5 amigos – Parte II: Carlos mi amigo del futbol

El tiempo pasó y con Carlos nos hicimos más cercanos. No sabría decir si fue por esa vez en que ambos nos hicimos sexo oral o fue cosa de compartir siempre con los amigos del futbol. La cosa es que nos poníamos de acuerdo para salir a entrenar solos, llegar o irnos juntos de las juntas. A veces el me invitaba a su casa después de un partido para tomarnos unas cervezas y compartir más con su familia. Así, aprovechaba de llevar a mi señora que se llevaba bien con la esposa de Carlos.

Esa noche, el partido había estado rudo. Perdimos 2 a 5. Carlos era el portero y aunque jugó excelente, el otro equipo nos superaba en creces. En el camarín, nos tomamos su tiempo para descansar y relajarnos. Yo estaba bajoneado y Carlos trataba de animarme. Fabián, Matías y Julián insistían en sacarse las ganas en el “club de tobi” que habíamos formado.

-Ya po chiquillos-Fabián hablaba animado- Allá nos corremos unas pajas o no sé.

-Me encantaría, pero estoy muy cansado- Carlos se masajeaba la nuca mientras sonreía a Fabián- Vayan ustedes o dejémoslo para otro día.

-Diego, que decí tú? – Matías se estaba colocando unos calzoncillos negros- Vamos y jugamos play y apostamos algo rico – En su cara se dibujó una sonrisa pícara.

-Puta cabros – Me estiré, dejando caer la toalla- Esta vez apaño a Carlitos, estoy molido-.

Con Carlos nos quedamos un rato más, conversando del partido. Nos habíamos quedado solos. En eso, Carlos se sienta más cerca y me aprieta el muslo con su mano grande y peluda. Sentirlo así de cerca, encendía algo profundo en mí.

-Tengo un mejor plan Diego- Al decir mi nombre, mi estómago se apretó levemente. – Mi señora no está ni hoy ni mañana en la casa. Ven a quedarte weon- su voz sonaba ronca, como esa vez que me susurró mientras estábamos acostados juntos.

Mi señora tampoco estaba. Esa semana andaba de visita en el sur con nuestro hijo.

Llegamos a la casa de Carlos, un lugar muy familiar para mí. De camino, pasamos a una botillería y compramos un whisky y hielo. Era el trago favorito de Carlos y a mí me comenzaba a gustar también. Siempre decía que era un trago de hombres y que mejor que hoy era una noche solo de dos hombres.

Nos pusimos cómodos. Carlos salió de la pieza con un bóxer suelto y una polera sin mangas blanca, sus pezones se traslucían levemente y por el borde, muchos pelos se asomaban. Me tiró unos similares. Me cambié frente a él sin pudor. Yo ya llevaba una polera negra sin mangas.

Nos servimos el primer vaso de whisky a las rocas. Nos sentamos en el sofá, mirándonos. Puso música ranchera de fondo. Vivió toda su vida en el campo y hace unos 5 años que se había cambiado a Santiago. Su hija menor había entrado a la universidad.

-Gracias Dieguito, salud- Su vaso chocó con el mío- Por amistades como la tuya. Donde uno puede ser libre – Volvió a apretar mi pierna como en el camarín, pero esta vez, más fuerte.

-No Carlitos, la gratitud es mía- Se me hizo un nudo de repente. Pensé en todo lo que había pasado hasta ahora y presentía que no era casualidad- De no haberlos conocidos y a ti, sobre todo, no habría hecho todo esto-. Me rodeó con su brazo. Sentí el calor en mi cuello y nuca, una sensación de comodidad y excitación recorrió mi cuerpo.

Mientras seguíamos bebiendo y conversando, pensé en todo. Cuando digo todo. Es desde comencé a jugar futbol a los 12 hasta este momento. Recordé que, de pequeño, solía quedarme hasta el final en los camarines. Compartíamos con otros equipos. Mi papá me llevaba todos los Domingos a jugar. Ahí observaba de forma inocente a todos esos hombres maduros, desnudos. Nadie decía nada sobre el cuerpo del otro. Del tamaño del otro. A veces se jugaban bromas. Siempre me emocionaba estar presente en esos camarines.

Con el tiempo crecí y comencé a venir sin mi papá. El envejeció, hasta que no pudo acompañarme más. Una parte de mí siguió jugando futbol por él. Otra, por ver a otros hombres, aunque esta última la estoy descubriendo ahora. Siguieron los años y me casé, con una mujer que creía que amaba, con un hijo que sin duda amo por sobre todo en este mundo. Comencé a cuestionarme que decisiones tomé y porque, estando tan cerca de Carlos. Habiendo probado de su carne. Me siento tan a gusto. Tan, feliz.

