Experimentando con mi amigo
¡Hola! Esto pasó hace años, pero nunca olvidaré la primera vez con mi amigo.
Corrían los exámenes finales de la universidad y, como siempre, mi amigo, al que llamaré “Diego”, ponía su casa para la fiesta. Con Diego teníamos buena onda y, como yo vivo en otra ciudad, él me pasaba una pieza para que pasara la noche.
En fin, terminaron los festejos y todos se fueron. Quedamos los dos solos en su casa conversando de todo. Cabe decir que Diego tenía una parcela grande y justo ese finde sus padres no estaban.
Eran casi las 4 de la mañana y la charla se puso profunda, tanto así que entramos al tema de las orientaciones.
Con el alcohol recorriendo mi cuerpo y la confianza que le tenía, le dije que quería confesar algo, pero que me debía guardar el secreto.
Él, bien amable, dijo que sí y que él también me contaría algo personal.
Entonces me desenvolví y le dije:
—Amigo, creo que soy bisexual. Siempre lo supe, pero no lo acepto.
Su cara era de sorpresa y seriedad.
—¿Pero cómo? Si siempre te vi con las minas de la carrera.
Le dije que sí, porque me gustan, pero que siempre he sentido que me atraen los hombres.
Se puso serio y me dijo que cómo lo sabía.
Me puse a reír y le dije que, en secreto, veía porno gay.
—¿Entonces no has ido más allá?
—Nunca, solo me la jalo viendo cómo se culean hombres. Una vez, Diego, un amigo me gustó, pero me alejé por lo mismo, por miedo.
Diego quedó pensando un momento y me miró fijamente.
—Mira, Luis —así me pondré—, no está mal. De hecho, también me atraen los chicos, pero solo lo supe con un amigo de años, cuando una vez nos tocamos viendo videos.
Me reí y le pregunté si había hecho algo más allá.
Dijo que no, pero que siempre tuvo la curiosidad de probar.
—Diego, somos unos tontos jajaja.
—Sí —me dijo—, me gustaría saber si realmente me gusta.
Ahí nos quedamos callados hasta que, quizá por el alcohol, hice algo impulsivo.
—Diego, ¿te gustaría probar conmigo? Digo, con respeto, y esto queda hasta acá.
Para mi sorpresa, Diego me miró y se acercó a mí, casi pegado a mi cuerpo.
—Yapo —solo eso dijo.
Me calentó ese momento por alguna razón.
Mi mano llegó directo a su bulto y lo palpaba. Sentí cómo se le paró.
Él hizo lo mismo. Nos tocamos sobre la ropa por unos minutos hasta que le pregunté si de verdad quería seguir.
—Sí.
Entonces le desabroché el pantalón y bajé todo. Saltó su pene enorme y blanco, algo peludo, pero bien cuidado y con la cabeza rosada.
Le empecé a masturbar y le dije que me hiciera lo que quisiera.
Hizo lo mismo y me dijo que me pusiera encima de él.
Quitamos las prendas de abajo y quedamos semidesnudos, rozándonos los penes.
Se sentía muy bien. Nos mojamos y me apretaba hacia él.
Empecé a moverme con fuerza y, de pronto, sentí cómo me tomaba del culo.
Seguí sin parar mientras Diego me manoseaba todo el culo y me ponía un dedo rozando mi ano.
Nos corrimos encima del otro y Diego no quitó el dedo.
Seguirá la parte 2.
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