Marne, 2 de 3 visitas

Marne, segunda visita
Fue una mañana, a casi un mes de haber conocido el lugar. Llegué y el anfitrión me recibe amable, con un beso afectuoso de un par de segundos. Me dice: “¿Quieres que te acompañe o recuerdas el camino?”.
“Lo recuerdo, gracias”.
“Muy bien, diviértete, nos vemos al rato”.
Al entrar no vi tanta gente como en la visita anterior. Llegué a los lockers e igualmente me quedé en calzones. Pedí mi bebida, una cerveza esta vez, y voy caminando buscando ambiente. En el cuarto de lectura y el rojo no vi nada de mi agrado. Pasé a la piedra, recordando la rica doble cogida que me habían dado; estaban cogiendo, pero sobre los sillones.
Pasé al cuarto oscuro, donde se alcanzaba a escuchar acción. Detrás de mí entró un señor y me pregunta si iba con alguien.
“No, vine solo”, le respondí, “a ver qué encontramos”.
Él se fue por un lado del cuarto y yo por otro. Me senté en un sillón, escuchando y alcanzando a ver siluetas, casi sombras. Se acerca un cuate que, al saludarme, noté que era muy joven; yo tenía poco de haber pasado los 30.
Él, de pie frente a mí, me acaricia las piernas y va subiendo; al llegar a mi verga me cachondea sobre los calzones. Me da un par de besos y baja; empieza a bajarme los calzones y me la empieza a mamar. Se me paró rapidísimo. Qué rica mamada me estaba dando…
Se hinca, me quita los calzones, me los da y me abre las piernas. Se agarra de mis nalgas y me jala para mamármela más fuerte y rápido. Fue muy rico eso. Sube y me besa otra vez:
“Si te quieres venir, solo avísame, ¿sí?”
“Claro, sí…”
Baja de nuevo y sigue, cuando llega el cuate que me seguía al entrar al cuarto. Para esos momentos ya se alcanzaban a notar más las sombras por la luz de afuera. Nos ve y se acerca; empieza a cachondear a quien me la estaba mamando, lo acaricia y lo faja suave, pero con intención de excitarlo.
Lo toma de la cadera, lo levanta y lo deja empinado, mamándome. Le quita los calzones y escuchamos, y notamos, que se la estaba jalando. Sube, me da más besos —me encantaron esos besos, muy cachondos— y me dice:
“Me quieren coger, ¿no te molesta?”
“No, para nada”.
“Ok, espera, no te vayas”.
Se voltea, lo besa también y revisa que ya tenga condón; los masturba unos momentos. Yo me masturbaba para mantenerme firme. Regresa y, después de otros besos, baja de nuevo; así, empinado, me sigue mamando.
Se hinca, pues no me alcanzaban las nalgas para agarrarse de ellas, jajaja. El otro amigo se hinca también y empieza a cogérselo. Ahí estábamos los tres, gimiendo y disfrutando.
El otro amigo dice:
“¿Me dejas venir así, dentro de ti, en el condón?”
Sin decir nada, solo aceptó; le mueve la cadera.
Se levanta y se medio apoya en el sillón. Nos besamos y el señor se empieza a venir. Se sale. Este cuate me dice:
“¿Me quieres coger también?”
“Estaría bien si me haces venir así, chupándomela más”.
“Uy, sí, eso quiero. Tu verga está riquísima”.
El señor se levanta y se va. Me recuesto en el sillón, casi acostados los dos. Vuelve a mamármela. Cuando estoy por venirme, le aviso; un par de segundos más, me chupa más intenso, se mueve y empieza a masturbarme, dejándome venir en su pecho y un poco en su cara, junto a su boca, de hecho.
Sin dejar de masturbarme, me exprimió hasta la última gota. Después se la mete a la boca y sigue un poco más.
Se recuesta casi sobre mí y suspira diciendo:
“Qué rico… es trillado, pero de las vergas más ricas y de las venidas más sabrosas. Gracias”.
Después de unos minutos se levanta, me da un beso y se va. Me levanto, me pongo los calzones, salgo y lo veo yéndose a los baños ya con su bolsa de ropa.
Yo me fui a los sillones alrededor de la piedra de los sacrificios, pero después de una media hora ya no hubo más acción y me fui.
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