🇨🇴 Colombia🌈 Relatos gay✍️ Anónimo📅 julio 21, 2026

La oportunidad perdida

La ansiedad siempre había sido mi compañera silenciosa, ese cosquilleo incómodo que me empujaba a entrar y salir del grupo de Telegram como un juego de sombras. Pero había algo en ese grupo que me atraía como un imán: las fotos, las conversaciones, y sobre todo, El administrador. Su imagen se me había quedado grabada, sus palabras me encendían, y el hecho de que viviera cerca del lugar donde estudiaba me hacía fantasear con posibilidades que apenas me atrevía a admitir.

Después de mucho observar desde las sombras, decidí dar el paso y le escribí. Al principio nuestras conversaciones fueron coquetas, juguetonas, pero pronto el tono cambió. Había fuego en sus palabras, un deseo que encendía el mío, y antes de darme cuenta, había aceptado ir a su casa.

El día llegó. Mis nervios eran un nudo que se apretaba más con cada paso. Me perdí en el camino, como si mi cuerpo quisiera sabotearme, pero finalmente llegué. Y allí estaba él, esperándome. Era incluso más guapo de lo que imaginaba, y su presencia llenaba el espacio de una manera que me hacía sentir diminuta. Me miraba con hambre, y yo me derretía bajo su mirada.

Las cosas avanzaron rápido. Su boca encontró la mía, sus manos exploraban mi cuerpo con urgencia, y yo solo podía dejarme llevar. Pero entonces, el momento llegó, y lo vi. Su pene era más grande de lo que había imaginado, grueso, imponente, una promesa de placer que mi cuerpo no estaba preparado para cumplir. Intenté, quise recibirlo, pero mi cuerpo simplemente no podía. Me invadió la vergüenza, el miedo al rechazo. Me vestí rápidamente y salí de allí sin mirar atrás.

Desde entonces, no he podido dejar de pensar en él, en lo que pasó y en lo que no llegó a pasar. Fantaseo con que me haga suya, con que esa intensidad que vi en sus ojos se desate sobre mí sin reservas. Él era mi sueño más oscuro, mi fantasía más secreta, y ahora siento que lo perdí por un momento de inseguridad.

Sé que me bloqueó, quizás por orgullo, quizás porque no entendió mis nervios. Pero estoy aquí ahora, sin barreras ni vergüenzas, para decirle: quiero que me tomes. Hazme tuya como soñé aquel día.

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