Manias
…:
El trabajo en la cuadra terminaba casi siempre después de las 6 pm. Casi todos los días los grooms se iban a la barra que está nomás al salir del hipódromo; casi es exclusiva para quienes trabajamos ahí.
Se juntaban jockeys, entrenadores, dueños de caballos, grooms y oficiales del hipódromo. A diferencia de otros países, aquí prohíben la entrada a menores de 21 años, por lo que Rafa nunca podía ir; siempre se quedaba solo en los establos, tiempo que aprovechábamos para estar juntos.
Pasaban los días y Rafa ya era todo un experto chupándome la verga. El cabrón se estaba volviendo adicto a masturbarme y chuparme, y yo pues era totalmente adicto a todo él.
Ya cada vez más me dejaba juguetear con su hermoso trasero; sin embargo, cada que tenía intenciones de comerle el culo o jugar con mis dedos con su virgen agujero, me rechazaba, se iba o me decía bien en claro:
—Ni madres, por ahí no.
Por enfrente todo es suyo, por atrás ni madres.
—No sabe lo que se está perdiendo, cabrón, si me lo voy a llevar al cielo.
—Entonces mejor se la meto yo a usted, yo también lo puedo llevar al cielo.
—Usted ni sabe coger bien, cabrón.
—Voltéese, verá que sí.
—No, mi rey, yo nomás soy activo, pero no hay prisa, ahí lo voy a ir convenciendo.
Ese culito va a terminar siendo mío.
—Ni madres, mejor ya me voy porque usted me va a terminar cogiendo a huevo.
Rafa quería tener el control en todo momento, cosa que me molestaba, porque siempre me gusta tenerlo a mí.
Aparte de querer controlar todo en todo momento, agarró una manía que odiaba y amaba al mismo tiempo.
Se aseguraba de que no hubiera nadie cerca, me tomaba por sorpresa y llegaba por detrás mío. Me abrazaba fuerte y me mordía la espalda en diferentes lados; se me erizaba por completo la piel y mi verga se ponía dura al instante. Luego me agarraba la verga por encima del pantalón, me daba un empujoncito, me soltaba y se iba silbando o cantando.
Aquello me volvía loco. Más de una vez estuve a punto de correr tras él para arrancarle la ropa y que terminara lo que dejaba empezado.
Llegó el domingo. Tuvimos 5 carreras con nuestros caballos y ganamos las 5. Una de ellas era una carrera con una buena bolsa. Todos estábamos felices; fue una gran noche, así que les dije a los grooms que mañana la barra corría por mi cuenta.
Llegué el lunes a las 7 am. Ya casi terminaban el trabajo de pista. Anduve ocupado toda la mañana con veterinarios, checando los caballos que habían corrido la noche anterior. Terminó el trabajo matutino. Larry llegó cerca de las 11 con comida para todos. Comimos, me despedí de todos; les dije que me iría, debía hacer unos pagos de renta y aseguranza, y de ahí me iría a mi apartment a descansar.
Me dijo Luis, uno de los grooms:
—Patrón, no se le olvide lo de la barra.
—No, claro que no —le respondí—. Más tarde vengo para acompañarlos un rato, se alistan.
Llegué como a las 6:30 pm de nuevo; ya me estaban esperando. Pregunté si ya estaban listos y me dijeron que sí.
Rafa andaba en shorts; se veían sus bóxers azules, sin camisa y unos huaraches de tres piquetes. Le dije: ni modo, “bebé”, a usted todavía le faltan 2 años para que pueda ir, y le guiñé el ojo. Él solo me sonrió y caminó hacia el cuarto de grooms.
Yo ya tenía el plan de ir solo un rato a la barra y regresar a los establos con Rafa para hacer otro intento.
Nos fuimos y llegamos a la barra. Los lunes tenían promociones, por lo que estaba casi todo el hipódromo ahí. Ya teníamos como una hora y yo buscaba un pretexto para safarme. Luis se paró del banco y nos dijo:
—En la madre, se me olvidó quitarle los sudores al Perry (un caballo). Ahí les vengo en chinga.
Le dije que no se preocupara, que yo ya me iba a ir, que yo pasaba a los establos y me encargaba.
—No, ¿cómo cree, patrón? Aparte es bien temprano, ¿cómo nos va a dejar a medias?
—No pasa nada, Luis. Y por la barra no se preocupen, ahí voy a hablar con Charlie (el dueño). Tienen todo libre hoy; nomás no se pasen mucho, que mañana hay que trabajar temprano.
Llegué a los establos y me fui directo a la caballeriza del Perry. Le quité los sudores, salí a tirar las vendas al bote de sucio y me regresé a soltar al caballo.
El cabrón de Rafa ya se había metido al establo, pero no vi cuándo lo hizo. Me acerqué al caballo para soltarlo y me pegó el susto de mi vida cuando lo vi.
—Cabrón, no ande haciendo eso, wey, lo voy a sembrar de un putazo de repente.
Soltó una carcajada, se puso detrás mío y me hizo caminar hasta quedar pegado a la pared. Comenzó con lo que se le había vuelto un hábito: morder mi espalda y manosearme, pero esta vez le sujeté una mano pa que no me dejara a medias.
