Hace un par de años yo tenía 19 y siempre le había tenido muchas ganas a un vecino maduro que en ese entonces tenía 75 años: canoso, grande, robusto y pervertido. Siempre que pasaba por su casa se me quedaba viendo el culo y me hacía gestos de seducción. Un día se me hizo visitarlo, pues él había pedido mi ayuda para “arreglar” un tema de su internet, así que accedí.
Al llegar a su casa, él estaba desnudo, con la verga parada, como si me hubiera estado esperando todo este tiempo. De inmediato accedí a mamar su verga y, mientras lo hacía, me bajó el pantalón y me empezó a meter sus dedos, diciendo que era su putita sumisa y que desde ese momento le pertenecía. Eso me prendió demasiado, la verdad; me corrí al instante solo con sus dedos en mi ano. Era mi primera vez con un maduro, no pude evitarlo.
A él no le importó y me volteó para penetrarme con su verga gruesa, mientras me tocaba mi pene recién eyaculado. Yo no sabía qué pasaba, pues creí que ya había terminado todo; sin embargo, se me volvió a parar estando en cuatro mientras él me daba duro y rápido. Me volví a correr y me encantó.
Él todavía no se corría y quería más de mí. Me volteó en posición misionero y me la siguió metiendo. De nuevo agarró mi pene y me volvió a masturbar; me volví a prender y se me paró otra vez. Ya no podía más. Esta vez me dijo que me iba a avisar cuando se corriera para hacerlo juntos, y así fue: los dos lo hicimos, él adentro de mí y yo en su mano y en mi panza.
Lo que más me gustó es que nunca soltó mi pene; en ningún momento, me hizo sentir suyo y usado al máximo. A partir de ahí me obligaba a usar plugs anales cuando no estuviera con él, porque era muy celoso y posesivo conmigo. En fin, la mejor experiencia que he tenido hasta el momento.
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