-Que te pasa Diego? – Carlos me observaba serio. Ya llevábamos unos 4 o 5 whiskys cada uno. – Te noto preocupado, sabes que aquí hay confianza de sobra.

– Nada…es que estaba pensando y – no sabía si decir lo que pensaba o sentía, pero Carlos era un imán, uno fuerte – tú y yo- La respiración se me aceleró un poco-No sé Carlos, ¿estamos mal? ¿Estoy mal?

-Hey Diego! – Me tomó de ambos hombros – No, tranquilo, no te culpes. Aquí no hay nada malo. Solo dos amigos que se quieren harto – Cuando dijo la palabra, me estremecí. Lo miré a los ojos y recorrí esos labios con la mirada. Quería besarlos como un maldito condenado.

-Te quiero Carlos, pero mucho- respiré profundo- Te quiero y deseo más que un amigo. Como hombre.

Sonrió de oreja a oreja y amaba verlo así.

Me apretó entre sus brazos fuertemente. Sentir su cuerpo era más que reconfortante. Recorrí su nuca y espalda con mis manos. Rápidamente nuestros labios se encontraron en un frenesí de besos. Saliva iba y venía. Nuestras lenguas jugaban a encontrarse, dejando un rastro de su sabor en mi boca. Nos sacamos las poleras. Nuestros penes se encontraron en la tensión de la tela suelta. Nos frotamos de un lado al otro. Sus pelos sonaban, raspando mi cuerpo. Su pene – más grande que el mío- presionaba contra el mío, en una lucha por ver quien se enterraba más.

Mientras nos besábamos, sus manos me rodeaban la espalda. Presionaba fuerte, pero nunca se sentía suficiente. Me retiró el bóxer junto con el suyo. Nuestros penes volvieron a chocar, pero esta vez, notas húmedas nos dejaban manchas pegotes. Bajó una mano al mío lo presionó con fuerza. Sentí como precum salía de mí, con un leve cosquilleo que cruzaba toda mi zona baja. Sus besos pasaron a mi cuello moviendo su lengua, queriendo impregnar su saliva en mi cuerpo – eso em volvía loco-. Su mano bajó a mis testículos y jugaba con ellos, los presionaba y estiraba un poco. Sus labios bajaron poco a poco hasta encontrar un pezón que no demoró en morder. Solté un gemido de dolor y placer. Se ensañó en morderlo levemente y lamerlo, repartiendo placer en ambos pezones. Su otra mano presionaba mi espalda, enterrando sus dedos.

No tardó en bajar a mi pene. Se puso en cuclillas. Tomé su cabeza, apenas tenía pelo y eso, por alguna razón me gustaba. Primero lamió mis pelos recortados, dejando un poco de baba. Luego mis testículos, mientras levantaba mi pene con su frente. Lamía y succionaba, metiéndoselos en su boca. Ambos le cabían. Yo seguía gimiendo de placer mientras presionaba sus hombros y nuca.

-Estás muy rico weon- Su voz era gruesa, ronca y jadeante de placer- Puta que me calentai culiao-.

-Tú me tienes loco Carlos- Acaricié su cabeza y mejillas, mi corazón se presionaba con cada palabra- En cada paja que me corro, pienso en ti.

Sus labios sonrieron otra vez, los sentía presionarse contra mi glande. Lo envolvió con cuidado y poco a poco se metió mi pene en la boca. Me lo comía hasta el fondo, sentía como mi cabeza chocaba con su paladar. A veces aguantaba la respiración y hacía arcadas. Dejando saliva en mis pelos y testículos.

Se levantó y comenzó a besarme. Sabía a una mezcla de mi pene sudado, saliva y alcohol. Su lengua trataba de entrar en lo más profundo de mi boca. Presionó mis hombros y me forzó a bajar directo a su pene. Goteaba bastante. Me tomé unos segundos para respirar y observarlo. Sus testículos eran grandes, uno más que otro. Mucho pelo y algunas canas. Su pene era grueso, grande. La piel levemente más oscura, contrastaba con el color más rosado de su glande. Palpitaba cada ciertos segundos. Expelía un olor a sudor y salado de la orina. Abrí la boca y sin preámbulo, lo metió todo hasta sentir sus testículos en mi barbilla, sus pelos en mi nariz y ojos. Me obligué a cerrarlos, eso hizo que sintiera mayor placer. Instintivamente agarré su culo grande y peludo, lo presioné con fuerza, enterrando los dedos. La mandíbula me tensaba. El aire me faltaba, pero quería más. Comencé a ahogarme, tosí como pude y dejé mucha saliva en sus pelos y testículos. Lo sacó lentamente mientras podía respirar nuevamente por la nariz. La sensación era de alivio y de éxtasis puro. Abrí los ojos y pude ver como su pene salía lento de mi boca. Lleno de baba. Soltó una risa juguetona.

