Espadazos en la ducha del gimnasio de la universidad
Hola, soy nuevo escribiendo aquí. Me llamo Ángel, tengo 24 años. Me describo: soy alto, mido 1.86, blanco, algo mamado, soy gym rat. Bueno, lo que les voy a contar fue hace cuatro años, en las duchas del gimnasio.
Les daré un poco de contexto. Yo estaba estudiando en la universidad y, como entre clases tenía mucho tiempo libre, aprovechaba para irme al gimnasio a hacer mi rutina. Después aprovechaba que había duchas y ahí mismo me daba un baño, y luego retomaba las clases. Lo que me gustaba era ese horario debido a que no había muchas personas. Bueno, todo comenzó desde que me topé a este morro. Lo describo: era blanco, medía 1.77 aprox, muy bien marcado y más chico que yo, era de primer semestre. Al principio solo intercambiábamos miradas y hasta ahí.
Un día, al terminar mi rutina, fui a las duchas como era de costumbre. Escogí las últimas duchas debido a que eran cubículos los cuales no tenían puerta, solo tenían divisiones. Estaba colocándome el jabón cuando, de reojo, veo que entra este morro y se coloca en la ducha de enfrente. Algo dentro de mí se ponía nervioso, la verdad sí me gustaba. Lo seguí viendo de reojo, pero solo miraba su lindo culito blanco que le escurría toda el agua. Mi cuerpo comenzaba a reaccionar y mi verga cada vez se ponía más y más dura.
En eso veo que se voltea. No lo podía creer, era la verga más rica, blanca y rosita que había visto, medía 19 cm aprox. Yo tenía una erección muy notable. En eso me doy cuenta de que ya no solo lo estaba viendo de reojo, jajaja. En eso el morro sonríe y yo se lo devuelvo. La verdad no supe cómo reaccionar, pero mi mano estaba haciendo lo suyo y él igual. Nos mirábamos el uno al otro.
En eso veo que se comienza a acercar y mi corazón latía al mil. Se coloca enfrente de mí y me da un abrazo. Me sorprendí, pero fue lo más delicioso. Sentir cómo nuestras vergas se unen y rozan una con la otra es la sensación más rica que puede haber. En eso me comienza a besar, sus labios húmedos y carnosos, y nuestros movimientos de caderas eran cada vez más fuertes.
En eso agarro nuestras vergas y las comienzo a jalar lo más rápido posible. Ya no podía más, necesitaba satisfacer nuestras necesidades. El placer era tanto que gemíamos y nos besábamos, hasta que ya no aguantamos más. Chorros de leche brotaron de nuestros penes, fue la sensación más rica, la verdad. Al final cada quien volvió a su ducha y terminamos de bañarnos, y fui a mi clase.
Después nos volvimos a ver y hasta lo invité a mi depa, pero eso para otro relato. Espero les haya gustado.
1 Comentario
Anónimo
marzo 15, 2026 a las 1:20 amCuenta luego las segundas parte rico relató