Rafa – Parte 1
Hola, buen día para todos. El relato del nuevo groom de la cuadra tuvo gran aceptación, así que seguiré contando.
Los días siguieron pasando y no se había dado la oportunidad de concretar algo más con Rafa. Cada que nos mirábamos, él me guiñaba el ojo y me sonreía; esa sonrisa pícara me tenía loco. Solo pensaba en tener esos labios rojos comiéndome la verga.
Era un lunes como a eso de las 6 pm. Terminábamos de dar cena y marcar los establos de los caballos que saldrían a pista mañana. Me iba a mi apartment a descansar; me despedí de todos y le dije a Don Carlos que, cualquier cosa, me avisara. Siempre se lo digo antes de irme de los establos.
Don Carlos es el único de los grooms que tiene mi número, por eso se lo decía. Ya estaba en mi cama, como a las 9 pm, viendo TV.
Me llegó un mensaje de un número que no tenía registrado con un “hola”. Lo ignoré, no suelo responder números desconocidos a menos que me digan quién es. Llegó otro mensaje del mismo número con un “¿qué anda haciendo, patrón?”. Con ese mensaje supe inmediatamente de quién se trataba.
—¿Quién eres? —le contesté.
—Soy Rafa.
—¿Y de dónde agarró mi número, cabrón?
—Del celular de mi tío, lo tomé un rato para agarrar su número.
—¿Y por qué no me lo pidió a mí?
—Porque ya se había ido.
—¿Y qué pasó o qué? ¿Necesita algo?
—Sí, los del cuarto se fueron a la barra y estoy solo en el cuarto. Ando bien caliente y me la voy a jalar.
—Mira qué cabronsito, no pierde tiempo.
—¿Usted no anda caliente?
—Siempre.
—¿Quiere hacer videollamada y nos la jalamos juntos ahora que hay chance?
—De una.
En cuanto vio el mensaje, ya tenía la llamada de Rafa en la pantalla. La acepté. Nos masturbamos juntos por videollamada; estuvo bien, pero no soy gran fan de lo virtual. Terminamos, nos despedimos, me di un baño y me acosté a dormir.
Llegué a las 5:30 a los establos. Ya todos andaban trabajando. A las 6 am abrían la pista para subir los caballos y a las 10 am la cerraban. Aprox a las 11 acabamos el trabajo matutino. Algunos se iban al cuarto a descansar, salir o hacer alguna otra cosa.
Estaban preparando el desayuno y me invitaron a comer con ellos. Ahí estaban los 6 grooms y yo. Al rato llegó también Larry (el entrenador en jefe de la cuadra) y se sentó a comer. Se fue dispersando el grupo, cada quien a lo suyo. Nos quedamos solo Rafa y yo. Encendí un cigarro y seguimos platicando de los caballos y cosas del trabajo.
—Estuvo chido lo de anoche, ¿no? —dijo Rafa.
—No me gusta tanto, la neta.
—Pues no se notó, porque aventó unos chorrotes de mecos.
—Es porque me pones bien caliente, cabrón, pero a mí me gusta más en persona, pa estar metiendo mano.
—Sí, a mí también.
Recibí una llamada de Larry diciéndome que había junta en las oficinas para enlistar los potrillos de 2 años que correrían en un mes, que si por favor le podía llevar todos los papeles de los potros que teníamos. Así que me fui y dejé a Rafa solo.
Ya lo tenía todo listo. Entré al cuarto a tomar la carpeta y ahí estaba Rafa en la puerta.
—¿Se va a tardar mucho?
—Creo que sí, ¿por qué?
—No, nomás. ¿Y aquí se queda ahora en su cuarto o se va a ir a su casa?
—A mi casa, ¿por qué? ¿Quieres que me quede aquí pa que me visites en la noche?
—Como quiera usted.
—Nada más una cosa, si me quedo, ¿ahora sí me la vas a mamar?
—No, nomás pa masturbarnos juntos.
—Entonces no me quedo.
Me estaba costando hacerlo dar el siguiente paso. Le dije: “Está bien, ahí nos vemos entonces. Me manda mensaje si cambia de opinión”.
Rafa me guiñó el ojo, me sonrió y se fue.
La junta se alargó más de lo previsto. Ya eran casi las 7 pm. Llevaron unos sándwiches y refrescos. Ya terminada la reunión, estuvimos ahí casi otra hora platicando con los otros entrenadores.
Me llegó un mensaje:
—¿Ya mero llega? —Rafa.
—Sí, ¿por qué? —yo.
—Porque ya ando con la verga bien parada.
—Qué cabrón, no se vaya a poner con sus roomies porque me voy a poner celoso.
—No, ya andan en la barra otra vez.
Dejé su mensaje en visto y comenzamos a despedirnos de los otros entrenadores. Me dijo Larry que ya se iría a casa, que si podía ir a los establos a checar que todo estuviera bien. Le dije que sí, que hoy me quedaría a dormir ahí porque andaba un potro algo inquieto (mentiras, solo quería darle tiempo a Rafa de morder el anzuelo).
Sonó de nuevo mi teléfono. Otro mensaje de Rafa, esta vez era una foto con texto:
—Apúrese, mire cómo estoy con el pito bien parado.
—Entonces, ¿sí quiere que me quede?
—Usted sabe.
—Nomás dígame sí o no.
—Pues sí.
Me fui a los establos. Los cuartos de grooms estaban a un lado de los establos y los del entrenador al otro extremo. No me sintió cuando llegué. Me quité la ropa, me di un baño rápido, salí y me quedé solo en bóxers. Apenas serían 8:30 pm.
Apagué la luz, me tiré en la cama y le mandé un mensaje a Rafa:
—Ya estoy en el cuarto, cáigale.
Vio el mensaje y me dejó en visto. En menos de 30 segundos ya estaba en la puerta tocando.
—Está abierto, pásale.
De inmediato entró y cerró la puerta con seguro.
—Acuéstese aquí conmigo —le dije. Tomé su mano y lo dirigí a la cama.
Rafa se sentía cómodo conmigo; ahora era él quien buscaba mi boca y cada vez usaba mejor su lengua.
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