Festejando mi Titulación
Esto ocurrió en el 2018, un día de agosto en que fue mi titulación. Mi familia decidió hacerme una pequeña fiesta, en donde estaban unos cuantos familiares y mis mejores amigos de la carrera. Centraré la historia en uno de ellos, a quien llamaré Miguel.
Este chico, desde que lo conocí, nos hicimos buenos amigos, muy cercanos, confidentes en muchas historias. Era con quien siempre tenía los mejores momentos y, en una que otra ocasión, un hombro para llorar; y de mi parte hacia él sucedía exactamente lo mismo.
Al ser una persona con quien siempre tuve mucha confianza, el tema de la homosexualidad jamás fue algo que nos incomodara, al menos a él. Es más, yo siempre prefiero tener un comportamiento más masculino, pero con él tenía una amiga más; entonces, dependiendo del entorno, éramos muy masculinos o no. En fin, siempre hubo algo que me hacía pensar que la heterosexualidad de Miguel tenía un punto frágil, pues hubo momentos en que me nalgueaba y me decía que quería cogerme, y yo siempre se la volteaba diciéndole que él quien iba a terminar cogido sería él. Me hacía las típicas preguntas de lo que se siente una relación sexual hombre-hombre o cosas por el estilo, que un típico curioso suele hacer, pero nunca quise indagar más allá, pues siempre lo vi, o lo había visto, como lo que era: mi mejor amigo.
Durante los cinco años de la carrera, Miguel tuvo novia y yo novio, y nada cambiaba. Incluso nuestras parejas se conocían y muchas veces llegamos a convivir juntos; llegamos a ser excelentes amigos los cuatro.
Antes de continuar al casi desenlace de esta pequeña narración, haré la descripción de Miguel (porque como lectores nos gusta saber ese tipo de detalles) y mía, por supuesto. Él es un chico tipo 1.69 de alto, muy, muy delgado, cabello ondulado, de piel morena clara; usa lentes con mucho aumento y tiene una cara de niño tierno con barba. Yo, en cambio, soy muy diferente a él: mido 1.71, soy muy güero, barbón y de cabello rizado. Tengo la costumbre de hacer ejercicio, pero no tengo un cuerpo muy atlético ni marcado, aunque el ejercicio se nota.
Hecha la típica descripción, continúo con más detalles de la historia. Miguel y yo nos sentábamos juntos en la universidad y muchas veces en clase me decía “mira”, y lo que debía mirar era una erección. A veces, entre el juego que él mismo quería jugar, yo le apretaba la verga, también para calar. En vivo jamás la había visto, pero vamos con calma. Siempre, después de apretarle la verga, venían risas y ofrecimientos para saber si quería.
Un cierto día, estando acostados en el pasto de la cancha (lugar donde a veces íbamos a dormir para esperar otra clase), me dijo que tenía la verga parada y yo, con toda la confianza del mundo, en lugar de agarrársela, como supongo que él esperaba, levanté su pantalón de la parte del botón y vi por primera vez la verga que muchas veces había apretado. Ya había sentido que tenía buen tamaño; ya saben lo que dicen: flaco y desnalgado, vergón asegurado, pero no era lo mismo comprobar en vivo lo que había tocado en algunas ocasiones. Creo que hasta este punto se originó el parteaguas para recibir en exclusiva las nudes que le mandaría a su novia, para que le diera mi punto de vista. Así que yo le decía en cuál se le veía mejor el monstruote de unos 19 cm que se cargaba, y es que, para qué mentir, de verdad estaba vergón, largo y grueso.
Ya para la fecha en la que me titulé, yo ya llevaba unos cuatro meses soltero y él tenía aproximadamente unas dos semanas de haberse dado “un tiempo” con la novia, así que, en teoría, estábamos solteros. Ya estando en la fiesta, comimos, bebimos y nos divertimos. Yo decidí no perderme en alcohol, pero sí estaba ligeramente mareado, y creo que Miguel estaba un poco más. Así que, en lugar de dejarlo manejar, le dije que se quedara en mi casa. Él accedió y, mientras todos los invitados se iban, incluyendo nuestros amigos, Miguel y yo nos quedamos platicando en la sala, en una de esas charlas muy amenas que solíamos tener. A mí se me pasó lo mareado y ya no bebí más; él se veía que estaba en ese proceso.
Cabe destacar que estábamos platicando frente a frente y, de un momento a otro, ya estaba sentado al lado de mí, con sus piernas sobre las mías. De pronto las bajó y acomodó su cabeza en mi hombro y bostezó. Hasta ahí, todo normal. Continuamos la plática y, esta vez, yo subí mis pies sobre sus piernas, quedando mis pies a la altura de su verga. Entre plática y movimiento de pies, evidentemente se erectó, lo cual por un par de minutos fue motivo de risas, pues le dije que era un fácil y me respondió que sí, y más si lo tocaba de esa manera.
Tal vez en ese momento sentí cierta incomodidad y le dije que mejor nos fuéramos a dormir, antes de…
—¿Antes de qué? —preguntó.
