Mi amigo el policia
Conocí a este policía porque trabajábamos cerca y nos veíamos para almorzar. Él hetero, divorciado. Muy atractivo, musculoso y sociable, de esas personas que a donde van hablan con todos, hacen reir y son buenos amigos. Como ya conté antes, nos hicimos muy cercanos y llegamos a tener un encuentro sexual en su auto. Desde entonces nos esperábamos con ansias cada día, tratándonos como mejores amigos, con mucha complicidad y esperando el momento para repetir el encuentro sexual, aunque ninguno se animaba a proponerlo.
Un día estábamos almorzando como de costumbre y me comentó que su cumpleaños era al día siguiente. Me lo dijo muy feliz y agregó algo que me aceleró el corazón: «quiero que me acompañes a celebrar» mientras ponía su mano en mi muslo por debajo de la mesa, muy cerca a mi entrepierna. Yo lo miré y me di cuenta de que me gustaba muchísimo. Acepté su propuesta.
Al salir del restaurante, como siempre, esperé a que se aleje para contemplar su espalda ancha, tan ancha que parecía que iba a romper su uniforme. Fui bajando la vista hasta llegar a su culo y me excitó ver sus nalgas redondas y tonificadas moverse mientras caminaba. De inmediato se me puso la verga durísima.
Llegó el día siguiente y yo no podía esperar a que sea la noche. El plan era que él me recogería de mi trabajo con su auto e iríamos a su casa para compartir unos tragos. Al ser viernes, luego saldríamos a bailar con unos amigos de él y celebraríamos toda la noche.
Cuando llegó la hora, salí de mi oficina y ya me estaba esperando. Me subí a su auto y al entrar lo vi con una sonrisa gigante, que resaltaba su mandíbula y su mentón. Era demasiado varonil y me miraba emocionado. En el camino paramos para comprar dos botellas de vino y fuimos rápido a su casa.
Todo el trayecto charlamos como buenos amigos, y yo noté que empecé a sentir hasta cariño por él. Al llegar me sorprendió lo rápido que guardó su auto, se bajó y me hizo entrar. Lo noté acelerado mientras descorchaba uno de los vinos y lo servía en copas. Mientras bebíamos, charlamos de todo y nada, pero ambos estábamos ansiosos por estar juntos por fin. Apenas terminamos la primera copa, se acercó a mi en el sillón en el que estábamos y me abrazó por la cintura. Me dió un beso desesperado. Nos levantamos y ya sentía toda su fuerza sujetándome contra él mientras metía su lengua tan dentro de mi boca que parecía que quería llegar a mi garganta. Yo me dejé llevar y comencé a sentir cómo su bulto se hinchaba mientras se frotaba contra mí. Continuamos besándonos mientras sus manos recorrían todo mi cuerpo, y fuimos avanzando así mientras él me guiaba hacia su habitación. Cuando entramos, llevó sus manos a mis nalgas y las estrujó elevándome para colocarme en la cama. Me miró intensamente y me dijo: «he estado esperando tanto tiempo por esto» y volvió a besarme mientras se acomodaba sobre mí. Yo sentí todo su peso y estaba enloqueciendo de placer. Poco a poco me fue quitando la chamarra, luego la camisa. Entonces comenzó a bajar con su boca por mi cuello hasta llegar a mis pezones, que comenzó a succionar y morder suavemente. Al mismo tiempo, seguía estrujando mi culito con sus manos fuertes. En ese punto nuestros bultos no dejaban de frotarse, y yo sentía como si tuviera un toro incontrolable entre mis piernas. Poco a poco siguió bajando con su boca, ensalivando mi abdomen y haciendo círculos con su lengua alrededor de mi ombligo. Me miró fijamente y con su mentón empezó a acariciar mi erección sobre la tela. Yo no paraba de gemir y sujeté su cabeza mientras acariciaba su cabello. Él pasó sus manos de mi culo a mi cinturón, en segundos me lo desabrochó y de un tiro me quitó el pantalón. Ahí se puso a morder suavemente mi verga dura sobre mi boxer mientras metía su dedo entre mis nalgas. Yo llevé mis rodillas hacia mi pecho y apoyé mis pies en sus hombros, él me bajó el boxer hasta los muslos dejando mi culo expuesto justo frente a su cara. Ahí sentí su lengua caliente y mojada entrar con fuerza dentro de mi. Con todo lo que me estaba haciendo, yo sentía mi ano latir y dilatarse rogando por tenerlo dentro. Empezó a meter y sacar su lengua y a hacer círculos alrededor de mi hoyito. Así estuvo unos minutos adueñandosé de mi culo, yo echado en el borde de la cama y él arrodillado en el piso con su cara totalmente hundida entre mis nalgas. De pronto se puso de pie y me quitó el boxer por completo, dejándome desnudo y bajo su control. Se abalanzó sobre mí y yo lo envolvió con mis piernas alrededor de su cintura. Volvió a besarme profundamente mientras sus manos firmes recorrían todo mi cuerpo. La tela de su uniforme me raspaba y su bulto estaba tan duro que parecía una roca. Se incorporó y se quitó la parte de arriba de su uniforme, y por fin pude ver sus pectorales, redondos y con una capa muy delgada de vello. Su abdomen no estaba tan marcado pero se notaba que era fuerte y su piel trigueña ya estaba brillando con sudor. Se subió a la cama y yo comencé a besar todo su torso con desesperación, saboreando su sudor y un poco de su loción cada vez que me acercaba a su cuello. Mientras yo me deleitaba, él se abrió el cierre del pantalón y sacó su pene que ya estaba enrojecido de lo durísimo que estaba. Lo agarré y me lo llevé a la boca para chuparlo con desesperación. Volví a sentir su delicioso sabor y casi me quedo sin respiración mientras él empujaba sus 25 cm hasta mi garganta. Yo estaba de cuatro y el frente a mi arrodillado sobre la cama cogiendo mi boca despacio pero sin pausa. En ese punto yo me sentía su esclavo y me empiné haciendo que mis nalgas se separen y dejando mi hoyito casi apuntando al cielo. Mi policía entendió y mojó sus dedos gruesos con saliva para meterlos en mí. Estaba tan dilatado que me entraron dos dedos sin dificultad. Yo emití un gemido ahogado mientras él continuaba violando mi boca con su vergota. Estuvimos así un buen rato hasta que prácticamente le rogué que me penetre. Me levantó y como si fuera su juguete me volteó para volver a penetrarme con su lengua, dejándome todo húmedo y abierto. Se acercó a mi oreja desde atrás y me besó suavemente, me dijo al oído:
– Estás listo mi amor?