-Pensé que iba a morir – lo miré con los ojos llorosos- tu pene es grande culiao.

-Por eso mi señora no me lo chupa – Me ayudó a levantarme- Tú sabes abrir bien esa boquita.

Hicimos una pausa para beber un último vaso de whisky. Sentía la mandíbula algo adolorida, pero me excitaba más.

-Quiero probar algo. Ven. – Se dio media vuelta y entró a su pieza.

Entré después. La habitación estaba a oscuras. Tan rápido como la puerta se cerró. Carlos me abrazó por la espalda. Una sensación nueva invadió mi cuerpo. Ser poseído. Su panza se pegó a mi espalda, sus pelos rasgaban. Sus brazos me rodearon con firmeza. Una mano tomó mi cuello y lo presionó. Otra mi boca, enterrando un dedo en mi lengua.

-Quiero hacerte mío Diego. – Presionó su pene contra mi culo, fue torpe ya que se sintió hacia un lado, pero la sensación era rica. Mi corazón se aceleró más. Nunca había tenido sexo penetrativo con un hombre. Pensaba que mi primera vez, sería yo, culeandome a uno de los chicos, pero no a Carlos.

-Quiero abrirte como mi putita Diego. – Hizo una pasa. Me besó el cuello y mordió mi hombro – Quiero enterrar mi pene dentro de tu ano apretadito.

La mano que estaba en mi boca bajó a mi ano. Lo acarició lentamente por fuera. Una sensación electrizante me recorrió entre el ano y los testículos. Comenzó a introducirlo poco a poco. Era un dedo grueso. Apenas llevaba unos centímetros y comenzó a moverlo. Mis piernas se sentían débiles. Una de mis manos sujeto la que presionaba mi cuello. La otra, el brazo que iba hacia mi culo. Lo retiró y olfateó. Esa respiración fue profunda y cargada de excitación. Sentí como se lo chupaba y volvió a introducirlo, pero esta vez más adentro y duro. Quise zafarme, pero su fuerza natural me controlaba. Comenzó a abrir mi ano poco a poco. Su otra mano rodeó mi cuello y me guio hacia el frente. Topé con la cama y entendí.

Me acomodé en cuatro sobre el borde de la cama. Mi ano se sentía más expuesto. Carlos se arrodilló. Su respiración estaba justo en frente de mi ano.

-Te voy a devorar ese culito weon- Su lengua viajó desde mis testículos hasta pasar por mi ano y terminar un poco más arriba. Su humedad me invadió de inmediato. Hundió su cara entre mis cachetes y respiró de forma ronca – Eso lo hace cuando está muy caliente- Su lengua rodeó mi ano varias veces. Un cosquilleo sexual me hacía tener espasmos. Sentía tensión en mis muñecas. Introdujo su lengua en mi ano y sentí un escalofrío. Entraba y salía. Pasaba por fuera, rodeando, subiendo y bajando. Mi pene estaba duro y dolía. Con cada cosquilleo, sentía que goteaba más.

– Quiero que aguantes esto. Como aguantas una patada en un partido. – No sabía si prevenir un dolor fuerte que debía aguantar hasta el final del partido o escapar.

– Carlos… espera- Mi voz estaba entrecortada entre jadeos y sudor- No sé si pueda. –

Un escupo se sintió en mi ano. Su dedo pulgar jugó un poco, insertando más saliva dentro de mi culo. La cabeza de su pene se posó en la entrada de mi ano. Presionó un poco. No dolía, pero sabía que lo haría.

-Respira profundo Diego, iré con calma. – Su pene comenzó a abrir las paredes externas de mi ano. Comenzó a arder un poco. El dolor era placentero. Sentía como ese glande avanzaba lento. Mi carne se iba abriendo poco a poco, con ciertos tirones. Tuve que respirar profundo varias veces y pedir que parara. Jamás retiró su pene. En cada pausa, lo inflaba, haciendo que mi ano se resintiera, pero mi pene chorreara de placer. De repente, un solo movimiento brusco pero cuidado hizo que la mitad de su pene terminara de entrar en mi ano. El dolor era mucho más fuerte que una patada. Me mordí el labio inferior y gemí más de dolor que de placer. La respiración de Carlos era densa, agitada. Sus manos sujetaban mis caderas, dolía un poco.

