Una vez, estando jóvenes los dos y quedándose a dormir en mi casa, un día sentí que se me arrimó y estaba duro. De repente empecé a sentir su mano en mi pene, que, sin saber si me gustaba, se empezó a poner duro. Él llevó mi mano a su pene, bastante grueso y largo, en especial para alguien de su edad, jeje, y nos tocamos los dos.
Se hizo recurrente y no pasaba a más. Pasaron algunos meses y un día que estábamos solos en la casa, nos desnudamos y chupé un pene por primera vez. Él también me chupaba y me tocaba el ano; me metió un poquito el dedo y salté. Le hice lo mismo y él lo disfrutó un poco más. Lo chupé hasta el culo siguiendo sus instrucciones, luego dejé que me penetrara y, aunque me dolió, me gustó.
Nos tocábamos y chupábamos cada vez que se podía. No nos cogimos muchas veces, pero me encantaba chuparlo. A él le daba vergüenza que lo viera viniéndose, hasta que un día no aguantó y me pringó la cara.
Hace años que no nos vemos, pero la última cogida fue antes de salir del colegio. Me gustaría algún día volver a hacerlo, por el recuerdo. Al día de hoy me masturbo mucho recordando esos momentos.
Tengo otra historia con otro primo, pero esa la dejaré para otra ocasión.
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