Sinceramente no me esperaba eso pero me hizo estremecer de placer y simplemente asentí con la cabeza.
– Respira profundo bebé – me susurró mientras se ponía un condón y colocaba su glande en mi ano y me sujetaba con fuerza por la cintura.
Sentí un dolor tremendo mientras su pene se abría paso, pero solo saber que tenía a ese machote usando mi culo para satisfacerse me enloquecía de gusto. Muy despacio, y mientras besaba mi espalda y mi cuello, fue deslizando su verga cada vez más dentro. Cuando llegó a la mitad, empezó a moverse lentamente, realmente era un experto. Ahí puso sus manos en mi pecho y me apretó contra su pecho, mientras con su lengua llenaba mi cuello y mi cara de su saliva. Parecía un animal en celo. De pronto sentí algo frío y refrescante en mi ano, él estaba poniendo lubricante en todo su mástil. Mi culo ya se había acostumbrado y él lo sabía, así que continuó empujando hasta que sus muslos chocaron con mis nalgas. Yo no paraba de gemir, casi como una perra, ya no me importaba nada, solo quería ser suyo. Él gruñía como un verdadero toro resoplando y gimiendo, mientras gotas de su sudor caían sobre mi espalda. Poco a poco empezó a bombear y yo comencé a lagrimear porque sentía que me estaba partiendo en dos. Ya no me dolía tanto pero sí sentía como si ya no tuviera control sobre mi propio cuerpo, como si fuera su títere y él me controlaba con su vergota. Fue acelerando más y más y la tela de su pantalón me raspaba cada vez que mis nalgas chocaban contra sus muslos. Ahí comencé a masturbarme y él aceleró aún más. Me agarraba con fuerza y el ruido que hacía al penetrarme ya era demasiado fuerte. Ambos estábamos enloquecidos y él ya no tenía piedad, su pene entraba y salía casi por completo de mi y yo sentía como si mi recto se estuviera incendiando. Él gemía cada vez más y yo me masturbaba cada vez más rápido.
– Estás cerca? – me preguntó.
– Sí – le dije entre gemidos, casi no podía hablar.
Entonces llevó su mano a mi pene y comenzó a pajearme él. Yo ya no aguanté y empecé a lanzar chorros gruesos de semen que él recibió en su mano. Con cada contracción mi culo se apretaba estrangulando su verga, y mi policía se llevó la mano a su boca, tragándose toda la leche que derramé. Ahí se puso a resoplar salvajemente y gritó haciendo un «ooooh» grueso y largo. Yo solo sentí su pene latiendo dentro de mi mientras eyaculaba y él seguía bombeando fuerte. Fue reduciendo la velocidad mientras me acariciaba la espalda y los muslos. Mis piernas ya estaban temblando de tanto aguantar a ese machote mientras me usaba. De pronto se derrumbó sobre mí y yo me eché en la cama con él sobre mí. Sentía su respiración pesada en mi nuca y en mi cuello mientras su sudor chorreaba sobre todo mi cuerpo. Su verga todavía latía y yo podía sentir cada pulsación.
– Gracias amor, no sabes cuánto soñé con este momento – me dijo a la vez que besaba mi mejilla y lamía mi cuello.
Sacó su verga de mi y sentí un vacío enorme. Sin despegar su pecho de mi espalda, levantó su cadera y se quitó el condón, de reojo pude ver toda la leche que depositó en él. Me sorprendió la cantidad que había ahí. Luego se volvió a echar sobre mí y nos tomamos de las manos, así se durmió y yo me quedé recobrando la respiración. Su cuerpo caliente me abrigaba y mi culito estaba ardiendo de semejante cogida. Me encantaba saber que estaba empapado de su sudor, y me dolía un poco la garganta de tanto gemir, así como sentía mi cara mojada de tanto lagrimear.
Después de eso nos acomodamos y nos dormimos abrazados. Ya ni salimos a bailar, pues teníamos vino y toda la noche para nosotros. Lo que pasó después, lo contaré en un siguiente relato.
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