-Eso mi Dieguito. Ábrete para papá. – Todas sus palabras me dominaban de una forma que jamás pensé. Decirse a el mismo, papá. Me excitaba, no por la idea de pensar en mi padre o esa fantasía padre e hijo. Obediencia era lo que me excitaba.

Una vez dentro, comenzó a moverse en un ritmo gradual. Al principio ardía y dolía mucho, deseaba que lo sacara, pero sentir que le debía. Que era suyo y estando ahí, no podía hacer nada. Sentía como la piel de su pene se adhería a las paredes de mi ano, haciendo que su glande se frotara en lo más profundo.

Lo sacó sin aviso. El dolor fue aún más placentero. Hacía que lo deseara dentro de nuevo.

Me dio la vuelta, me besó desenfrenadamente. Tomó mi cara con una mano, presionando mis mejillas. Nos miramos en esa oscuridad, solo nuestra. Mi lengua buscaba uno de sus dedos, pero un escupo me sacudió. Directo a mi lengua. Su mano me dio una palmada. Otro beso con lengua. Me empujó y tomó ambas piernas. Me acercó al borde de la cama. Su pene rosaba mi ano. Sus manos presionaban firme. Esta vez no fue lento. Su pene entró, abriendo nuevamente mi ano resentido. El dolor volvió de golpe, pero el placer se elevaba. El sonido de las pieles chocando, mis testículos rebotando en su panza. Los suyos en mi culo. Me follaba a un ritmo controlado. Sentía cada palpitación de su pene. Un cosquilleo comenzó debajo de mis testículos. Subió y llegó a la punta de mi pene.

-Me voy a mear Carlos. – Eso no lo detuvo – Enserio…- No pude seguir hablando, el placer aumentó de golpe, mis gemidos iban al ritmo del sonido del sexo.

– Eso es que estoy llegando al fondo. – Subió el ritmo, más rápido y fuerte. A esta altura mi cuerpo estaba sudado y sedado ante su dominio.

Cosquilleo tras otro llegaban a la punta de mi pene. Con cada uno, sentía que algo quería salir. Mis manos no reaccionaban a nada más que sostenerlo por las caderas. Apretaba firme. Carlos comenzó a gemir más fuerte y a darme más duro.

-Ah weon…me voy. – Su voz era como un rugido ahogado – te voy a preñar.

Solo podía gemir de placer. Todo se comino en una explosión de su semen caliente dentro de mi ano. Sentía como mis paredes ardían con cada latido de su pene. No había espacio entre mi culo y sus testículos y pelos. Inmediatamente y sin tocarme, eyaculé. Saltó hacia todos lados. Cayó en mi barba, pecho y panza de Carlos. Traté de ahogar mis gemidos como pude. La respiración de ambos era muy agitada, como si termináramos un partido de futbol, el más duro hasta ahora.

Su cuerpo cayó rendido sobre el mío. Estaba completamente sudado. Sudor que se mezcló con mi semen. Nos besamos entre jadeos. Le besé el cuello y descansé ahí. Su sabor salado me dejaba ganas de lamer su cuerpo por completo. Mi ano ardía. Sentía como su semen caliente se había depositado dentro. Estiré una mano hasta mi ano. Se sentía la carne suave y caliente. Introduje un dedo y sentí el calor. Su semen comenzó a escurrirse poco a poco. Nos arrastramos hasta acostarnos. Intenté ir al baño, pero su mano me jalo cerca de su cuerpo sudado.

-No. – Dijo en forma autoritaria- quiero que duermas con mi lechita dentro.

Me acomodé, dándole la espalada. Me abrazó firmemente. Su cuerpo se pegaba al mío y con mi culo aún adolorido, sentía su pene grueso apretarse.

Fin.

¿Te gustó el relato?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 5 / 5. Recuento de votos: 68

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

💬 Escribe un comentario

4 Comentarios

  • Anónimo
    febrero 11, 2026 a las 1:24 am

    Que rico todo. Wooow necesitaos
    Más de estos amigos

  • Anónimo
    febrero 11, 2026 a las 8:36 am

    Me encanto esta segunda parte. Continua con las historias con los otros amigos hasta que podamos leer una orgia de todos con todos

  • Anónimo
    febrero 11, 2026 a las 10:11 am

    Muy caliente tu relato…. Hay tercera parte

  • Miguel
    febrero 12, 2026 a las 9:57 am

    Que exquisito relato

💬 Deja tu comentario

×

Reportar Relato

SALTAR AVISO