Con el osito tímido

Bueno, me presento: soy gordito, moreno, de 21 años,me considero masculino, no feo pero tampoco lindo, foráneo en Viña del Mar. El relato empieza parecido al de muchos. Había llegado recién de la universidad y me metí a Grindr a ver si había algo interesante. En eso me habla un perfil sin foto que se llamaba “fumar”. La conversación en sí fue bastante breve, casi fome. Me contó que tenía 40 y tantos, que quería ver qué salía. Ninguno de los dos tenía lugar, pero él tenía auto y me ofreció pasar a buscarme. Estaba cerca de donde yo vivía, fumándose un pito en la playa. Esto fue la semana antepasada, cuando hacía un frío de la perra.

Me arreglé, hice lo necesario y cuando me avisó que ya había llegado, bajé. Me subí al auto y era un gordito osito rico: pelo castaño, lentes, medio tímido. Se notaba que había fumado recién, se le sentía el olor en la ropa y se le veía en los ojos . Me saludó bajo y me dijo que fuéramos a un lugar que él conocía, que no había nadie. Manejó unos minutos por la costa y llegamos a una terraza tipo mirador a orillas de la playa, con paredes de piedra y una mesa de cemento. Estaba solo, el ruido del mar de fondo y ese frío húmedo que se te mete en los huesos.

Nos bajamos y de una nos pegamos a besarnos contra la pared de piedra. Fue frenético, sin mucho preámbulo: bocas abiertas, manos apretando, el frío de la noche mezclado con el calor de los cuerpos. Después me tomó de la cintura, me llevó más adentro y me tiró contra la mesa. Empezó a pasarme la lengua por detrás de la oreja, lenta, mientras yo ya estaba ardiendo.

Bajé y me arrodillé en el piso frío. Le saqué el pene: blanco, de unos 15 cm, con la cabeza rosada e hinchada, peludo, con un olor rico a limpio pero con ese fondo masculino que se te mete en la cabeza. Primero le di varias lamidas largas, desde la base hasta la punta, pasando la lengua bien despacio por la vena de abajo y después rodeándole la cabeza rosada. Él soltó un gemido fuerte cuando le metí la punta en la boca y empecé a chupar de verdad.

—Puta que lo haces rico… —me dijo, agarrándome de la cara con las dos manos—. Me encanta cómo me chupas…

Fui bajando cada vez más, hasta que la cabeza me rozó la garganta. Tragué, relajé y me lo metí casi completo. Se me llenó la boca y se me humedecieron los ojos, pero seguí. Subía lento, dejando que la lengua le diera vueltas a la cabeza, y después bajaba de nuevo hasta el fondo. Cada vez que llegaba profundo él gemía más fuerte y me apretaba la cara.

—Así… justo así… puta que se siente rico cuando te lo metes entero…

Le saqué un momento para respirar y le pasé la lengua por los cocos, lamiéndolos uno por uno, metiéndome un poco entre ellos. Después volví a la verga y le hice garganta profunda otra vez, esta vez sosteniéndolo más rato adentro, tragando alrededor de él. Él no paraba de hablarme:

—¿Te gusta? Dime si te gusta chupármela… se siente tan caliente tu boca…

—Está rico… me gusta cómo te sabe… —le contestaba yo con la voz ronca, la saliva escurriéndome por la comisura.

En un momento me levanté un poco, le subí la polera y empecé a chuparle y morderle los pezones mientras le masturbaba con la mano. Eso lo volvió loco. Se arqueó, me apretó la cabeza contra su pecho y gemía más fuerte todavía.

—Ay, sí… así… puta que me gusta que me toques ahí… no pares…

De repente hicimos una pausa. Él sacó el pito, le dio un par de pitadas largas y me abrazó contra su pecho. Me hizo apoyar la cabeza ahí, mientras me pasaba la mano por el pelo y me tiraba el humo despacio. Yo le escuchaba el corazón y sentía el calor de su cuerpo. Después me pasó un cigarro a mí. Fumamos un rato así, abrazados, sin apuro, solo el ruido del mar y el frío.

Cuando retomamos fue de a poco. Empezamos a darnos besos suaves, casi lentos al principio, como si estuviéramos empezando de nuevo. Los besos se fueron poniendo más intensos, más profundos, hasta que la cosa subió otra vez. Me dio vuelta, se restregó el pene entre mis cachetes mientras me besaba el cuello y las orejas, tirando todo su peso encima mío. Yo le agarraba los cocos y le apretaba el culo; aunque yo sea el pasivo, ese trasero blando me tenía loco.

Sacó un condón, se lo puso y me lo metió despacio. Primero solo la cabeza, dejándome sentir cómo me abría centímetro a centímetro. Se quedó un segundo ahí adentro, solo la punta, y después empujó hasta el fondo de una. Gemí alto. Empezó con embestidas lentas y profundas, sacándola casi completa y volviendo a entrar hasta el fondo. El sonido de su pelvis chocando contra mi culo se escuchaba claro en la noche. Cada cierto rato me hacía darme vuelta un poco para besarme.

—¿Está rico? ¿Lo estás disfrutando? —me preguntaba al oído, con la voz quebrada.

—Sí… no pares… está muy rico… —le contestaba yo.

A veces se detenía del todo, todavía adentro mío, y me abrazaba por detrás. Me hacía apoyar la cabeza hacia atrás, en su hombro, y me besaba el cuello mientras fumaba. Me pasaba el cigarro, me tiraba el humo y después volvía a moverse, más fuerte esta vez, más profundo. Esas pausas lo hacían todavía más rico: el contraste entre estar quietos, abrazados, y después sentir cómo me volvía a abrir con fuerza.

En todo momento fue muy de piel: manos por la panza, uñas rozándome los pezones, su aliento caliente en mi oreja. Estuvimos así harto rato, alternando entre embestidas fuertes y esos momentos en que se quedaba quieto, me abrazaba y fumábamos. Cuando se vino lo hizo profundo, agarrándome fuerte de las caderas, temblando contra mi espalda y gimiendo bajo, clavado hasta el fondo.

Recién ahí empezó a llover de verdad. Antes solo hacía frío, pero después de que se corrió el cielo se abrió y la lluvia cayó con fuerza. Nos acomodamos un poco la ropa y corrimos al auto. Yo pensé que ya había sido suficiente… llevábamos casi dos horas. Pero él me miró, todavía con los ojos medio volados, y me dijo:

—¿Nos quedamos un ratito más acá?

¿Qué te pareció este relato?

Selecciona una estrella para valorar

4.7 /5
31 votos

Sé el primero en guardar este relato


Más relatos gay ✍️ Enviar tu relato Canal de Telegram

💬 Escribe un comentario

No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!

💬 Deja tu comentario

×

Reportar Relato