El boxer blanco
Parte 3. Final de la trilogía.
Mis interacciones con Ramirez habían seguido y cada vez más intensas, aunque nunca habíamos llegado a besarnos, y tampoco habíamos tenido sexo, nuestro morbo había aumentado, a él le gustaba pasarme sus boxers usados para que yo los oliera, volvimos a hacernos varias pajas en el monte. Su sonrisa llena de picardía era muy linda cada vez que terminamos. Nos habíamos hecho muy buenos amigos, pero con eso a mí me había empezado a gustar y la atracción era más fuerte.
Le pedí a mi padre que moviera sus contactos para que nos dieran un permiso de una semana, y así fue, Ramirez y yo salimos un viernes en la tarde rumbo a la casa de mi padre que en ese momento no estaba en casa. Yo le propuse a Ramírez que se quedará en mi casa un par de noches, y luego fuera hasta su ciudad pues le quedaba mejor. Él acepto sin ningún problema, esa noche de viernes cuando llegamos salimos a caminar por la ciudad y terminamos bebiendo en un bar en el centro. Él aunque él decía que tenía una novia en su ciudad, esa noche él bailó con varias chicas y a una de ellas la beso, no pasó a más cuando ya nos sentiamos algo ebrios nos fuimos para la casa. En la casa teníamos que compartir cama pues era la cama de mi padre que es bastante grande, Ramirez no vio ningún problema a eso.
Cuando él se estaba quitando la ropa, quedó en boxer blanco, de esos Calvin Klein que se ven bastante sexys, nunca lo había visto con esos, yo me quedé mirando su cuerpo, su paquete que se marcaba muy bien.
—¿Se puede quedar en boxer?
—¿Le gusta? —Preguntó él con su sonrisa de picardía.
En ese momento me sentí muy nervioso, no sabía cómo manejar las cosas por primera vez, sentía que él me gustaba mucho, que era algo más que sexual. Me puse de pie frente a él y me acerque hasta verlo a sus ojos y di unos pasos para que él llegara hasta la pared.
—Me gusta ese boxer, y me gusta usted.
Ramírez se puso bastante nervioso, puse mi mano sobre su paquete y apreté muy suave su verga y sus bolas. Sin dejar de verlo a los ojos le pregunté.
—¿Lo puedo besar?
De nuevo con su sonrisa asintió y se acercó a mi boca, comenzamos a besarnos mientras lo tenía arrinconado contra la pared, sus manos comenzaron a tocar mi torso y fueron bajando lentamente por mis nalgas.
Él no dejaba de sonreír, lo lleve a la cama y por primera vez podía tocar todo su cuerpo, su abdomen marcado, tu pecho y su cuello.
—Me gusta mucho como se ve con ese boxer, no lo había visto.
—Lo tenía guardado para ocasiones especiales.
—¿Y está ocasión es especial?
—Quiero pensar que sí
Bajé hasta su boxer, y pase mi nariz por su bulto, sentir su olor directamente me excitaba más, baje el boxer lentamente viendo como sus vellos iban saliendo luego su verga y finalmente su bolas. Me gustaba mucho la forma de su pene era recto con una pequeña curva a la izquierda, moreno y más grueso que grande. Comencé a mamar su verga, la podia meter toda a mi boca, sentía como él se iba retorciendo del placer, sus gemidos por primera vez se escuchaban fuertes, mi saliva lo humedecia por completo.
—Se siente muy rico
Me acerque a su rostro y lo ví directo a los ojos, le di un pequeño beso al que él correspondió y siguió, sus besos eran suaves pero sus labios eran gruesos se sentían bastante fuertes al mismo tiempo.
— Quiero hacer el amor con usted
— Y ¿Cómo es? —preguntó él
—Pues usted y yo, con toda!
Con una sonrisa pícara de nuevo, respondió mi pregunta, pero yo quería escuchar su voz en ese momento.
—Digame
—Hagale Ríos, o le puedo decir David?
—Digame como quiera… —Respondí
—No sé cómo se hace con otro hombre, pero enséñeme. David hagame creer que lo que siento es verdad.
Sin pensarlo y yo con una sonrisa, lo volví a besar, me levanté y me quité la camisa corri a mi habitación y busque un gel lubricante, Ramirez estaba ahí baje mi boxer y me subí en su pecho, puse mi verga en su boca y él por instinto comenzó a mamar mi verga, me sentía muy excitado mis piernas temblaron en ese momento pues lo estaba haciendo muy bien. Cuando finalizó baje de nuevo, y termine de bajar su boxer blanco lo deje a un lado y levanté sus piernas, su rostro me daba una mirada de temor, pase mi lengua por su culo peludo, y con mi dedo comencé a masajear su ano, sin pensarlo él comenzó a gemir levemente estaba sintiendo el placer. Puse gel lubricante y metí mis dedos se quejo en un momento pero sigui con bastante delicadeza.
Cuando sentí que estaba preparado, me acerque a su boca y lo bese.
—Solo quiero que te relajes…
Levanté sus piernas de nuevo y puse me verga en su ano, fui entrando con bastante fluidez, su ano estaba bastante apretado y sus gemidos eran cada vez más fuertes, cuando entró mi glande él repitió mi nombre varias veces, tenía algo de miedo, me detuve un instante y volví a seguir hasta meterlo todo.
—David, me duele…
—Tranquilo…
Seguí, y su dolor se desvaneció con los movimientos comencé a follarlo lentamente de misionero mientras nuestros cuerpos se abrazaban, no dejaba de besarlo, no quería que ese momento terminara. Saque mi verga y me acosté.
—Ahora hazlo tu, como yo lo hice.
Ramirez seguio los mismos pasos que yo, con la diferencia que yo dilataba más fácil. Cuando él lo metió por primera vez sentí como entraba él en mi, su gemido fue fuerte y su carita de placer era más linda, él comenzó a hacerlo más fuerte y tomo su boxer blanco y lo puso en mi boca para que lo mordiera. Mis gemidos se sentían más fuertes, su verga gruesa se sentía más en mi ano. Cuando sentí el calor de sus semen cayendo adentro, su verga palpitaba y su respiración agitada mientras me abrazaba era delicioso. Se quedó un instante sobre mi y luego bajo a mi verga volvió a mamarla y en seguida a masturbarla no tarde mucho en sacar mis chorros de semen que caían por toda mi verga y mi abdomen.
—¿Quieres probarla?
Él sonrió, y limpio mi verga con su lengua, su rostro daba un poco de risa, pues la sensación la primera vez es algo extraña. Lo entendía, pero finalmente él lo había hecho con un poco de miedo y aún así se acercó de nuevo a mi boca a besarme.
—Entonces, ¿se va a quedar conmigo?
—David, yo no sé lo que siento, pero me gusta estar con usted
—Yo no quiero ser su amigo, ni su compañero…
—¿Novios?
—Si, Ramirez hágale! Sin miedo como lo acabamos de hacer.
—Entonces, si… Ríos… Me quedo con usted.
1 Comentario
Anónimo
abril 9, 2026 a las 10:23 pmMe encantó el final amoroso un toque muy ricoo después de esa severa cogida, que rico trilogía de relatos, ojalá hayan más después de que se hicieron novio