alejandra, y contigo tengo confianza. No estoy bien emocionalmente para andar buscando una mina por Tinder para tirar, y no quiero ir a una casa de putas».

Yo entre que me ofendí un poco, porque me estaba tratando de puta, y me calenté porque mi amigo quería culiar. Le digo sin pensarlo mucho: «Ya, pero con condón, y primera y última vez. Mañana esta weá no ha pasado». «Gracias, amigo», me responde y me manda un beso con lengua que me tocó hasta la tráquea.

Para mi sorpresa, cuando el Lucas sacó el condón del velador, no se lo puso él, sino que me lo puso a mí. Yo le quedé mirando medio extrañado y me dice: «Hay que aprovechar de probar cosas nuevas, ya que estamos en confianza». Y se monta arriba de mi pico, se echó harta saliva y se lo tragó completo mientras se pajeaba enérgicamente.

Yo me entregué y empecé a darle duro mientras lo tomaba de las caderas. Este weón saltaba arriba como si fuera la más pasiva del mundo y ya me tenía a punto de eyacular. Le digo: «Amigo, me voy a ir…». A lo que me responde: «Dale no más, vámonos juntos», y empieza a acelerar los movimientos. Y yo me voy dentro de él mientras se contraía el esfínter y me eyaculaba sobre el pecho.

Post-eyaculación me bajó toda la culpa, y al Lucas también parece, porque se desmontó rápidamente y se fue al baño a duchar sin decir mucho. Yo me moví al baño de visitas y esperé que volviera a la cama para dormirme. Cuando apareció, venía con pijama y le pregunto: «¿Todo bien, amigo?». Y me dice: «Sí, Antonio, todo bien. Aquí no ha pasado nada», y me da un abrazo y un beso en la mejilla de buenas noches. Me quedé raja dormido y al otro día, efectivamente, fue como si nada hubiese pasado.

¿Te gustó el relato?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 4.7 / 5. Recuento de votos: 80

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

💬 Escribe un comentario

No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!

💬 Deja tu comentario

×

Reportar Relato

SALTAR AVISO