Yo solo reí. Al momento de levantarse del sofá, también rió y me dio una nalgada, la cual respondí con un clásico: “¡Ora, puto!”.
Y él alegó que yo sabía que ese culo era de él.
—Quisieras —respondí.
Nos subimos a mi cuarto y le dejé mi cama, ya que era individual. Yo acomodé una colchoneta en el piso, al lado de la cama, y ahí me acosté. Cada quien estaba en bóxer y, ya acostados, continuamos hablando tonterías hasta que cada quien se quedó dormido.
En algún momento, casi por amanecer, sentí un brazo y una pierna sobre mí. Obvio, Miguel se había bajado a dormir conmigo y de cucharita. Obviamente, su verga estaba pegada a mi culito y, sí, estaba full parada. Al principio solo la sentí, pero vamos, me dieron ganas de tocarla y eso hice. Creí que en ese momento despertaría y empezarían los típicos chistes, pero no, simplemente no se movió. Toqué una vez más sobre el bóxer y no, seguía sin moverse. A la tercera ocasión, metí la mano bajo el bóxer y wow, estaba lubricando.
Lo moví para despertarlo, le moví la cara, incluso le apreté la verga y nada, era un tronco. Pero yo ya estaba más que excitado, así que solo seguí el impulso. Me bajé a la altura de su pelvis y saqué esa enorme verga. La vi, jugué con ella, lo masturbé un poco y él sin despertar. La duda rondó mi cabeza: ¿se estará haciendo el dormido o de verdad estará dormido? Poco a poco acerqué mi cara más y más a su verga; la olí, tenía un olor rico, no a meados, sino esos olores apetecibles, y supe que la única forma de comprobar qué tan dormido estaba era metiéndome ese pedazo de carne a la boca. Al menos así, si le gustaba o no, diría algo.
Solo una chupada le di, pero nada, así que me dispuse a comprobar la hipótesis y continué con mi trabajo oral. Lamía, chupaba, succionaba y él sin despertar. Me di unos golpes con su verga, incluso pasé mi barba por su glande y nada; solo lograba que se moviera un poco, pero hasta ahí. Lamí sus huevos mientras lo masturbaba, froté su glande con mi lengua y paladar y, de vez en cuando, sentía que apretaba ligeramente la verga, como cuando intentas levantar la pelvis.
Tal vez llevaba ya unos 15 minutos, porque ya me dolían los labios, hasta que por fin logré mi objetivo y su verga se convirtió en una fuente de leche. No fue demasiada, pero tampoco fue poca cosa; digamos que tal vez tenía unos 3 o 4 días sin eyacular. Su verga palpitaba en cada chorro y continué masturbándolo con mi mano hasta que la última gota salió. Estaba entretenido viendo cómo salía todo, pero estoy seguro de que tensó los pies mientras se venía. Pero wow, no sé cómo logró no hacer gestos o al menos gemir.
En fin, me dediqué a limpiarlo con papel, subir su bóxer y yo procedí a enjuagarme la boca. Al regresar del sanitario, él seguía dormido, pero hacia el lado opuesto a como me despertó, es decir, ahora dándome la espalda y en posición fetal. Pensé en ir más allá; estaba 80% seguro de que había fingido estar dormido, pero el 20 restante tuvo más peso y no quise averiguarlo. Espaldas a él, me recosté y me dormí un rato más, pues el sol ya estaba por salir.
Tal vez me dormí una hora o dos más, pues al despertar de nuevo, un rato de sol ya me daba en la cara y Miguel ya estaba nuevamente en la cama. Estuve unos minutos más recordando lo que momentos atrás había ocurrido y Miguel despertó. Se sentó en la cama y solo me preguntó si no había roncado. Esa mañana estuvo otro rato más en mi casa, almorzó conmigo y todo parecía como si no hubiera pasado nada. Yo estaba analizando ya la posibilidad de que tal vez sí estaba dormido como tronco.
Al paso de los meses seguimos en contacto y salíamos ocasionalmente, pues ya cada quien tenía un empleo. En un momento en el cual salimos a echar la plática, saqué el tema cambiando la versión, de él por otra persona, y preguntando si debía contarle a mi supuesto otro amigo, a lo cual él solo rió, tomó mis manos, que estaban cerca de las suyas, y me dijo:
—Es posible que tu amigo no estuviera dormido, pero creo que es mejor que no le comentes nada.
Después de eso, nada volvió a suceder con Miguel y tal vez continuamos con nuestra amistad un par de años más. Él se mudó a otra ciudad y se tornó alguien distinto al Miguel estudiante, lo cual hizo que me alejara por completo y, hasta la fecha, no sé qué fue de su vida.
Sí, ya sé que el final no fue el esperado, pero así sucedió.
Por cierto, saludos desde Cuautla, Morelos, México.
1 Comentario
Anónimo
abril 12, 2026 a las 1:30 amSolo se estaba habiendo el dormido, quizás si quería que eso pasara y lo logro, o quizás quiso poner a prueba a ver hasta donde llegabas, y saco esa conclusión por lo que te dijo que mejor no digas nada