Mi primera vez en «blowers» – Parte 2

Pasaron unos segundos y escuché cómo se abría la puerta (yo estaba esperando en un pasillo donde no me pudiera ver). Escuché que dejó su mochila en el piso y que se empezó a quitar la ropa. Procedió a ponerse el pañuelo y entonces yo salí.

Medía aproximadamente 1.90 de alto, cosa que casi no se notaba en las fotos. Unos brazos musculosos y un abdomen exquisito. La verga la tenía dura y los huevos le colgaban casi a la mitad de su verga.

Lo admiré por unos segundos, y lo tomé de las manos; se notaba que iba al gimnasio pues podía sentir los callos y la piel dura en sus dedos, y le dije: «ven». Lo escuché suspirar, y asintió.

Entramos a mi habitación y no aguanté más, me arrodillé y metí su verga de una a mi boca. Pude sentir todo el sabor de su líquido pre-seminal que salía a mares. Él gimió y arqueó su espalda para que su verga entrara más al fondo de mi garganta, y así fue; sentí su cabeza golpear mi garganta y no pude evitar dar una arcada, pero no quería dejar de mamar su verga así que me aguanté y la metí más.
Pude sentir cómo se tensaron sus piernas, y procedí a sacar mi lengua, aún con su verga en mi garganta, y le lamí los huevos mientras se los acariciaba con mi mano derecha. Mi mano izquierda la tenía ocupada tocando y masajeando sus nalgas, que evidentemente estaban súper firmes y redonditas.

Pasados unos segundos así, por fin decidí sacar su verga de mi boca, tomar una bocanada de aire y preguntarle: «esta bien así?», a lo que él sólo se limitó a responder con un «aghhh siii, sigue», con su cabeza volteando al cielo. Desde mi ángulo era una imagen espectacular: tener un dios así de perfecto, tonificado y dejando su verga a mi disposición era la mejor sensación del mundo.

Pasé a recostarlo en mi cama, recargado hacia la pared, con su verga completamente descubierta y chorreando presemen por todos lados. Le tomé la verga con mi mano derecha, sus huevos con mi mano izquierda, y comencé a masturbarlo mientras le chupaba sólo la cabecita; él siguió gimiendo y me dijo en un susurro: «haz lo que quieras con mi verga o conmigo, soy todo tuyo». No lo pensé 2 veces y comencé a meterme y sacarme su verga de la boca, asegurando que cada vez que entrara, fuera cada vez al fondo de mi garganta. Dejé de tocarle los huevos y empecé a tocar su tonificado abdomen mientras mi cabeza subía y bajaba en su verga. En un momento siento que me toma la mano, y la dirige hacia su pezón. Comienzo a pellizcarlo suavemente, dando jaloncitos y presionando, mientras lo escuchaba gemir más. Pasados unos minutos así, lo escucho decir: «te gusta mi verga?», a lo que yo sólo respondí con un ‘mjm’ aún con su verga llenando mi boca y él soltó una risa morbosa (pude ver su sonrisa cuando levanté la mirada, y era una sonrisa hermosa).

En un momento, después de haberme relajado, sólo metí su verga hasta el fondo y la empecé a masajear con el parte trasera de mi lengua y la garganta. Él reaccionó moviéndose por completo. Sentí cómo le temblaron las piernas, como tensó su abdómen, hasta que llegó mi momento favorito: «te vas a tragar mi lechita?», con una voz tierna pero como si se tratara de una orden.

Obviamente dije que sí, y decidió ponerse de pie, quiso intentar masturbarse, pero mejor me dijo: «date». Se le empecé a mamar de manera más suave, pasando mi lengua alrededor de su cabeza como si de una paleta se tratase, pero también la metía toda a la boca y la sacaba lentamente. Yo sólo lo veía voltear su cabeza al cielo, hasta que sus músculos empezaron a tensarse, sus abdominales se marcaron más y sus nalgas se apretaron. De repente, un gemido largo.

Yo sólo empecé a sentir sus chorros de semen golpeando en mi garganta, llenando toda mi boca, y yo sin derramar una sola gota. Tenía un sabor exquisito, principalmente dulce pero con un muy ligero toque salado. Me tragué todo. No saqué su verga de la boca hasta asegurar que ya había quedado ordeñado y que me había tragado todo. Al final la saqué sólo para cerciorarme de chupar la última gota. Su respiración por fin había reducido, aunque podía sentir su pulso acelerado en su verga. Volteó a verme hacia abajo, aún con los ojos vendados, y me dijo: «gracias, lo necesitaba».

Al pasar los minutos le llevé la ropa para que se cambiara, y seguimos platicando. Él siempre se mantuvo con los ojos vendados.
Le agradecí por haber venido, y cuando estábamos por llegar a la puerta donde iba a dejar el pañuelo, me jaló de la mano y me acercó a darme un beso en la boca.

Me di la vuelta, él se quitó el pañuelo, lo dejó en la silla y salió.

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