Con la otra mano desabotoné mi pantalón y lo hice que me agarrara mi verga. Al cabrón le encantaba y sabía lo caliente que me ponía haciendo eso, así que me masturbó; me hizo acabar en la pared del establo, con Perry de testigo.
Me di la vuelta para quedar frente a él y lo giré para que quedara recargado justo donde escurría mi leche por la pared. Tomé su cuello con una mano y comencé a besarlo; con la otra mano masajeaba su paquete, que también estaba a reventar.
—Me encanta esto —me dijo.
No dije nada. Lo agarré con fuerza y le di la vuelta, dejándolo en la misma posición en que él me tenía a mí.
Nuevamente tomé su cuello y le mordía las mejillas y sus orejas. Con mi otro brazo lo sujeté del abdomen y pegué bien mi verga a su culo; se volvió a parar enseguida. Quería decir algo, pero le tapé la boca antes de que lo hiciera.
—Ahora me toca a mí hacerlo que se corra. Yo no le puse restricciones cuando usted lo hizo conmigo, así que cállese y disfrute.
Le coloqué sus manos en la pared a la altura de su cabeza y le dije:
—Ahí se queda, y si se mueve me lo voy a coger a huevo.
Respondió con un gemido, como aceptación.
Le seguí pegando mi verga a su culo y manoseando todo su cuerpo. Le mordía el cuello, orejas y mejillas. Rafa empezaba a sudar a chorros, gemía y se retorcía riquísimo.
—Ya sáqueme la verga y jálemela, siento que me va a explotar.
Metí mi mano por su short y bóxers y comencé a masturbarlo sin bajarle la ropa. Con mi otra mano empecé a apretarle fuerte el culo y darle de nalgadas; le metía bien el short en la raja y le pegaba bien la verga como si me lo estuviera cogiendo.
Rafa intentó moverse, pero le dije:
—Ya le dije que si mueve las manos de donde las puse, me lo voy a coger.
Solo se limitó a seguir disfrutando lo que le estaba haciendo. Se hacía el machito, pero su respiración, gemidos y sudor delataban cuánto lo estaba disfrutando.
Pegó un grito excitantemente rico y se vino en sus bóxers azules apretados. Con mi mano sentí lo mojado de su bóxer.
Saqué mi mano; con el otro brazo lo detenía bien por la espalda. Abrí más el compás de sus piernas y comencé a masturbarme detrás de él. Tenía su ropa bien metida en la raja y yo le daba como si se la estuviera metiendo mientras me masturbaba.
—No chingue, no me vaya a llenar el short de mecos.
—¿Se lo quito y se los echo en su hoyito entonces?
—No.
—En el short entonces.
Tuve uno de los orgasmos más ricos de mi vida: tres chorros de leche, dos en su short y uno en su espalda desnuda.
Lo abracé fuerte con mis dos brazos y besé su mejilla.
—¿Ya puedo bajar las manos?
Solo me reí y le di otro beso.
Nos salimos del establo. Rafa tomó unas vendas que estaban en el cesto y se limpiaba su short.
—Ya ni chinga usted, le dije que no acabara ahí.
—Ya ve, cabrón, eso le pasa por calentarme de más con sus mordiditas.
—Sí, bien que le gustan, pa qué se hace.
—Me encantan, pero igual me encanta todo lo que haga usted.
—¿Se va a quedar aquí?
—¿Ya ando más cerca de convencerlo de que me entregue ese culito, verdad?
—Tá loco, ya quisiera.
—Más que cualquier otra cosa, mi rey.
—Chingada madre, apenas lo había lavado, pinche vato. ¿Y se va a quedar o no?
—No, ya me voy a mi casa, ahí lo veo mañana.
—Tá bueno pues.
—¿No me va a dar mi beso de buenas noches?
—No, ando emputado con usted, voy a tener que echar a lavar otra vez el pinche short por su culpa.
—Sí, bien que le gustó, ¿o no?
—Pos sí, pero le dije que ahí no.
—Ándele, venga a darme un beso para irme.
Se acercó a mí caminando como zombie, se veía re lindo. Se pegó a mi pecho abrazándome fuerte. Le di un beso en la frente, me miró y me dio un buen beso de despedida.
—¿Qué chingados me hizo que me tiene vuelto loco?
—Pues que no me ha visto cómo estoy de sexy y de bonito.
Se fue a los cuartos con su frase de siempre:
“Buenas noches, ahí lo veo en la mañana.”
5 Comentarios
Anónimo
abril 9, 2026 a las 11:45 pmHabrá amor real de por medio?
Anónimo
abril 10, 2026 a las 11:02 amSigan actualizando
Anónimo
abril 10, 2026 a las 8:07 pmwow ame esta historia, continua por favor
Anónimo
abril 12, 2026 a las 10:58 pmOcupo saber si se dejo
Anónimo
abril 14, 2026 a las 6:34 pmRafa coñoe tu madreeeee que rica historia quiero una cosa así. Aparte los dos son dominante y eso me encantaaaa yo soy dominante y igual quiero un dominante pa estar así 🥵😍😍 calienta demasiado